Va a ser el truco de desaparición más preciso jamás realizado en el espacio. La NASA lanzará a finales de agosto el telescopio espacial Nancy Grace Roman, equipado con un coronógrafo activo que, mediante espejos deformables, borrará casi toda la luz de una estrella para fotografiar directamente planetas similares a Júpiter. Será la primera vez que un observatorio espacial utilice esta tecnología, y los astrónomos confían en que allane el camino hacia la imagen de una Tierra 2.0.
Además del coronógrafo, el telescopio alberga una cámara de 300 megapíxeles con un campo de visión cien veces mayor que el del Hubble. Mientras cartografía el cielo en busca de supernovas y lentes gravitacionales, ayudará a desvelar la naturaleza de la materia y la energía oscuras y detectará alrededor de 100.000 nuevos exoplanetas mediante el método de tránsito. Pero la joya de la corona es su capacidad para fotografiar planetas directamente, un hito que ningún telescopio espacial ha logrado con mundos maduros y de masa pequeña.
El bosque de silicio y los espejos que se retuercen
Los coronógrafos no son nuevos en el espacio. Tanto el Hubble como el James Webb bloquean ya la luz de las estrellas, pero lo hacen con máscaras fijas. Es como tapar una linterna con el pulgar para buscar una luciérnaga: el resplandor se filtra. La luz estelar rebota en los bordes de los instrumentos y en las imperfecciones de los espejos, y ese ruido puede ocultar —o incluso enmascarar— la débil señal de un planeta.
Roman usará un método radicalmente distinto. Antes de cada observación, su coronógrafo medirá ese resplandor no deseado y lo suprimirá activamente. La clave son dos espejos deformables, cada uno con una matriz de 48 por 48 actuadores. Una ligera carga eléctrica contrae esos pequeños pistones, que tiran del espejo apenas 0,5 micrómetros —la cuarta parte de una bacteria—, en incrementos de apenas 10 picómetros, lo que equivale a una décima del diámetro de un átomo de hidrógeno.
Cada espejo deformable se ajusta con una precisión de 10 picómetros, el grosor de un átomo de hidrógeno, para esculpir la oscuridad perfecta alrededor de una estrella lejana.
“Es como unos cascos con cancelación de ruido, pero para la luz en lugar del sonido”, explica Ilya Poberezhskiy, ingeniero de sistemas del proyecto en el JPL. Los espejos moldean un “frente de onda activo” que anula las ondas de luz indeseadas y excava una especie de rosquilla oscura alrededor de la estrella. Dentro de esa región, el resplandor se desploma y los planetas antes invisibles pueden asomar.
El telescopio también incorpora máscaras con “hierba de silicio”, un bosque microscópico de púas que atrapa los fotones como hojas de afeitar: la luz entra y nunca sale. El resultado global mejora la sensibilidad hasta en un factor de 1.000 respecto a los coronógrafos actuales.
De gigantes incandescentes a un Júpiter de verdad

Hasta ahora, casi todos los exoplanetas fotografiados directamente son jóvenes y enormes: varias veces la masa de Júpiter, aún calientes tras su formación y orbitando a distancias decenas de veces superiores a la de la Tierra. Brillan en el infrarrojo lejos del fulgor estelar y son fáciles de ver. Pero no se parecen a los mundos de nuestro vecindario solar.
El Roman apunta a un objetivo distinto: un Júpiter auténtico, un planeta maduro que refleje sobre todo la luz de su estrella y que orbite a una distancia comparable a la de Júpiter al Sol. “Vamos a observar la luz reflejada del planeta, no el efecto gravitatorio sobre la estrella”, subraya Meredith MacGregor, de la Universidad Johns Hopkins. “Estamos mirando directamente al planeta, y eso es muy poderoso”.
Aunque con el tiempo describirá la química atmosférica de ese mundo, las primeras imágenes no serán fotografías 4K. Probablemente se reduzcan a un puñado de píxeles. “Convertir un punto de luz en un mundo real”, dice MacGregor. Bastará para saber si ese Júpiter lejano posee metano, agua u otros compuestos que hablen de su historia.
La antesala del Observatorio de Mundos Habitables
El vuelo inaugural del Roman —con su lanzamiento ya inminente— servirá también como banco de pruebas para una misión soñada: el Observatorio de Mundos Habitables, el proyecto de la NASA para separar la luz de un planeta rocoso similar a la Tierra del resplandor de una estrella similar al Sol, diez mil millones de veces más brillante.
Los ingenieros del JPL deberán demostrar que pueden mantener una estrella centrada en las máscaras del coronógrafo, moldear los espejos en tiempo real y conservar la oscuridad artificial mientras la nave se mueve y cambia de temperatura. Brandon Creager, responsable mecánico del instrumento, confiesa que espera con emoción el primer destello: “No mucha gente puede decir: ‘Yo construí algo que está tomando una foto de un planeta a 50 o 100 años luz de distancia’”.
Esa imagen, por diminuta que sea, será la constatación de una nueva era. La oscuridad fabricada alrededor de la estrella revelará un mundo que, hasta hoy, solo existía en las ecuaciones. “Creo que será recordado como ese escalón crítico hacia la búsqueda de la Tierra 2.0”, concluye Creager.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: El telescopio espacial Nancy Grace Roman incorpora el primer coronógrafo activo en el espacio, con espejos deformables capaces de bloquear la luz estelar para fotografiar exoplanetas similares a Júpiter.
- Dónde: Será lanzado desde Cabo Cañaveral (Florida) y operará en el punto de Lagrange L2, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra.
- Institución responsable: NASA, con el Jet Propulsion Laboratory (JPL) desarrollando el coronógrafo.
- Cuándo: Lanzamiento previsto para finales de agosto de 2026.
- Impacto a futuro: Probar la tecnología necesaria para el futuro Observatorio de Mundos Habitables, que buscará planetas rocosos con atmósferas que puedan sustentar vida.





