El cofundador de la firma de análisis Fundstrat, Tom Lee, ha vuelto a sacudir al mercado de criptomonedas con una afirmación explosiva: el dinero que está alimentando el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) está rotando hacia Ethereum, y la criptomoneda nativa de la red superará a Bitcoin en un 72%.
Lee no es un desconocido para los inversores en activos digitales. Desde su puesto en Fundstrat, ha defendido predicciones alcistas tanto para Bitcoin como para Ethereum en ciclos anteriores, y sus intervenciones suelen mover el sentimiento de los pequeños y grandes inversores. En esta ocasión, su foco no está en el bitcoin como reserva de valor, sino en la capacidad de la red Ethereum para absorber una parte significativa del capital que hoy financia proyectos de IA .
La inteligencia artificial concentra inversiones multimillonarias —centenares de miles de millones de dólares en los últimos dos años— destinadas a infraestructura de computación, investigación y plataformas de datos. Sin embargo, pocos sectores de la IA han encontrado todavía una capa de ejecución financiera que permita monetizar aplicaciones, transferir valor entre agentes autónomos o tokenizar servicios de forma descentralizada. Ahí es donde Lee cree que Ethereum toma ventaja.
¿Por qué el dinero de la IA mira a Ethereum?
Ethereum no es solo una criptomoneda: es una plataforma global de contratos inteligentes que permite ejecutar código de forma autónoma. Mientras Bitcoin funciona principalmente como un depósito de valor digital, Ethereum ofrece un entorno donde los desarrolladores pueden construir aplicaciones financieras, mercados de datos y mecanismos de gobernanza automatizada, todas ellas piezas clave para una economía impulsada por agentes de IA.
Los agentes de inteligencia artificial que operan de forma autónoma —como bots de trading, asistentes de inversión o validadores de información— necesitan un sistema de pagos rápido, sin intermediarios y programable. La compatibilidad de Ethereum con estándares de tokenización como ERC-20 y ERC-721, unida a las soluciones de escalado de segunda capa (rollups) que ya procesan miles de transacciones por segundo a costes mínimos, la convierten en la candidata natural para asentar estos flujos. Además, el paso a Proof of Stake tras The Merge en 2022 ha reducido el consumo energético de la red en más de un 99%, un argumento cada vez más importante para los inversores institucionales preocupados por los criterios ESG.
El capital que financia la inteligencia artificial no busca un activo refugio; busca una red donde sus agentes puedan operar.
La cifra del 72%: ¿una ventaja realista frente a Bitcoin?
La predicción de un rendimiento superior del 72% de ETH sobre BTC no es una ocurrencia aislada. Históricamente, Ethereum ha superado a Bitcoin en fases de gran actividad en su ecosistema: durante el auge de las finanzas descentralizadas en 2020 y tras la aprobación de los primeros ETF spot de ether en Estados Unidos en julio de 2024. Lo que cambiaría ahora sería la magnitud: un 72% implica un flujo de capital de decenas de miles de millones de dólares, una escala solo comparable a los movimientos institucionales de los últimos dos años.
No obstante, conviene tomar la cifra con cautela. El mercado de criptoactivos sigue siendo extremadamente volátil y sensible a las decisiones de los bancos centrales. Cualquier endurecimiento de la política monetaria o un cambio regulatorio desfavorable —la SEC estadounidense todavía no ha definido completamente el estatus de muchas finanzas descentralizadas— podría frenar ese flujo de capital antes de que se materialice. Incluso dentro del propio espacio cripto, redes como Solana o Cosmos compiten por atraer a los mismos desarrolladores de IA con propuestas técnicas diferenciadas.
Más que una predicción: la consolidación de Ethereum como infraestructura digital
Lo interesante del análisis de Tom Lee no es tanto el porcentaje exacto como el cambio de narrativa que representa. Durante años, Ethereum ha sido el motor de la innovación cripto —desde los primeros tokens hasta el staking líquido— pero le ha costado convencer al gran capital institucional de que su valor no residía solo en la cotización de su activo nativo. La confluencia con la inteligencia artificial le otorga una nueva utilidad: la de ser una capa de liquidación y coordinación para sistemas autónomos, un papel que ningún otro libro mayor distribuido ha demostrado poder desempeñar a la misma escala.
Desde The Merge de septiembre de 2022, que eliminó la minería y redujo la emisión de ETH, y con la llegada de los ETF spot en 2024, el perfil de inversión de ether ha madurado. Sin embargo, persisten riesgos: la concentración de validadores en grandes proveedores de staking como Lido —que gestiona alrededor del 30% de todo el ether bloqueado—, la dependencia de unos pocos rollups centralizados y la incertidumbre sobre cómo regular las finanzas descentralizadas cuando interactúan con agentes de IA que operan sin intervención humana. Cualquiera de estos factores podría alterar la confianza del inversor institucional y diluir la ventaja del 72% prometida.
En última instancia, la predicción de Lee nos recuerda que la industria de las criptomonedas está dejando atrás el debate sobre cuál es el mejor depósito de valor y se adentra en una pregunta más compleja: sobre qué infraestructura van a correr las aplicaciones de la próxima década. Si el dinero de la IA encuentra en Ethereum la interoperabilidad que necesita, la brecha con Bitcoin podría ensancharse. Si no, el 72% será solo una cifra más en la larga lista de pronósticos fallidos del mercado cripto.




