El yen cae a su mínimo en 40 años (161,96 por dólar) y Japón prepara una intervención: la inflación importada golpeará a Europa

El ministro de Finanzas japonés afirma que el Gobierno está preparado para actuar 'en cualquier momento', pero el diferencial de tipos con EE.UU. mantiene la presión bajista. Las exportadoras obtienen récord de beneficios mientras la inflación importada castiga a los consumidores

He seguido minuto a minuto la cotización del dólar-yen en la sesión asiática del martes y hay un dato que refleja la magnitud del desplome: la moneda japonesa tocó 162,40 yenes por dólar, su nivel más bajo en casi cuarenta años, antes de rebotar con fuerza hasta 162,17. Unas horas antes, en Londres, ya había perforado los 161,96, una cota que no veíamos desde 1986. Y, cuando la moneda de la tercera economía mundial se hunde así, las ondas sísmicas no se quedan en el Pacífico.

El ministro de Finanzas, Satsuki Katayama, dio la señal esperada: el Gobierno está listo para tomar «medidas apropiadas en cualquier momento. El lenguaje es deliberadamente ambiguo para no comprometer una intervención concreta, pero Tokio ya gastó más de 70.000 millones de dólares defendiendo el yen el mes pasado. Y vuelve a tener el dedo sobre el gatillo.

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Las cifras que alarman al Ministerio de Finanzas

  • USD/JPY tocó 162,40 en la sesión asiática del 30 de junio, récord desde 1986.
  • El Banco de Japón subió los tipos en junio hasta su nivel más alto en 31 años, pero el diferencial de tipos reales con EE.UU. sigue superando los 500 puntos básicos.
  • El yen carry trade —pedir prestado en yenes para invertir en activos de mayor rendimiento— mantiene la presión vendedora. Los flujos especulativos netos contra la moneda nipona están en máximos históricos.
  • El turismo extranjero se dispara: la debilidad del yen abarata alojamiento, compras y transporte para los visitantes, lo que inyecta ingresos pero también inflación por el lado del consumo.

«No se puede atacar el síntoma, que es un yen más débil, cuando el problema de fondo es la combinación de políticas en Japón. Hasta que los fundamentales no cambien —el diferencial de tipos de interés, el gasto fiscal— el yen seguirá siendo una apuesta relativamente segura a una depreciación adicional».
— Jesper Koll, director experto de Monex Group, en declaraciones a CNA.

El dilema insalvable del BoJ

El diagnóstico de Koll apunta al corazón del problema: el Banco de Japón sube tipos, pero lo hace a un ritmo «muy, muy lento» en comparación con la Reserva Federal, que posiblemente eleve de nuevo el precio del dinero este mismo año si las presiones inflacionarias no ceden. Eso mantiene el diferencial que alimenta la debilidad del yen. Además, el primer ministro Sanae Takaichi ha blindado a los consumidores con subsidios masivos a la energía, una política fiscal expansiva que choca de frente con cualquier intento de endurecimiento monetario agresivo. El BoJ no quiere asfixiar la recuperación doméstica, pero cada día que retrasa la normalización, el coste de la eventual salida se multiplica.

El lado oculto —»el secreto sucio», en palabras de Koll— es que el yen débil es magnífico para las grandes corporaciones japonesas. Los exportadores de automóviles, electrónica y maquinaria ven cómo sus beneficios se hinchan al repatriar ingresos del exterior. Ese alivio para el Nikkei y para los balances empresariales explica por qué, en ciertos despachos de Tokio, la depreciación se sigue mirando con cierta complacencia. Pero la inflación importada erosiona el poder adquisitivo de los hogares y las pymes, y esa grieta acabará forzando un ajuste.

🌐 El efecto dominó en Occidente

La sacudida del yen no es una tormenta lejana. Cuando la moneda japonesa se deprecia, los precios de las exportaciones niponas caen en términos reales, presionando a la baja los márgenes de los fabricantes europeos —desde maquinaria alemana hasta componentes españoles— que compiten con los productos made in Japan. Al mismo tiempo, los costes de las materias primas importadas por Japón, que cotizan en dólares, se disparan en yenes, lo que puede forzar ajustes en las cadenas de suministro globales si Tokio ajusta sus compras.

Para la eurozona, el mayor riesgo es la volatilidad cambiaria desordenada. Una intervención del BoJ que aprecie bruscamente el yen podría provocar turbulencias en el cruce EUR/JPY justo cuando el BCE inicia un ciclo de recortes de tipos. Y si la debilidad del yen persistente acaba exportando deflación, los precios de importación europeos —ya contenidos— recibirían un nuevo empujón a la baja. Los traders de materias primas ya están recalibrando sus modelos: la energía barata para Tokio hoy puede traducirse en más presión desinflacionista para Fráncfort mañana.


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