Hace apenas unas horas, las acciones de ASML se desplomaron casi un 10% y la Bolsa de Ámsterdam se vio obligada a suspender su cotización. Detrás del batacazo —que puso en vilo a todo el sector tecnológico europeo— está un anuncio que suena a declaración de guerra industrial: China promete fabricar sus propias máquinas de fotolitografía. La joya de la corona del Viejo Continente, el corazón invisible de la inteligencia artificial, tiene ahora un competidor directo que aspira a devorar su cuota de mercado.
ASML, la llave maestra de la era de la IA
Para entender el terremoto financiero conviene recordar qué hace exactamente ASML. No fabrica chips, sino las máquinas con las que se fabrican los chips. En concreto, las máquinas de fotolitografía, que son auténticas imprentas de circuitos a base de luz. Juan Ramón Rallo lo explica con una claridad demoledora: un chip es una oblea de silicio sobre la que se proyecta luz a través de una máscara; donde incide, el material fotosensible reacciona y, capa a capa, van emergiendo miles de millones de transistores. Cuanto más fina es la longitud de onda de la luz, más diminutos los transistores y más potente el chip. ASML ha llevado esa longitud desde los 193 nanómetros hasta los 13,5 nanómetros de la litografía ultravioleta extrema (EUV). Esa capacidad de imprimir chips de apenas 2 nanómetros es lo que convierte a la compañía holandesa en el cimiento sobre el que se alza todo el ecosistema de la inteligencia artificial.
Rallo dibuja la cadena de dependencias: ASML suministra a TSMC las máquinas EUV, TSMC graba los diseños de Nvidia, los chips se ensamblan en centros de datos y esos centros nutren de potencia de cómputo a los laboratorios que entrenan modelos como GPT o DeepSeek. «Si ASML dejara de fabricar sus máquinas, la producción de chips se hundiría y en pocos años ni siquiera los modelos actuales de IA podrían mantenerse en funcionamiento», sentencia el analista. No estamos ante un proveedor más, sino ante un monopolio absoluto.
Un secreto que no cabe en un manual
¿Por qué ninguna otra empresa del planeta ha conseguido replicar estas máquinas? Porque la tecnología de ASML no es conocimiento articulable. No basta con leer patentes. Rallo subraya un concepto clave: la inmensa mayoría de la información necesaria para producir un sistema EUV es información tácita, un know-how acumulado durante décadas en el interior de la compañía, imposible de transferir sin fricciones a ningún otro actor. Ni siquiera Samsung, que fabrica chips con otra lógica, se ha acercado al 100% de cuota que ASML detenta en litografía EUV. Esa barrera de entrada, más cultural que técnica, es la mejor defensa del monopolio.
Sin embargo, el 28 de julio de 2026 China puso una grieta en ese muro. El gigante asiático anunció que ha producido sus primeras máquinas de ultravioleta profundo de inmersión (DUV), una tecnología que ASML dominó hace un cuarto de siglo, y que pretende vender 20 unidades en 2027. La reacción bursátil fue inmediata: las acciones de ASML se precipitaron casi un 10% y el regulador suspendió la cotización. ¿Está en peligro el imperio de los Países Bajos?
Ninguna otra empresa en todo el planeta es capaz de fabricar estas máquinas necesarias para producir chips. ASML tiene el 100% de la cuota de mercado.
— Juan Ramón Rallo
El embargo que muerde a quien lo impone
El anuncio chino no surge de la nada. Estados Unidos, primero con Biden y luego con Trump, vetó la venta de chips y máquinas de litografía avanzada a Pekín para frenar su desarrollo en inteligencia artificial. La paradoja, señala Rallo, es que esa prohibición ha encendido la mayor campaña de inversión interna en la historia de China. Al quedarse sin acceso a la tecnología foránea, el país ha tenido que recrear por sí mismo toda la cadena de valor, desde las obleas de silicio hasta los modelos de lenguaje. «Lo que está espoleando el desarrollo industrial chino es, justamente, el embargo que le impuso Occidente», resume el economista. Donde antes había dependencia comercial, ahora hay incentivo para la autosuficiencia.
Lo que de verdad está en juego
Ahora bien, Rallo pone los puntos sobre las íes: las máquinas DUV que China acaba de anunciar no rivalizan con los equipos EUV de última generación. Son máquinas con las que, siendo muy eficientes, pueden imprimirse chips de 7 nanómetros, muy lejos de los 2 nanómetros de la vanguardia europea. Y en volumen, 20 unidades en 2027 son casi anecdóticas frente a los cientos que ASML produce al año. La amenaza se concentra, por tanto, en el segmento DUV, que representa aproximadamente un quinto de los ingresos de la holandesa. No es poca cosa para una compañía acostumbrada al pleno dominio.
Pero el verdadero peligro, advierte, es la inercia china. Primero llegan los prototipos toscos, luego la mejora incremental impulsada por un ahorro interno descomunal y un capital humano de decenas de millones de mentes brillantes. «Quizás no a corto ni a medio plazo, pero a la larga pueden terminar superándonos precisamente porque nosotros los hemos forzado a ello», reflexiona. El zarpazo de ayer en bolsa es, en el fondo, un aviso del mercado: el monopolio ya no es un castillo inexpugnable sino una fortaleza con muros de viejo granito que el tiempo y la necesidad pueden resquebrajar.
El episodio deja una lectura incómoda para Europa. Si la joya industrial que mantiene a flote la cadena de la inteligencia artificial empieza a ser desafiada, la dependencia de toda la economía digital de un puñado de fábricas en Veldhoven se convierte en un riesgo sistémico. La pregunta que deja flotando Rallo no es si China llegará a la meta de la litografía EUV, sino cuánto tardará y qué tan costoso será para Occidente descubrirlo tarde.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo en YouTube.



