La sequía del Danubio, en mínimos históricos, obliga a Hungría y a Rumanía a recortar en nuclear y Paks peligra

El río más largo de la UE marca 23 centímetros en Budapest, 10 menos que el mínimo anterior, y obliga a paradas en cadena. El transporte fluvial se colapsa mientras Europa central afronta otra ola de calor con miles de muertes.

He seguido de cerca los datos del Danubio esta semana y la conclusión es inequívoca. La sequía histórica que asola Europa central ha llevado el nivel del río a mínimos nunca registrados, obligando a Hungría y Rumanía a reducir la producción de sus plantas nucleares y amenazando con apagar por completo la central de Paks. El caudal en Budapest se ha reducido a tan solo 23 centímetros, diez puntos por debajo del anterior récord de 33 centímetros establecido en 2018, según la autoridad hídrica nacional húngara. La crisis energética ya está aquí.

La sequía del Danubio estrangula la energía nuclear

Las paradas se han sucedido en cadena. El reactor 1 de Paks recortó 254 MW el lunes; el miércoles se apagó el reactor 3 y el jueves el reactor 2 redujo su producción al 50%. Horas después, el primer ministro Peter Magyar elevó la alerta y anunció que, por primera vez en 44 años, la central cerraría por completo. La planta, con cuatro reactores de origen ruso y 2 GW de capacidad, es el pilar de la electricidad húngara. En Rumanía, uno de los dos reactores de Cernavoda ya está fuera de servicio desde principios de semana y el segundo evitó la parada total el jueves de forma provisional.

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  • Reactor 1: -254 MW desde el 28 de julio.
  • Reactor 3: apagado el 30 de julio.
  • Reactor 2: reducido al 50% el 31 de julio; parada total inminente.
  • Cernavoda (Rumanía): un reactor parado, el segundo en situación crítica.

El agua del Danubio es vital para la refrigeración de estas centrales, y el caudal actual es insuficiente. El río, de 2.857 km, es la segunda arteria fluvial de Europa y su desplome paraliza también el transporte. Los cruceros turísticos han tenido que atracar río arriba y los buques de carga han cesado operaciones casi por completo, según el Ministerio de Transporte húngaro. En Rumanía, el nivel está un metro por debajo del mínimo navegable; en Serbia, el cauce se ha retirado hasta 20 metros de la orilla, dejando varadas cientos de embarcaciones.

«Por primera vez en 44 años, la central nuclear se cerrará por completo. A partir del lunes podría surgir una situación de crisis energética. Necesitaremos medidas coordinadas y autocontención para evitar consecuencias más graves. Contamos con todos.» — Peter Magyar, primer ministro de Hungría, comunicado oficial del 31 de julio de 2026.

La sequía extrema se enmarca en una ola de calor abrasadora. Alemania se prepara para temperaturas de hasta 40°C esta semana. El Instituto Robert Koch ha contabilizado ya 9.800 muertes relacionadas con el calor este verano, la cifra más alta desde 2016, de las cuales más de 5.000 ocurrieron en junio. La demanda eléctrica para refrigeración se dispara mientras la oferta nuclear se desploma.

Análisis: vulnerabilidad energética y cambio climático

Lo que veo aquí no es un episodio aislado, sino la repetición de una amenaza que los mercados llevan años subestimando. En 2018, el Danubio ya marcó 33 centímetros y Paks se resintió, pero no cerró. Ahora, con 23 centímetros, la situación es mucho más grave y evidencia la fragilidad de un sistema energético que depende de recursos hídricos cada vez más impredecibles. La central de Paks suministra una parte sustancial de la electricidad húngara; su parada forzará al país a importar o recurrir a gas y carbón, elevando emisiones y precios.

El riesgo no se limita a Hungría. Con el calor extremo disparando el consumo eléctrico en toda Europa central y oriental, la pérdida de varios gigavatios de generación estable puede tensionar las interconexiones y elevar los precios mayoristas. El mercado eléctrico europeo ya muestra signos de tensión en los contratos intradiarios.

La crisis también refleja una contradicción climática: las sequías que provoca el calentamiento global reducen el agua para refrigerar centrales justo cuando más se necesita para combatir el calor. Si el caudal no se recupera, el cierre total de Paks el lunes será un hito: la primera parada nuclear forzada por una sequía extrema en Europa, un aviso de lo que puede convertirse en rutina sin adaptación.

🌍 El impacto en España y Europa

En España, el efecto directo es limitado por la escasa interconexión con Europa central, pero el alza de precios mayoristas en el continente sí puede trasladarse a la inflación general de la eurozona, retrasando recortes del BCE y manteniendo el Euríbor a 12 meses elevado, lo que encarecería las hipotecas variables. Además, la crisis podría desviar flujos de gas y carbón, tensionando aún más los precios de la energía en los mercados globales.

La sequía del Danubio es un espejo para España: las centrales nucleares de la Península también dependen del caudal de los ríos y cualquier restricción similar pondría en jaque la seguridad de suministro. Bruselas debe acelerar las inversiones en almacenamiento, interconexiones y tecnologías de refrigeración en seco. Lo ocurrido en Hungría es una advertencia para toda Europa.


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