El Banco Europeo de Inversiones (BEI) ha sellado un préstamo verde de 29 millones de euros con Iberdrola y el Ente Vasco de la Energía (EVE) para dar un impulso definitivo al parque eólico de Labraza, en la provincia de Álava. La firma, cerrada este 28 de julio de 2026, convierte a este proyecto en el mayor desarrollo eólico que el País Vasco pone en marcha desde los primeros compases del siglo XXI.
La operación, enmarcada en el plan de transición energética de Euskadi, supone un espaldarazo financiero a una infraestructura que llevaba años sobre la mesa. Los molinos gigantes regresan a un territorio que, pese a su tradición industrial, apenas había sumado nueva potencia eólica en los últimos veinte años.
Un regreso estratégico a la eólica terrestre
La vuelta de los grandes molinos a Euskadi no es casual. Durante dos décadas, el desarrollo eólico en esta comunidad autónoma se topó con la orografía abrupta, las estrictas regulaciones ambientales y la ausencia de consenso social. En ese tiempo, solo se instalaron pequeños parques. Labraza rompe esa inercia, apalancado en la cooperación público-privada y el respaldo de la financiación verde comunitaria.
El proyecto supone una apuesta por la tecnología de última generación, capaz de aprovechar los recursos eólicos de la zona con aerogeneradores de gran altura y palas más largas. Aunque Iberdrola no ha detallado la potencia final, el préstamo del BEI se perfila como el trampolín para que las obras avancen según el calendario previsto. Para Iberdrola, el parque se integra en su cartera global de renovables, que ya supera los 38.000 MW, y refuerza su apuesta por la tecnología eólica terrestre, de la que es el primer promotor en España.
El papel del BEI y el coste cero de la transición
El préstamo del BEI se enmarca en su línea de financiación climática, que ofrece condiciones ventajosas —plazos largos y tipos reducidos— para proyectos que reduzcan emisiones. La presidenta del BEI, Nadia Calviño, ha reiterado en múltiples foros que la banca pública europea debe movilizar capital privado hacia la transición energética sin esperar a que los mercados se ajusten solos.
La era de la financiación barata ya está aquí, y quien no firme un préstamo verde con el BEI corre el riesgo de pagar más caro su propia descarbonización.
Para el EVE, este acuerdo consolida su hoja de ruta marcada por la Estrategia Energética de Euskadi 2030, que aspira a que las renovables representen el 32% del consumo final de energía. El ente público participa en el proyecto como garante institucional, un modelo que ya se ha testado con éxito en otras comunidades y que ahora busca replicarse en suelo vasco. Además, el préstamo permite a Iberdrola diversificar sus fuentes de financiación más allá de los mercados de capitales, en un momento en que los tipos de interés siguen siendo elevados para las emisiones corporativas.
Más allá del préstamo: el nuevo mapa energético vasco
La inyección de 29 millones de euros en Labraza trasciende el dato financiero. Marca un punto de inflexión en un territorio que, hasta hace poco, dependía en exceso del gas natural —casi el 60% de su generación eléctrica— y de las importaciones de electricidad de regiones vecinas. Sin grandes saltos de agua ni centrales nucleares en funcionamiento, el País Vasco necesitaba abrir una tercera vía.
Sin embargo, el camino no es recto. Las tensiones entre preservación del paisaje, propiedad de los terrenos y agilidad administrativa siguen siendo los principales frenos a la eólica en la cornisa cantábrica. Que Labraza haya superado todos esos filtros da una pista: la colaboración entre una gran eléctrica, un gobierno autonómico y la financiación europea puede desatar nudos que antes parecían imposibles.
El verdadero test no será cuántos molinos se levanten, sino cuántos expedientes se desbloquean en los próximos dieciocho meses. Si Labraza enciende la mecha de una nueva generación de parques, los 29 millones del BEI se habrán multiplicado en impacto sobre el empleo local, la descarbonización y la autonomía energética del País Vasco. Si, por el contrario, se queda en un proyecto aislado, la factura será otra: la constatación de que la eólica en Euskadi sigue siendo una quimera.




