He seguido con atención las protestas en Johor, el epicentro del boom de centros de datos en el Sudeste Asiático, y lo que está ocurriendo allí tiene implicaciones que van mucho más allá de la política local malasia. Las restricciones de agua y electricidad, que ya se debaten en los estados de Johor y Selangor, amenazan con ralentizar la construcción de la infraestructura necesaria para alimentar los servicios de inteligencia artificial a escala global.
Los números de la crisis hídrica y energética
El estado de Johor se ha convertido en el epicentro del auge de centros de datos en Asia. Según la consultora JLL, su capacidad planificada —que incluye proyectos en tramitación y en construcción— se multiplicará por ocho desde los niveles actuales hasta alcanzar los 7.000 megavatios. Esta expansión ha atraído inversiones de 35.000 millones de dólares de gigantes como Amazon, Microsoft, Google y las chinas Tencent y Alibaba.
- Un centro de datos de 50 megavatios consume tanta agua como 2.200 hogares al día y tanta electricidad como 22.000 hogares, según el banco central de Malasia.
- Johor ya ha prohibido dos categorías de centros de datos extremadamente intensivos en agua, que requieren hasta 50 millones de litros diarios (equivalente a 20 piscinas olímpicas).
- El 57% de los proyectos globales sufrieron retrasos de al menos tres meses en 2025 debido a objeciones de la comunidad, problemas de conexión a la red y equipamiento, según JLL.
Para sortear estas restricciones, las empresas están presentando soluciones verdes. ZDATA de China opera un centro de datos solo con aguas residuales tratadas y ultima un acuerdo de energía renovable con la eléctrica estatal Tenaga Nasional. La japonesa NTT emplea un sistema de refrigeración de circuito cerrado, y Bridge Data Centers, respaldada por Bain Capital, ya obtiene más de la mitad de su electricidad de paneles solares.
«Hace dos años, solo se trataba de construir capacidad. La conversación de hoy es más bien: ¿Cómo usarás la energía? ¿Estás mirando las energías renovables? Quieren ver cómo vas a crecer de forma sostenible y responsable.» — Cheam Tat Inn, director general de Equinix Malasia
El dilema de la ‘licencia social’ y sus consecuencias globales
La resistencia ciudadana marca un punto de inflexión. En febrero de 2026, residentes de Iskandar Puteri protestaron contra la construcción de un complejo de centros de datos de ZDATA, denunciando la caída de la presión del agua incluso antes de que la instalación de 300 megavatios entrara en funcionamiento. La empresa negó ser la causa de los problemas hídricos, pero el incidente ha desatado un debate político en el estado más poblado, Selangor, donde las autoridades exigen ahora estándares globales de eficiencia y un 30% de contenido local en áreas como el diseño de circuitos integrados y sistemas de refrigeración.
Lo que veo es una réplica adelantada de lo que ya ocurrió en Irlanda, Países Bajos y Singapur hace unos años, cuando la voracidad de recursos de los centros de datos colisionó con los intereses de las comunidades. La diferencia es que, en el Sudeste Asiático, la velocidad del crecimiento es mayor y la disponibilidad de alternativas de inversión inmediata es limitada. «Estamos viendo más actividad y peticiones para mercados como Tailandia», afirma Nicholas Tuan, director de Savills, pero Johor sigue siendo el destino más estable en términos de infraestructura y apoyo gubernamental.
Las nuevas exigencias —prohibiciones de categorías de alto consumo hídrico en Johor, requisitos de contenido local en Selangor— encarecerán y retrasarán la ejecución de los proyectos. Y el que la oferta futura de capacidad en la nube de IA sea insuficiente tiene un precio: los costes de la infraestructura se filtrarán hacia las tarifas de los servicios en la nube.
🌐 El efecto dominó en Occidente
Las restricciones en Malasia impactan directamente en los costes de la nube para las empresas europeas. Si los hiperescalares no pueden expandir su capacidad al ritmo previsto, los alquileres de infraestructura de IA subirán; para una empresa española que dependa de Microsoft Azure o Amazon Web Services, eso significa facturas más altas y posibles retrasos en el despliegue de proyectos de inteligencia artificial. La rigidez de la cadena de suministro de centros de datos —desde los chips hasta el terreno— hace que cualquier cuello de botella regional se convierta en un sobrecoste global. Además, si el racionamiento de agua y energía se generaliza en los mercados emergentes asiáticos, la presión inflacionista en el sector tecnológico europeo podría prolongarse durante varios años, elevando el coste de entrada a la IA para pymes y lastrando la competitividad digital de la eurozona.




