La explosión de la inteligencia artificial tiene un nuevo damnificado: los compradores de smartphones de gama alta. Google ha confirmado que su próximo Pixel 11 costará más que el modelo anterior, y la razón no está en una mejora de especificaciones, sino en la escasez de memoria RAM provocada por la voraz demanda de los centros de datos que alimentan los modelos de IA.
Claves de la operación
- Google admite que la era de precios estables ha terminado. El vicepresidente Shakil Barkat declaró que han protegido a los consumidores durante años, pero que la ‘economía ha cambiado fundamentalmente’.
- La factura de la IA golpea a toda la industria tecnológica. Apple, Nintendo, Microsoft y Roku ya han subido precios de sus dispositivos por el encarecimiento de los chips de memoria, y Google se suma ahora a esa tendencia.
- Sin alivio a la vista en la cadena de suministro. La construcción masiva de centros de datos para IA sigue disparando la demanda de RAM, lo que anticipa que los precios de los componentes seguirán al alza en los próximos trimestres.
La factura oculta del auge de la IA: RAM más cara y menos disponible
La inteligencia artificial generativa necesita enormes cantidades de memoria de alto ancho de banda para entrenar y ejecutar modelos cada vez más complejos. Esa demanda está absorbiendo la capacidad de producción de los fabricantes de semiconductores, lo que deja menos oferta disponible para otros sectores, como los smartphones y las consolas de videojuegos. El resultado es un encarecimiento generalizado de la DRAM y la NAND que se traslada, inevitablemente, al precio de venta al público.
Barkat fue claro en la entrevista con 9to5Google: ‘Hemos protegido a nuestros consumidores de las fluctuaciones de suministro tanto como ha sido posible, pero la economía ha cambiado fundamentalmente y no somos inmunes a ello. La declaración, aunque esperada, confirma que ni siquiera un gigante como Alphabet puede mantener indefinidamente los márgenes que exigen los accionistas sin repercutir el sobrecoste.
El Pixel 11, en la línea de fuego de una guerra de precios que Google ya no puede eludir

El Pixel 11, previsto para el otoño de 2026, llega en un momento en que la competencia en la gama alta premium es feroz. Apple, con sus iPhone 17 ya ha ajustado tarifas, y Samsung ha elevado el precio de sus Galaxy S26 en mercados clave. La decisión de Google, sin embargo, tiene una dimensión adicional: la compañía siempre ha apostado por un precio contenido para ganar cuota frente a los líderes del mercado. Subir ahora el precio del Pixel podría diluir ese esfuerzo histórico.
Los analistas consultados por Merca2.es señalan que el incremento podría situarse entre los 50 y los 100 euros respecto al Pixel 10, dependiendo de la configuración. Aunque Google no ha dado cifras concretas, fuentes del sector apuntan a que la compañía está negociando contratos de suministro a largo plazo para mitigar el impacto, pero la presión sobre los costes es demasiado alta como para absorberlos completamente.
La decisión también refleja un cambio de ciclo en la industria tecnológica: después de años de deflación en los componentes, la explosión de la IA está generando una inflación de costes que las marcas ya no pueden ocultar. Los consumidores están empezando a ver el reflejo en sus bolsillos incluso antes de que la IA aporte funcionalidades tangibles a los dispositivos personales.
La inteligencia artificial está inflando los precios mucho antes de que el usuario medio pueda tocar sus beneficios.
El dilema estratégico de Google: subir precios o sacrificar márgenes en un mercado hipersaturado
En España, donde el ecosistema Android está dominado por Samsung y Xiaomi, Pixel sigue siendo un actor de nicho. La serie ha ido ganando adeptos entre los entusiastas de la fotografía computacional y los usuarios que valoran la experiencia de software limpia, pero el precio ha sido siempre un argumento de venta. Si el Pixel 11 cruza la barrera de los 1.000 euros, se enfrentará directamente a los iPhone, un territorio en el que la propuesta de Google aún no convence a los compradores mayoritarios. El dilema es claro: Google puede mantener su reputación de ofrecer un gran valor por menos dinero, o proteger sus márgenes y arriesgarse a perder tracción en mercados clave como el español.
Además, la compañía tiene que considerar el impacto en su ecosistema de servicios. Google no vende teléfonos solo por el hardware; cada Pixel es un escaparate para suscripciones a YouTube Premium, Google One y, cada vez más, a las funciones avanzadas de IA de Gemini. Subir el precio podría ralentizar la expansión de esa base de usuarios, justo cuando la competencia en asistentes de IA se intensifica con los avances de Apple Intelligence y los agentes autónomos de Samsung.
El movimiento, en definitiva, es una señal de que la era de los smartphones subvencionados por los ingresos publicitarios de Google toca a su fin. La pregunta ya no es cuánto subirá, sino si los compradores están dispuestos a pagar el peaje de la inteligencia artificial en cada dispositivo que adquieran.


