El precio de la electricidad en el mercado mayorista español registrará este lunes 6 de julio un incremento del 57,59%, el mayor salto en una sola jornada en las últimas semanas. La primera ola de calor del verano, con temperaturas superiores a los 35 grados en buena parte del país, está detrás de este repunte que pondrá a prueba la factura de los hogares con tarifa regulada.
Los datos, confirmados por el Operador del Mercado Ibérico de Electricidad (OMIE), reflejan un precio medio que superará con holgura los 100 euros por megavatio hora (MWh), después de varias jornadas rondando los 60-70 €/MWh. El contraste es especialmente agudo para los consumidores con PVPC, que verán cómo el coste de la electricidad se dispara en pleno julio.
La factura de la luz, al detalle: cuánto sube y cuándo es más barato lavar
Para un hogar medio, la subida del 57,59% en un día concreto se traduce en un encarecimiento de unos pocos céntimos, pero si esta tendencia se prolonga, el sobrecoste mensual podría alcanzar los 15-20 euros frente a un mes de consumo similar. Con el aire acondicionado funcionando a pleno rendimiento, evitar las horas más caras se convierte en un ejercicio obligatorio de ahorro.
Las franjas más gravosas suelen concentrarse al atardecer, entre las 20:00 y las 22:00 horas, cuando la demanda se mantiene alta pero la generación solar ya ha caído. Por el contrario, el periodo valle de madrugada (de 0:00 a 6:00) y las primeras horas de la tarde, con el pico de producción fotovoltaica, ofrecerán los tramos más asequibles. Programar los grandes electrodomésticos en esas ventanas puede reducir la factura hasta un 30% en un día como el de mañana.
En términos absolutos, estamos hablando de una jornada en la que el precio medio se situará en torno a los 105 €/MWh, según estimaciones de fuentes del sector que circulan este domingo. La cifra dista mucho de los récords de la crisis energética de 2022, pero es la más alta desde principios de junio y supone un aviso de lo que puede ser un verano muy tensionado.
La luz se encarece un 57,59% en un solo día, pero el problema no es un pico aislado: es la repetición de estos saltos cada vez que el calor aprieta y el viento falla.
El triángulo del encarecimiento: calor, bajo viento y un sistema aún dependiente del gas
El principal motor del pico de este lunes es la meteorología. El consumo eléctrico se dispara cuando la ola de calor obliga a mantener los climatizadores encendidos durante más horas, sobre todo en las grandes ciudades. A eso se suma una generación eólica particularmente escasa para esta época del año, lo que obliga a recurrir a centrales de ciclo combinado —que queman gas— para cubrir el hueco térmico.
El gas natural, aunque lejos de los máximos de 2022, cotiza estable en el entorno de los 40 €/MWh y encarece la electricidad de forma directa. En un mercado como el ibérico, donde la formación de precios sigue siendo marginalista, cualquier incremento de la fuente más cara arrastra al conjunto del pool y se refleja de inmediato en todas las tecnologías.
La mayoría de los expertos coincide en que estos picos serán cada vez más frecuentes mientras no se resuelva la paradoja de tener una gran capacidad solar instalada pero insuficiente almacenamiento. Los excedentes diurnos no pueden trasladarse a las horas punta de la noche, y la dependencia del gas sigue siendo excesiva.
¿Qué esperar para el resto del verano y cómo proteger el bolsillo empresarial?
Las perspectivas para julio y agosto no invitan al optimismo. Los modelos meteorológicos apuntan a una sucesión de episodios cálidos que mantendrán la demanda al alza, mientras que la producción hidroeléctrica y nuclear se mantienen estables pero limitadas. Si los precios del gas no bajan y el viento no remonta, los consumidores tendrán que acostumbrarse a facturas más abultadas.
En el plano empresarial, las industrias electrointensivas —siderurgia, cerámica, química— miran con preocupación cada repunte. Aunque el coste diario no determine su competitividad, la acumulación de jornadas caras sí erosiona sus márgenes. Muchas compañías ya negocian contratos de suministro a largo plazo (PPA) con renovables para aislarse de la volatilidad, una práctica que se extiende también a grandes superficies comerciales y cadenas de distribución.
Las claves para el consumidor doméstico pasan por revisar la potencia contratada, ajustar las rutinas de uso eléctrico y explorar tarifas planas que suavicen los saltos diarios. Pero la solución de fondo, como vengo escribiendo en estas páginas, exige acelerar de una vez el almacenamiento energético. Sin baterías capaces de trasladar los excedentes solares del mediodía a la noche, cada ola de calor nos pondrá ante la misma encrucijada.




