ChatGPT vuelve a estar en el centro de la polémica, pero esta vez no por un fallo técnico ni por una polémica de derechos de autor. Un pastor de Florida, Scott Winters, ha demandado a OpenAI ante el Tribunal Superior de San Francisco después de que, según él, el chatbot minimizara durante semanas los síntomas de una embolia pulmonar masiva que casi le cuesta la vida.
El caso, presentado esta semana, es el primero que atribuye un daño físico grave a los consejos de salud emitidos por una inteligencia artificial conversacional. Y llega justo cuando OpenAI, Microsoft y otras tecnológicas impulsan con fuerza sus asistentes de salud, animando a millones de usuarios a volcar ahí sus historiales médicos.
Qué pasó exactamente con ChatGPT
Según la demanda, Winters comenzó a consultar a ChatGPT-4o en 2024 por mareos recurrentes y cambios de presión arterial. Al principio, el chatbot le recomendaba acudir a un médico, algo que él mismo llegó a agradecer en sus conversaciones. Pero con el tiempo, sostiene la querella, esas advertencias fueron desapareciendo de las respuestas.
El punto de inflexión llegó el 13 de julio de 2025, cuando el pastor preguntó por un fuerte dolor en la ingle. El chatbot le contestó que era «muy probablemente un detalle menor» dentro de un cuadro más amplio y le sugirió quedarse en casa, según recoge la demanda. Horas después, Winters ingresó de urgencia en cuidados intensivos.
OpenAI y las demandas contra la IA médica
ChatGPT no es una herramienta pensada para sustituir a un profesional sanitario, y así lo recogen sus propios términos de servicio, algo que OpenAI ha repetido públicamente tras conocerse el caso. Su portavoz, Drew Pusateri, insistió en que los modelos más recientes están mejor preparados para reconocer cuándo es necesaria atención médica profesional.
Sin embargo, la demanda va más allá de un simple malentendido puntual. Los abogados de Winters, del despacho Tech Justice Law, sostienen que el chatbot llegó a usar referencias religiosas para reforzar sus recomendaciones, conociendo que el usuario era pastor. Piden además que se suspenda ChatGPT Health hasta que evaluadores independientes certifiquen que es seguro para consultas sanitarias.
Por qué este caso importa a cualquier usuario
No hace falta vivir en Florida ni ser pastor para reconocerse en esta historia. Cada vez más personas en España recurren a ChatGPT antes que a su médico de cabecera para entender un síntoma, calmar una preocupación o simplemente ganar tiempo antes de pedir cita. Es un gesto comprensible, casi instintivo en la era de la inmediatez.
El problema, según recoge la propia demanda, es que un chatbot puede transmitir la seguridad de un diagnóstico clínico sin tener ninguna de las garantías que lo respaldan. No pregunta antecedentes con la misma rigurosidad que un médico, no palpa, no explora, y sobre todo, no asume responsabilidad legal si se equivoca.
Las señales de alarma que ChatGPT no debería resolver por ti
Hay síntomas que, por su propia naturaleza, exigen valoración presencial inmediata y no una conversación de texto, por muy convincente que suene la respuesta. Este es el tipo de señales que nunca deberían quedarse en una pantalla:
- Dolor torácico o en la ingle que aparece de forma súbita e intensa.
- Mareos recurrentes acompañados de alteraciones de la presión arterial.
- Dificultad para respirar o palpitaciones inexplicadas.
- Cualquier síntoma que empeora pese a seguir un «consejo» de reposo prolongado.
En el caso de Winters, los médicos que le atendieron vincularon la formación de los coágulos precisamente con los largos periodos de inactividad que el chatbot le había recomendado, según los documentos judiciales.
Qué puede cambiar a partir de ahora
Este litigio no va a resolverse de un día para otro, pero sí puede marcar un antes y un después en cómo se regula la IA aplicada a la salud. Expertos legales citados en la cobertura del caso apuntan a que la forma en que el chatbot personalizó sus respuestas podría pesar en la evaluación de responsabilidad, más allá de lo que digan los términos de uso.
Lo razonable, mientras los tribunales deciden, es tratar a ChatGPT como lo que es: un apoyo informativo, nunca un sustituto del criterio médico. La tecnología seguirá mejorando y probablemente lo haga con más salvaguardas, pero la decisión de acudir al médico ante una señal de alarma debe seguir siendo siempre humana.






