El Brent se desliza por debajo de los 89 dólares por barril en la sesión del 21 de julio, arrastrando a la baja a todo el sector energético del IBEX 35. La paradoja es total: una escalada militar en el golfo Pérsico que normalmente dispararía el petróleo, esta vez lo desploma. Los ataques de la Guardia Revolucionaria iraní contra activos estadounidenses en Bahréin y Kuwait, junto con el bloqueo naval de EE.UU. en el estrecho de Ormuz, han provocado una reacción contra-intuitiva en los mercados.
El crudo Brent cotiza a 88,40 dólares a las 9:00 horas, un 0,92% por debajo del cierre del lunes y más de un 3% inferior a los 91,43 dólares que alcanzó ayer. En una semana, sin embargo, aún acumula una subida del 4%. El West Texas Intermediate (WTI) se sitúa en 82,28 dólares, con un recorte del 0,24%. La noticia, lejos de impulsar los precios, mete presión vendedora.
Brent bajo 89 dólares: la paradoja de un crudo que cae con el conflicto
La Guardia Revolucionaria Islámica anunció esta madrugada nuevos bombardeos contra radares y sistemas de defensa estadounidenses en Bahréin y Kuwait, con la declarada intención de generar una «noche negra» para las tropas norteamericanas. Al mismo tiempo, el Ejército de Estados Unidos confirmó que ha impedido el paso a siete buques mercantes e inutilizado otro en el estrecho de Ormuz, en el marco del bloqueo naval a los puertos iraníes.
Lo normal, en este escenario, sería un repunte del petróleo por el riesgo de interrupción de suministro. Pero el mercado descuenta otra cosa. La percepción es que la disrupción del tráfico marítimo podría golpear la demanda global de crudo por el freno al comercio, y que la Reserva Federal mantendrá su política restrictiva para contener la inflación que estos ataques podrían reavivar. El resultado: ventas.
Impacto en las energéticas del IBEX: Repsol lidera las caídas
El desplome del Brent arrastra sin piedad a las cotizadas energéticas españolas. Repsol es la más castigada, con un descenso que ronda el 3,5% en los primeros compases de la sesión, arrastrando al IBEX 35 al terreno negativo. Naturgy y Enagás también registran retrocesos, aunque más moderados. El sectorial de petróleo y gas del índice cede más de un 2% de media.
La correlación entre Repsol y el precio del crudo es casi perfecta a corto plazo. Cada dólar de caída en el Brent se traduce en varios puntos porcentuales de margen operativo perdido para la petrolera. Con el Brent en niveles que hace apenas una semana eran impensables, la presión sobre la acción se ha intensificado.

En paralelo, las utility europeas no escapan al sesgo bajista, aunque la prima de riesgo asociada a Ormuz las mantiene algo más sostenidas. El mercado mira de reojo el dato macro que llegará el miércoles: las proyecciones de demanda global de la OPEP.
La caída del Brent con el estrecho de Ormuz al borde del colapso es una anomalía que el mercado no puede ignorar. El crudo está descontando un parón de la demanda antes que un recorte de la oferta.
¿Por qué cae el petróleo con lo que está pasando en Ormuz? Un análisis de fondo
A primera vista, el movimiento es desconcertante. Si hay un punto de estrangulamiento energético mundial, es Ormuz: por allí pasa un tercio del comercio marítimo de petróleo. Pero el lunes, cuando los precios tocaron 91,43 dólares, fue el pico máximo de este ciclo. Desde entonces, la corrección ha sido contundente. La clave está en el cisne blanco que se esconde tras la cortina de fuego: el mercado está valorando una desaceleración económica sincronizada.
Los ataques iraníes y el bloqueo naval estadounidense no son un shock de oferta geológico; son un shock de oferta autoinfligido. Si el Golfo se convierte en zona de guerra naval, el seguro de buques se dispara, las rutas se encarecen y los fletes colapsan. Eso eleva los costes logísticos, frena el comercio global y termina deprimiendo la demanda de crudo. Es la misma lógica que asustó a los mercados durante los ataques a buques en el mar Rojo de 2023-2024, pero a una escala mayor.
Además, la Reserva Federal se encuentra en una posición compleja. Si la tensión en Oriente Próximo recrudece las expectativas de inflación —por energía y transporte—, la Fed se verá obligada a mantener tipos altos por más tiempo. Eso enfriaría aún más la actividad económica y, por tanto, el consumo de petróleo. De ahí que los futuros del Brent reflejen más preocupación por la demanda que por la oferta.
En mi lectura, el mercado está yendo un paso por delante de la geopolítica. Descarta que Irán cumpla su amenaza de cerrar físicamente Ormuz (lo intentó en 2019 y fracasó) y, en cambio, pone el foco en el deterioro macro que ya asoma en las encuestas PMI europeas y en los pedidos manufactureros chinos. Si la OPEP revisa a la baja sus proyecciones de demanda esta semana, la presión bajista se acentuará.
Por el lado de las energéticas españolas, Repsol es la que más sufre. Su diversificación hacia renovables y su posición en refino dan algo de colchón, pero el grueso de su generación de caja sigue atado al upstream. Con cada recorte en el Brent, los analistas ajustan sus estimaciones de beneficio por acción. La cotización de Repsol, que venía de conquistar los 16 euros hace dos semanas, se juega ahora el soporte de los 14,50 euros. Una perforación de ese nivel abriría la puerta a una corrección más profunda.
Veredicto Merca2
Cotización al cierre o apertura: En los primeros compases de la sesión, Repsol registra una caída del 3,5% y el IBEX 35 pierde más de un 0,8% arrastrado por el sector energético. El Brent cotiza a 88,40 dólares, con un retroceso cercano al 1%.
Clave técnica: Repsol pierde la media móvil de 50 sesiones situada en los 15,10 euros y se aproxima al soporte de los 14,50 euros. El RSI diario entra en zona de sobreventa por debajo de 30, lo que podría propiciar un rebote técnico a corto plazo si las tensiones en Ormuz se moderan.
Apunte macro: La prima de riesgo española se mantiene en los 70 puntos básicos, sin contagio geopolítico. Las subastas del Tesoro de esta semana serán clave para confirmar la estabilidad de la deuda. Si el petróleo sigue corrigiendo, las expectativas de IPC en Europa cederán, lo que aliviaría al BCE.





