El Parlamento Europeo allana el camino para el euro digital: fin de la dependencia de Visa y Mastercard

La Eurocámara vota abrir las negociaciones con el objetivo de que la moneda digital comience a funcionar en 2029. Bruselas quiere reducir la hegemonía de las redes de pago estadounidenses, que procesan casi dos tercios de las transacciones en la zona euro.

El Parlamento Europeo ha aprobado este jueves, 9 de julio, una resolución que allana el camino para que el euro digital se convierta en realidad. Con 416 votos a favor, 169 en contra y 22 abstenciones, la Eurocámara ha dado luz verde a la reapertura de las negociaciones formales con los Estados miembros. La votación, que ya se esperaba ajustada, refleja la voluntad de Bruselas de reducir la dependencia de los sistemas de pago estadounidenses y dotar a la zona euro de una infraestructura monetaria soberana para la era digital.

Un voto contundente para una dependencia muy real

La resolución del Parlamento Europeo llega en un momento en que casi dos tercios de los pagos con tarjeta en la eurozona son procesados por compañías no europeas, principalmente Visa y Mastercard. El propio BCE subraya que 13 de los 21 países de la moneda única carecen de un esquema nacional de tarjetas para las compras cotidianas. Este desequilibrio se ha convertido en un riesgo estratégico, especialmente a raíz de las sanciones unilaterales impuestas por Washington, que en algún caso han bloqueado el acceso a los circuitos de pago de ciudadanos europeos.

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Los legisladores quieren que el euro digital funcione como un complemento al efectivo, no como un sustituto. Podrá utilizarse en tiendas, por internet y entre particulares mediante tarjeta, aplicación móvil u otros soportes. Una de sus características más novedosas será el modo sin conexión, que garantizará una privacidad equiparable a la de las transacciones en metálico.

¿Cómo funcionará el euro digital?

El mecanismo es sencillo: cualquier ciudadano o empresa podrá abrir una cuenta en un banco o en una entidad pública (por ejemplo, una oficina de correos) y transferir fondos desde su cuenta corriente tradicional a esa cuenta digital. A partir de ahí, podrá pagar con euros digitales con la misma seguridad y aceptación que el efectivo, pero sin necesidad de llevar billetes físicos ni depender de pasarelas privadas.

El eurodiputado Fernando Navarrete Rojas, uno de los negociadores principales por el Parlamento, ha sido tajante al rechazar los rumores que apuntan a un posible uso de la moneda digital como «herramienta de control». En sus palabras, el proyecto se apoyará en «los más altos estándares de privacidad».

«No sustituiría a nada. El efectivo seguiría estando disponible y la gente podría utilizar los métodos de pago privados existentes.» — Alessandro Giovannini, asesor de la dirección del euro digital en el BCE

Análisis: soberanía monetaria sin desbancar a los bancos

Lo que veo en esta votación no es solo un avance tecnológico; es un movimiento de largo alcance para recuperar la autonomía financiera de la eurozona. El dato de que casi dos tercios de las transacciones pasen por manos estadounidenses es el verdadero motor político de la iniciativa. Sin embargo, el desafío más serio que se cierne sobre el euro digital es otro: ¿cómo evitar que los ahorradores trasladen sus depósitos desde la banca comercial hacia la nueva moneda pública, sobre todo en momentos de pánico?

Los expertos advierten de que, si el euro digital se comporta como una cuenta corriente más, podría drenar la liquidez de los bancos y amplificar las crisis. Por eso, el BCE tendrá que calibrar con precisión los límites de tenencia y las condiciones de remuneración, una tarea compleja que explica por qué la fecha estimada para el lanzamiento se sitúa en 2029 y queda condicionada a que el acuerdo legislativo se cierre antes de que termine este año. El calendario es, por tanto, un compromiso entre la urgencia política y la prudencia financiera.

Paralelamente, la inclusión de un modo sin conexión y las promesas de privacidad son concesiones necesarias para vencer la resistencia de los ciudadanos más recelosos. Si el BCE logra combinar accesibilidad universal, privacidad real y salvaguardas contra la fuga de depósitos, el euro digital podría cambiar las reglas del juego. De lo contrario, corre el riesgo de quedarse en un experimento de nicho.

🌍 El impacto en España y Europa

Para España, el euro digital llega en un momento en el que la digitalización de los pagos avanza a gran velocidad. Las entidades bancarias españolas, que ya compiten con neobancos y fintechs, deberán adaptar sus modelos de negocio a un entorno con una opción pública que promete menores comisiones y mayor interoperabilidad. El consumidor español notará, sobre todo, una rebaja en las tarifas de las transacciones transfronterizas y una menor dependencia de las redes de Visa y Mastercard, lo que puede traducirse en precios más bajos en el comercio electrónico.

En el ámbito hipotecario, el impacto directo sobre el Euríbor es casi nulo a corto plazo, porque el euro digital no modifica los tipos de interés de referencia. Sin embargo, si la nueva moneda reduce la base de depósitos de la banca, a medio plazo los costes de financiación de las entidades podrían aumentar ligeramente, un efecto que el BCE vigilará de cerca. La clave estará en los límites de tenencia que se fijen: si son lo suficientemente bajos, los bancos españoles no deberían sufrir una erosión significativa de su liquidez.

Desde un punto de vista empresarial, las compañías exportadoras españolas y las del Ibex 35 se beneficiarán de una infraestructura de pagos paneuropea que reduce la fricción y el coste de las operaciones en euros. Además, el euro digital puede actuar como catalizador para que la Unión Europea refuerce su autonomía estratégica en un ámbito, el de los pagos, donde hoy depende en exceso de proveedores externos. El camino está trazado, pero todavía quedan muchos detalles técnicos por negociar.


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