Microsoft, Amazon y Google han elevado sus emisiones conjuntas de carbono un 19% en el último año fiscal, hasta alcanzar los 119 millones de toneladas de CO2 equivalente (MtCO2e). El dato, extraído de sus propios informes de sostenibilidad, supone aproximadamente un tercio de las emisiones totales de Francia y refleja el enorme coste climático del despliegue de la inteligencia artificial.
El auge de los centros de datos, motores invisibles de la revolución digital, ha disparado la demanda energética de las tres tecnológicas. En el año fiscal cerrado en marzo de 2026, la suma de sus emisiones superó en 18 MtCO2e la del ejercicio anterior, cuando se situó en 101 MtCO2e, un nivel ya equiparable al de la República Checa.
La letra pequeña de los informes anuales revela la magnitud del repunte. Microsoft comunicó un incremento del 25% en sus emisiones, hasta los 20 MtCO2e, “impulsado principalmente por la expansión de nuestra infraestructura de centros de datos”. Google reportó un aumento del 18%, “debido al incremento de la actividad en la cadena de suministro que respalda la rápida expansión de nuestro negocio”. Amazon, por su parte, registró un crecimiento del 16% en el total y un 20% en las emisiones de su cadena de suministro, que incluyen la construcción de nuevos centros. Pese a ello, la compañía enmarcó estas cifras como “un progreso” hacia su meta de cero emisiones netas en 2040.
El patrón es claro: la inversión masiva en inteligencia artificial está lastrando los compromisos climáticos de las big tech. Las tres compañías se encaminan a gastar este año 765.000 millones de dólares, en su mayoría en centros de datos para IA, según las estimaciones del sector. Una bola de nieve que entierra el recuerdo de unos años —2023 y 2024— en los que Microsoft parecía haber estancado sus emisiones en 16 MtCO2e.
La nube dejó de ser un refugio climático: hoy concentra las emisiones de miles de empresas que externalizan su huella digital.
La IA irrumpe en la contabilidad de carbono
El gasto en infraestructura digital está directamente correlacionado con el repunte de las emisiones, según el profesor de ingeniería Shaolei Ren, de la Universidad de California. Y el volumen de construcción no tiene visos de moderarse: la consultora JLL prevé que se levanten 1.200 nuevos centros de datos en todo el mundo hasta 2030, con la IA como principal motor. El Uptime Institute calcula que los grandes proyectos anunciados solo el año pasado consumirán el 1,3% de la electricidad mundial, casi el doble de la demanda actual de este tipo de instalaciones.
El discurso oficial de las compañías insiste en la compensación mediante créditos de carbono, pero el propio informe de Microsoft apunta a una creciente escasez de oferta en los mercados voluntarios. “Todo el mundo habla de la falta de bienes físicos, como la energía, pero también puede haber un déficit de bienes virtuales: los créditos de carbono”, explica Ren. La neutralidad de carbono se antoja, así, una quimera si no se reduce drásticamente la huella directa.
Mientras tanto, los planes Net Zero sobreviven en el papel. Google y Microsoft mantienen la meta de 2030; Amazon, la de 2040. Sin embargo, el salto del 19% en apenas un año fiscal pone en cuestión la credibilidad de esos plazos. La inversión en IA no solo eleva las emisiones de alcance 1 y 2, sino que dispara el alcance 3 —la cadena de suministro—, precisamente la partida menos controlada por las empresas y la que más crece.
La nube ‘verde’: externalizar la huella ajena
“Las afirmaciones de Microsoft, Amazon y Google sobre que sus nubes son ecológicas y sostenibles son una estrategia de marketing”, sostiene Cecilia Rikap, profesora del University College de Londres. “Cuando las empresas migran a sus nubes, almacenan datos y entrenan modelos de IA, están externalizando su propia huella de carbono a los gigantes del cloud”. El resultado es una doble contabilidad: las corporaciones que contratan estos servicios pueden presentar internamente menores emisiones, pero el impacto global se concentra sin remedio.
La paradoja se agrava cuando esas mismas tecnológicas ofrecen soluciones de IA para combatir la crisis ecológica. Google contabiliza 41 millones de toneladas de CO2 evitadas gracias a aplicaciones de inteligencia artificial, una cifra que palidece frente a los 119 Mt que emite solo el trío de compañías. La promesa climática digital descansa, así, sobre una base de cemento y silicio cada vez más difícil de ignorar.
La letra pequeña que ningún inversor debería pasar por alto
El repunte de las emisiones de las big tech llega en un momento en que la Taxonomía Verde europea y la directiva CSRD exigen a las empresas detallar qué parte de su actividad es realmente sostenible. Los informes de sostenibilidad de las tres compañías no ocultan el incremento, pero sí lo enmarcan en un contexto de “expansión del negocio” más que de revisión de objetivos. Un inversor atento debería preguntarse si una empresa que aumenta un 25% sus emisiones anuales puede ser considerada un activo alineado con el Acuerdo de París.
El precedente es demoledor. Entre 2020 y 2023, el sector tecnológico presumió de avances en eficiencia energética y contratos de compra de renovables. Ahora, la realidad de los centros de datos ha sepultado esos logros. La Agencia Internacional de la Energía ya advirtió en 2024 que la demanda eléctrica del data center podría duplicarse en esta década si no se acelera la descarbonización del suministro. Las grandes tecnológicas, por el momento, han elegido acelerar la construcción antes que la transición.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: Las emisiones conjuntas de Microsoft, Amazon y Google aumentan en 18 MtCO2e en un solo año, el equivalente a las emisiones anuales de un país como Croacia.
- Modelo que cambia: La externalización de la huella digital hacia la nube deja de ser una vía de descarbonización real y se convierte en un foco de concentración de emisiones sin control.
- Para las próximas generaciones: Cada centro de datos construido hoy hipoteca décadas de emisiones, justo en el momento en que la ciencia exige reducirlas a la mitad antes de 2030.





