Los conductores que salgan de viaje este fin de semana se encontrarán los surtidores más caros. La gasolina y el diésel suben desde este sábado 1 de agosto como consecuencia de la reducción del descuento aplicado al Impuesto Especial de Hidrocarburos (IEH). La Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio (CEEES) ha confirmado el encarecimiento, que se suma a un julio en el que los carburantes ya alcanzaron su cotización más alta en cuatro meses.
El detonante es fiscal. El Gobierno mantuvo hasta ahora una bonificación de 15 céntimos por litro en el IEH, una medida heredada de la crisis energética de 2022. A partir del 1 de agosto, ese descuento se reduce a 10 céntimos. La patronal de estaciones de servicio estima que, con el IVA del 21%, el sobrecoste para el automovilista será de aproximadamente 6 céntimos por litro.
La decisión no es nueva. El Ejecutivo ya había prorrogado el descuento en varias ocasiones, pero el contexto de déficit público y la relajación de los precios del crudo han llevado a un recorte que, en la práctica, devuelve el IEH a niveles cercanos a los de 2019. “El descuento que hasta ahora se aplicaba a través del impuesto de hidrocarburos, de 15 céntimos por litro, pasa a ser de 10 céntimos, a lo que se suma un IVA que se mantiene en el 21%”, resume José María Camarero, experto en economía, en declaraciones a COPE.
La rebaja fiscal que encarece el repostaje
El mecanismo es simple pero poco visible en los surtidores. El IEH es un impuesto fijo por litro que forma parte del precio final. Cuando se aplicaba el descuento completo, el Estado asumía esa parte, y el conductor pagaba menos. Al reducirse la bonificación, el consumidor absorbe 5 céntimos más de impuesto, más el 21% de IVA sobre esos 5 céntimos, lo que arroja el cálculo de 6,05 céntimos por litro. Para un depósito estándar de 50 litros, el gasto extra ronda los 3 euros.
La CEEES, que agrupa a las estaciones de servicio —especialmente las independientes, más sensibles a los vaivenes fiscales— ya había advertido de que la retirada parcial del descuento se traduciría en un incremento inmediato de los precios en el arranque de agosto. Coincide además con la operación salida de vacaciones, el periodo de mayor demanda de combustible del año.
Cuánto cuesta ahora llenar el depósito
Con los nuevos tipos, la gasolina 95 supera los 1,70 euros por litro en muchas estaciones de servicio de la España peninsular, según los datos recabados por la patronal. El diésel también se encarece, aunque mantiene un diferencial de unos 10 céntimos respecto a la gasolina. En julio, los precios ya habían escalado hasta un 18% en algunas ciudades, como Vigo, por encima de la media nacional, según recoge Faro de Vigo.
La subida llega tras un verano en el que el precio del crudo Brent se ha mantenido relativamente estable, en torno a los 85 dólares por barril. Por tanto, el factor diferencial es puramente fiscal. España sigue teniendo una fiscalidad sobre los carburantes inferior a la media de la Unión Europea, pero la brecha se estrecha con esta medida.
La rebaja de cinco céntimos en el descuento fiscal supone un golpe adicional de 3 euros por depósito justo en plena operación salida de agosto.
El contraste fiscal con Europa y el coste para el consumidor
Mientras en España el IEH se sitúa en unos 0,472 euros por litro para la gasolina, en Francia supera los 0,68 euros y en Alemania los 0,65 euros, según los datos de la Comisión Europea. La bonificación española había reducido esa carga efectiva, pero el recorte la sitúa ahora más cerca de los niveles de Italia, donde el impuesto ronda los 0,58 euros. La diferencia fiscal sigue beneficiando al conductor español, pero el margen se acorta.
En un momento de inflación contenida en el conjunto de la economía, los precios de los carburantes se convierten en un vector de presión para las familias y los profesionales del transporte. El aumento de 6 céntimos por litro se traslada de inmediato a los costes logísticos y, con cierto retardo, puede impactar en los precios de los alimentos y otros bienes de consumo.
El Gobierno defiende que la retirada parcial del descuento responde a la necesidad de equilibrar las cuentas públicas y de incentivar un consumo más eficiente. Sin embargo, la patronal de estaciones de servicio critica que se penalice al usuario en un contexto en el que la movilidad sigue siendo intensiva en combustibles fósiles y la electrificación del parque automovilístico avanza despacio.
En definitiva, el sábado se produce un punto de inflexión. La gasolina y el diésel no solo están más caros por la evolución del mercado, sino por una decisión de política fiscal que, aunque gradual, devuelve al carburante a tasas impositivas prácticamente similares a las de 2019. Mientras el Brent no dé tregua, cada repostaje costará unos euros más, y el bolsillo del conductor será el primer termómetro de este cambio.




