Auroras de Marte detectadas por MAVEN: el ciclo Dungey, el mismo que en la Tierra, opera en el planeta rojo a menor escala

El hallazgo, publicado en Nature Communications, demuestra que la misma física que colorea los polos terrestres opera en los campos magnéticos corticales marcianos. Ayudará a entender por qué ambos planetas evolucionaron de forma tan distinta.

La NASA ha confirmado que las misteriosas auroras locales de Marte se generan mediante el mismo ciclo de reconexión magnética que ilumina los cielos polares de la Tierra: el ciclo Dungey. El hallazgo, publicado este jueves en Nature Communications, resuelve un enigma que había desconcertado a los planetólogos desde que la sonda MAVEN comenzó a detectar auroras discretas sobre la superficie marciana hace una década.

Los datos recopilados por MAVEN —cuya misión se dio por concluida el pasado 3 de junio de 2026 tras perder el contacto en diciembre de 2025— han permitido a un equipo de la Universidad de California en Berkeley reconstruir la física que subyace a estos brillos locales. La respuesta es tan elegante como reveladora: en Marte opera una versión en miniatura del mismo proceso que en la Tierra canaliza partículas solares hacia los polos y dibuja las cortinas de luz.

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Hasta ahora se sabía que las auroras marcianas aparecían sobre las zonas de corteza intensamente magnetizada que salpican el planeta, fósiles de un antiguo campo global desaparecido hace unos 4 000 millones de años. Pero el mecanismo que aceleraba los electrones necesarios para producirlas seguía sin comprenderse. «Sabíamos que la reconexión magnética ocurría en Marte, pero no esperábamos que siguiera el patrón del ciclo Dungey», explica Shaosui Xu, autor principal del estudio e investigador del Laboratorio de Ciencias Espaciales de Berkeley.

Un ciclo Dungey empequeñecido sobre las cicatrices magnéticas de Marte

En la Tierra, el ciclo Dungey se activa cuando las líneas del campo magnético solar se acercan a la magnetosfera terrestre. Al reconectarse, inyectan energía en la cola magnética y terminan disparando electrones hacia la atmósfera, donde colisionan con átomos de oxígeno y nitrógeno y generan las auroras. Marte carece de una magnetosfera planetaria, pero sus campos magnéticos corticales —generados hace 4 000 millones de años, cuando la lava se enfrió en presencia de un campo global hoy extinto— actúan como pequeños escudos locales.

El equipo de Xu utilizó tres instrumentos de MAVEN para trazar el recorrido completo de las partículas: el magnetómetro y el analizador de electrones de viento solar sirvieron para deducir la configuración magnética y las corrientes eléctricas; el instrumento STATIC, diseñado para medir la composición iónica supratérmica, reveló los flujos de plasma en la ionosfera marciana. «Forzamos STATIC hasta su límite para obtener los datos que necesitábamos —señala Xu—. Fue la pieza final del puzle».

La reconstrucción muestra que, a escala local, las líneas de campo de una región magnetizada actúan como una versión reducida de la magnetosfera terrestre: se reconectan con el viento solar, estiran una pequeña «cola» magnética y, al cabo de unos minutos, devuelven electrones acelerados hacia la atmósfera. El ciclo completo cabe en un área de apenas unas decenas de kilómetros.

campo magnético Marte

Por qué Marte perdió su escudo y qué dice esto sobre la habitabilidad planetaria

El hallazgo, además de resolver un enigma concreto, tiene implicaciones profundas. Shannon Curry, investigadora principal de MAVEN en el Laboratorio de Física Atmosférica y Espacial de la Universidad de Colorado en Boulder, lo califica como «un resultado extraordinario que cambia nuestra forma de pensar las auroras marcianas» y subraya que ayuda a entender por qué Marte y la Tierra evolucionaron de forma tan divergente pese a estar gobernados por la misma física subyacente.

El registro fósil magnético de Marte indica que en su juventud contaba con un campo planetario comparable al terrestre, capaz de desviar el viento solar y preservar una atmósfera más densa. Cuando ese campo colapsó, la erosión atmosférica se aceleró y el planeta se convirtió en el desierto helado que conocemos hoy. Demostrar que el ciclo Dungey funciona incluso en los residuos de ese campo global ofrece una ventana experimental para estudiar cómo se pierde la atmósfera de un planeta y hasta qué punto las misiones tripuladas del futuro podrían contar con protección natural en determinadas zonas.

El mecanismo que pinta las auroras terrestres también opera sobre las viejas cicatrices magnéticas de Marte, a escala de juguete.

Una de las preguntas abiertas que deja el estudio es si este ciclo en miniatura contribuye de forma significativa a la lenta hemorragia atmosférica que aún sufre Marte. Los modelos actuales sugieren que el efecto neto es modesto en comparación con otros procesos, pero la confirmación de que la reconexión magnética es ubicua en el planeta rojo amplía el catálogo de mecanismos que los futuros exploradores deberán tener en cuenta.

Xu recuerda que discutía con su director de tesis cómo podrían funcionar los ciclos magnéticos corticales en Marte. «Es increíble formar parte del equipo que ha encontrado la respuesta a aquella pregunta», dice. Con MAVEN ya silenciada en órbita, la comunidad científica se apoya ahora en los archivos de la misión para seguir exprimiendo una ventana única al pasado y al presente del planeta vecino.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: El ciclo Dungey —el mismo proceso de reconexión magnética que genera las auroras terrestres— opera a escala reducida sobre los campos magnéticos corticales de Marte, acelerando electrones y produciendo auroras locales.
  • Dónde: Marte, sobre las regiones de corteza intensamente magnetizada dispersas por su superficie (campos magnéticos corticales).
  • Institución responsable: NASA (misión MAVEN), Universidad de California en Berkeley y Laboratorio de Física Atmosférica y Espacial de la Universidad de Colorado en Boulder. Estudio publicado en Nature Communications.
  • Cuándo: Publicado el 24 de julio de 2026, basado en datos archivados de la misión MAVEN (que perdió contacto en diciembre de 2025 y fue declarada concluida en junio de 2026).
  • Impacto a futuro: Aporta una clave para comprender la evolución divergente de Marte y la Tierra, y ofrece información útil para la planificación de futuras misiones tripuladas al planeta rojo.

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