Molins abandona hoy el mercado de corros tras más de ocho décadas cotizando en la Bolsa de Barcelona. Lo hace con una capitalización bursátil superior a los 2.500 millones de euros, que la sitúa en el quintil superior del Mercado Continuo antes incluso de pisar el parqué electrónico.
La cementera catalana, que negocia sus títulos desde 1942, culmina así el traslado al Sistema de Interconexión Bursátil Español (SIBE). El movimiento, aprobado por la junta, supone un paso natural para una compañía que supera «con creces el tamaño y los volúmenes de negociación» de las empresas ancladas en el mercado de corros.
De corros a SIBE: el salto natural de una cementera centenaria
Molins parte desde los 39 euros a los que cerró el viernes pasado. El consejo defiende que la admisión en el SIBE, que complementará su cotización en la Bolsa de Barcelona sumando la de Madrid, contribuirá a mejorar la liquidez, aumentar la eficiencia en la formación de precios y reforzar la visibilidad institucional.
La compañía aseguró en el documento de admisión que «supera con creces» a sus antiguos pares del BME Growth. De hecho, su capitalización bursátil es superior a la de 76 empresas del Mercado Continuo. Pese a ello, el grupo arrastra una peculiaridad que condiciona cualquier debate sobre liquidez.
Un free-float mínimo que limita la liquidez real
El capital flotante de Molins ronda el 5%. El resto del accionariado está en manos de la familia fundadora, que ha mantenido el control durante generaciones. En 2025, los títulos negociados movieron un efectivo total de apenas 4,5 millones de euros, una cifra testimonial para una empresa de este tamaño.
El grupo tiene un bajo free-float, apenas un 5%, pero cotiza en Bolsa para dar liquidez a la extensa familia que controla las acciones. Este dato rebaja las expectativas de un incremento drástico de la contratación tras el debut en el SIBE.
De hecho, la última experiencia de un salto desde el corro —la de Libertas 7 en 2021— mostró que la mayor exposición institucional no se traduce automáticamente en un aumento de los volúmenes si el free-float sigue siendo irrelevante. El caso de Desarrollos Especiales de Sistemas de Anclaje (Desa), que dio el mismo paso en 2019, tampoco alteró sustancialmente su perfil de liquidez.

No obstante, el acceso al SIBE sí abre la puerta a que los filtros de los grandes gestores incluyan el valor en sus pantallas. Y en un mercado en el que cada vez pesan más los criterios pasivos, estar en el radar ya es la mitad del camino.
La extinción del corro: solo cinco empresas resisten
La salida de Molins —que era la mayor del corro— deja a esa modalidad de contratación en una situación casi residual. Quedan apenas cinco compañías: Ayco Grupo Inmobiliario, Liwe Española (dueña de Inside), Minerales y Productos Derivados, TR Hotel Jardín del Mar y Urbar Ingenieros. Sus capitalizaciones oscilan entre los 300.000 euros y los 19 millones, pero ninguna registra actividad bursátil relevante.
La mudanza de Molins es más un certificado de defunción del corro que un evento de liquidez para la propia cotizada.
Bolsas y Mercados Españoles (BME) reconoce que «desde hace muchos años ya no se admite ninguna compañía en esa modalidad de contratación». El propio operador ha ido creando segmentos más adecuados, y el goteo de salidas hacia el SIBE parece imparable.
Análisis Merca2: Liquidez institucional y credibilidad para el mercado español de pymes
En mi lectura, el movimiento de Molins tiene más valor como señal que como catalizador inmediato de volumen. La empresa cementera no necesita realmente la plataforma electrónica para financiarse —su free-float es ínfimo—, pero al subir de escalón legitima al Mercado Continuo como destino natural para las grandes pymes españolas.
El hecho de que una compañía de más de 2.500 millones de capitalización haya permanecido durante décadas en el corro decía más de la inercia del mercado que de las bondades de ese formato. La migración a SIBE era cuestión de tiempo, y la rapidez con que el consejo ha aprobado la salida demuestra la voluntad de alinearse con los estándares de gobierno corporativo que exigen los inversores institucionales.
Eso sí, queda una contradicción: el mercado valora la liquidez, pero Molins apenas la necesita. A mi juicio, el principal riesgo es que, si el free-float no se amplía con alguna colocación futura, la cotización en el Continuo seguirá moviendo cifras testimoniales y la acción se comportará como un título semilíquido. El verdadero test llegará cuando la familia decida, o necesite, levantar el pestillo.
Por ahora, la operación es un espaldarazo para el BME Growth como cantera de empresas con vocación de Continuo. La cementera se une a otras que han dado el salto y subraya la buena salud del pipeline. La cifra de 2.500 millones de capitalización coloca a Molins por delante de muchas cotizadas históricas del Continuo, un dato que ningún gestor pasará por alto en su screening.
Veredicto Merca2
Cotización al cierre o apertura: Molins arranca en el SIBE desde los 39 euros del viernes anterior. El bajo free-float impedirá movimientos bruscos; es previsible que la acción repita la tónica de baja contratación que registró en el corro.
Clave técnica: Con una capitalización superior a la de 76 empresas del Continuo, la entrada en el SIBE activa filtros institucionales que antes no alcanzaba. No obstante, el 5% de capital flotante actúa como un techo de cristal para la liquidez real.
Apunte macro: El movimiento refuerza la tendencia de migración de grandes pymes hacia plataformas de contratación más líquidas. El sector de materiales de construcción en el Continuo cotiza con múltiplos de entre 8 y 12 veces beneficios, un rango en el que Molins podría encajar si la visibilidad institucional mejora con el tiempo.




