Ibex: ¿cómo afectan las tensiones en Oriente Medio y el desplome tecnológico?

La escasa exposición tecnológica del selectivo español amortiguó el golpe, con las utilities aguantando el tipo frente a la sangría de las empresas de chips. Mientras, el Brent se disparó por encima de los 85 dólares y la deuda soberana volvió a presionar a los bancos centrales.

El Ibex 35 cierra la semana con una caída del 0,9%, lastrado por el desplome tecnológico y el crudo disparado. La sesión del viernes dejó al selectivo en los 19.216 puntos, lejos de los 19.384 del viernes anterior.

La presión vino de dos frentes. Por un lado, el Brent superó los 85 dólares, impulsado por la sexta jornada consecutiva de ataques de Estados Unidos en Oriente Medio y la falta de avances para reabrir el estrecho de Ormuz. La escalada del crudo reavivó los temores inflacionistas que parecían apagarse tras el dato de IPC estadounidense de la semana pasada.

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Por otro, el sector tecnológico sufrió un duro correctivo. Netflix se hundió un 10% tras publicar unas previsiones que no convencieron, y los valores de chips arrastraron al Nasdaq a una caída superior al 1%. En Asia, el impacto fue aún mayor: el Nikkei perdió un 4% y el CSI 300 chino un 3,6%, lastrado también por las acusaciones de injerencia electoral lanzadas por Trump contra Pekín.

El Ibex, menos expuesto a la tecnología, se apoya en las utilities

La Bolsa española aguantó mejor el chaparrón. La escasa representación de tecnológicas en el Ibex limitó los daños, aunque los valores cíclicos como ArcelorMittal y Acerinox cedieron con fuerza. Los bancos también se tiñeron de rojo: Santander y BBVA corrigieron posiciones.

En el lado positivo, las utilities tiraron del carro. Endesa, Naturgy, Iberdrola, Redeia y Enagás cerraron al alza, ofreciendo refugio en un entorno de aversión al riesgo. Sin ellas, el descenso habría sido mayor.

En Europa, los valores de chips como ASML, Infineon, Soitec y Aixtron cayeron hasta un 7%. El Aex neerlandés, con alta ponderación tecnológica, fue el más castigado, mientras el Ftse británico se mantuvo firme gracias a su sesgo hacia materias primas.

La combinación de chips en caída libre y petróleo disparado es la peor noticia para unos mercados que aún confiaban en un aterrizaje suave.

Deuda, divisas y el oro: el cóctel inflacionista

La tensión en la renta fija añadió leña al fuego. El bono estadounidense a diez años se mantuvo por encima del 4,5%, mientras que el bund alemán repuntó al 3,10% y el bono español a diez años rozó el 3,60%. Los mayores costes de financiación amenazan directamente a sectores que encaran fuertes inversiones, como el tecnológico.

En divisas, el euro se consolidó en los 1,14 dólares, y la libra esterlina en 1,34. El oro logró un leve rebote, pero volvió a coquetear con los 4.000 dólares la onza, mientras que el bitcoin cayó de nuevo a los 62.000 dólares, muy cerca de sus mínimos anuales.

Análisis: entre el riesgo geopolítico y la resistencia del consumo

La semana ha servido de recordatorio de que los mercados no pueden ignorar la geopolítica. El bloqueo de facto del estrecho de Ormuz está elevando los costes energéticos de manera similar a crisis anteriores, como la de 2011. Si se prolonga, las presiones inflacionistas podrían forzar a los bancos centrales a mantener los tipos altos durante más tiempo, justo cuando en en los mercados se confiaba en un alivio.

Para el Ibex, el escenario es agridulce. Su composición defensiva le ha permitido aguantar mejor, pero un deterioro prolongado del ciclo económico acabaría por pasar factura a las cíclicas y a los bancos. La próxima temporada de resultados será clave para calibrar si el consumo resiste. De momento, las utilities y el petróleo caro mantienen a flote al selectivo, pero la calma es frágil. La agenda de la próxima semana trae nuevas referencias: los resultados de Apple y Microsoft y la intervención de Lagarde en Sintra podrían definir el tono de agosto. Para el inversor español, la clave seguirá siendo el petróleo y la evolución del bono a diez años, cuyo umbral del 3,60% es una línea roja que, de superarse, encendería todas las alarmas.


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