Bernuy de Porreros, un municipio de apenas 1.300 habitantes en el cinturón metropolitano de Segovia, se prepara para recibir la mayor inversión industrial de su historia. Un fabricante alemán de componentes para automoción —cuya identidad aún se mantiene en secreto— levantará una planta de 126.000 metros cuadrados que generará 400 empleos directos. Las obras arrancarán en noviembre si los plazos se cumplen.
El proyecto, declarado «de interés estratégico» por la Junta de Castilla y León, se desarrollará en dos fases y añadirá entre 100 y 150 puestos indirectos hasta rozar el medio millar. La llegada de la compañía germana supone un giro de guión para un pueblo que en 2022 apenas rozaba los 900 vecinos, según el INE, y que ahora encara los 1.400.
Un motor de empleo que puede transformar la demografía local
El desembarco se hará sobre suelo de la ampliación del polígono de Los Hitales, que el Ayuntamiento ha impulsado con el apoyo de la Sociedad Pública de Infraestructuras y Medio Ambiente de Castilla y León (Somacyl). El alcalde, Adolfo Santamaría, explica que la primera fase de esta expansión —un millón de metros cuadrados— ya está prácticamente completa y alberga a unas cuarenta empresas. La segunda, de 675.745 metros cuadrados, está a punto de licitarse y ya tiene más de quince compañías interesadas.
El nombre del inversor alemán sigue bajo llave. «Prefieren mantener el misterio», admiten fuentes municipales. Se sabe, no obstante, que no fabrica automóviles sino complementos para el sector, lo que encaja con el ecosistema de proveedores que Drylock —la firma belga de productos de higiene que ya opera en el polígono— ha comenzado a tejer como locomotora industrial del área.
Claves del éxito: suelo a 20 euros el metro cuadrado y licencias exprés
Bernuy ha jugado sus cartas con astucia. El precio del suelo ha sido el anzuelo más visible: 20 euros por metro cuadrado, frente a los 150 que pedía la capital para el fallido proyecto de Prado del Hoyo. Pero el verdadero factor diferencial, según reconocen en el Consistorio, es la agilidad. «Una licencia de obras en Segovia capital puede demorar más de un año; aquí se resuelve en semanas», ilustra el regidor.
A esa rapidez se suma el respaldo financiero de la Junta, que ha declarado de interés regional la ampliación de Los Hitales para agilizar trámites y ha inyectado fondos para las infraestructuras complementarias. Somacyl ya ha adjudicado la nueva estación depuradora de aguas residuales (4,3 millones de euros) y la adecuación de los accesos viarios (2,9 millones), que incluyen tres nuevas rotondas y un ramal directo desde la autovía SG-20.
Esa combinación de bajo coste y burocracia ligera ha permitido confeccionar un «traje a medida» para el inversor alemán. De hecho, se introdujeron modificaciones en el contrato de urbanización cuando aún no había demanda concreta, un gesto que ahora rinde frutos.
Con 20 euros el metro cuadrado y permisos que no se eternizan, Bernuy ha conseguido lo que a la capital se le escapó.
¿Por qué una multinacional alemana elige un pueblo de 1.300 habitantes?
La pregunta no es trivial. La competencia entre municipios por captar industria es feroz, y las grandes capitales suelen contar con mejor conectividad. Sin embargo, el caso de Bernuy muestra que la agilidad administrativa y la oferta de suelo a precio competitivo pueden inclinar la balanza, sobre todo cuando la administración regional se vuelca.
El sector de la automoción en Castilla y León no es nuevo: la factoría de Renault en Valladolid o la planta de Iveco en Madrid generan una densa red de proveedores. Pero que una empresa alemana —con una inversión que ocupa 126.000 metros cuadrados— se fije en un pueblo de poco más de mil residentes es un síntoma de cómo se está reconfigurando el mapa industrial español. Las zonas rurales bien comunicadas, con suelo barato y una administración local que desenrolla la alfombra roja, están ganando la partida a los polígonos urbanos saturados y caros.
Además, la llegada de Drylock en su momento ya demostró que el modelo funciona: hoy es uno de los principales empleadores de la zona y ha arrastrado a proveedores y empresas auxiliares. Si la multinacional alemana sigue la misma estela, el efecto multiplicador sobre el comercio local, la vivienda y los servicios públicos será notable. Y la segunda fase del polígono, con casi 670.000 metros cuadrados más, abre la puerta a nuevas captaciones.
La identidad del inversor sigue siendo la gran incógnita, pero el impacto ya es tangible. En noviembre, cuando empiecen a moverse las excavadoras, Bernuy de Porreros habrá pasado de ser un pueblo dormitorio a convertirse en un nodo industrial con nombre propio en la automoción europea.





