La Comisión Europea ha lanzado este jueves la convocatoria para construir hasta siete gigafactorías de inteligencia artificial en territorio comunitario, con un presupuesto total que alcanza los 30.000 millones de euros. Cataluña ya ha movido ficha y presenta su candidatura para alojar una de estas instalaciones en Tarragona, según ha confirmado el Govern.
El plazo para la presentación de propuestas culmina a finales de 2027, y Bruselas aspira a que los primeros centros de producción de chips de IA estén operativos en 2028. Del montante global, 10.000 millones proceden directamente del presupuesto de la UE, mientras que el resto deberá ser cubierto por inversión privada y contribuciones de los Estados miembros.
Siete fábricas para la IA europea
La iniciativa se enmarca en la Estrategia Europea de Chips y busca replicar el modelo de las AI Factories anunciadas en 2024, pero con un salto de escala. Cada una de las siete gigafactorías podrá fabricar procesadores especializados para entrenar modelos de lenguaje de gran tamaño, reduciendo los cuellos de botella que hoy obligan a empresas europeas a depender de TSMC o Samsung.
La convocatoria precisa que los emplazamientos deberán contar con acceso a energía renovable estable, conexiones de alta capacidad y suelo industrial cualificado. Se espera que los proyectos seleccionados generen más de 15.000 empleos directos en la fase de construcción y unos 8.000 en la operativa posterior, según las estimaciones del Ejecutivo comunitario.
Europa produce hoy apenas el 8% de los semiconductores avanzados que necesita para sus centros de datos y vehículos autónomos. La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha acelerado la urgencia de contar con capacidad de fabricación propia, y esta convocatoria es la respuesta más contundente de Bruselas en el ámbito de la inteligencia artificial. De lograrse los objetivos, la cuota europea podría elevarse hasta el 20% en 2030.
Tarragona aspira a alojar una gigafactoría
La Generalitat lleva meses trabajando en la candidatura, que centra su propuesta en el polígono petroquímico de Tarragona, un enclave con más de 200 hectáreas disponibles, acceso al Corredor Mediterráneo y proximidad a la interconexión eléctrica con Francia. La disponibilidad de agua regenerada y la futura llegada del hidroducto H2Med refuerzan una oferta que, según fuentes del Departament d’Empresa, es «la más sólida del sur de Europa».
Europa quiere fabricar sus propios chips de IA, pero el reloj corre: sin una inversión privada decidida, las siete fábricas podrían quedarse en un escaparate burocrático.
Tarragona ya alberga los mayores centros de producción de cloro de España, que operan con contratos de energía a largo plazo. La Generalitat trabaja con Red Eléctrica para garantizar una potencia de 1,2 GW dedicados en exclusiva a la gigafactoría, una cifra que supera la demanda de la planta de TSMC en Phoenix, Arizona, según los datos del operador.
La competencia no es menor. La región de Sajonia, en Alemania, y la zona de Eindhoven, en los Países Bajos, también preparan sus propias candidaturas apoyadas por grandes multinacionales del sector. Tarragona, sin embargo, parte con la ventaja de unos costes energéticos competitivos y una red de infraestructuras ya operativas que permitirían acelerar los plazos de construcción.
Análisis: el reto de atraer capital privado
La cifra de 30.000 millones de euros resulta ambiciosa incluso para los estándares de la política industrial europea, pero el verdadero test será la capacidad de Bruselas para movilizar la inversión privada en un entorno donde los grandes fabricantes asiáticos ya están construyendo fábricas en Estados Unidos y Japón con incentivos fiscales significativos. Sin un esquema de ayudas que compita de tú a tú, el riesgo de que estas gigafactorías se queden en proyectos piloto es real.
Para Cataluña, albergar una de estas plantas sería un hito que podría transformar su tejido productivo y anclarlo en la cadena de valor de la nueva economía digital. Pero la decisión no se tomará antes de finales de 2026, cuando la Comisión evalúe el conjunto de propuestas. El reloj corre y las cartas ya están sobre la mesa.




