El hallazgo de una sola vértebra ha logrado lo que décadas de exploración no habían conseguido: confirmar que los dinosaurios pisaron la Antártida. Recogida en 1985 por el geólogo Mike Thomson del British Antarctic Survey, esta pieza ha sido descrita formalmente en Acta Palaeontologica Polonica como el primer resto indiscutible de un dinosaurio hallado en el continente helado. Se trata de una vértebra caudal de un titánosaurio que medía entre seis y siete metros de largo y vivió hace 82 millones de años, cuando la Antártida era un mundo de bosques templados y no el páramo blanco que imaginamos hoy.
Un fósil que tardó cuarenta años en revelar su identidad
La vértebra (catalogada como BAS D.8621.25) fue rescatada durante una campaña geológica en la isla de Ross, dentro de la formación Santa Marta, al norte de la península Antártica. En aquel momento, la expedición de Thomson buscaba amonites y otros fósiles marinos que permitieran datar las capas de roca. Sin embargo, entre el material recogido apareció un hueso de reptil que el propio geólogo anotó en sus cuadernos como “un gran reptil”, sin mayor precisión.
Décadas después, en 2025, el paleontólogo Paul Barrett del Museo de Historia Natural de Londres examinó la pieza y reconoció su verdadera naturaleza. “Cuando la vi por primera vez en nuestras colecciones, sospeché que era un dinosaurio. Al estudiarla con detenimiento, pensé que probablemente era una vértebra de titanosaurio”, explica Barrett en el estudio. El equipo internacional que firma la investigación, que incluye a especialistas del Carnegie Museum y de la Universidad Nacional de La Plata, comparó la vértebra con otras de saurópodos descubiertas recientemente y confirmó la asignación.
La vértebra, de apenas unos centímetros, aparece en los sedimentos marinos del Campaniense. Los científicos creen que el animal murió en tierra firme y su cuerpo fue arrastrado al mar, donde quedó enterrado y fosilizado. Esta circunstancia explica por qué un fósil terrestre acabó mezclado con criaturas oceánicas.
El hueso pasó inadvertido entre amonites y bivalvos durante cuatro décadas, hasta que un ojo entrenado supo leer en sus crestas la firma inconfundible de un saurópodo.
La pequeña vértebra, de apenas unos centímetros, conserva detalles anatómicos que permiten identificar al animal como un titánosaurio indeterminado (Eutitanosauria indet.). Los titanosaurios fueron un grupo muy diverso de saurópodos herbívoros —cuellos largos, colas largas y patas columnares— que dominaron los ecosistemas terrestres del Cretácico. Algunas especies superaban los treinta metros y las sesenta toneladas, pero el ejemplar antártico era modesto: seis o siete metros de longitud, comparable a un autobús urbano. Podría tratarse de un individuo juvenil o, quizás, de una especie enana adaptada a los recursos limitados de la región.
Qué nos dice la vértebra sobre los titanosaurios antárticos
El fósil procede de la formación Santa Marta, una secuencia de rocas del Cretácico Superior que ha proporcionado un rico registro de vida marina, pero muy pocos restos terrestres. Durante el Campaniense, la Antártida no estaba cubierta por el hielo, ocupaba una posición más templada y albergaba densos bosques de coníferas, helechos y angiospermas primitivas. En ese paisaje, los titanosaurios pacían junto a ornitópodos y terópodos, cuyos huesos apenas han aflorado.
El hallazgo es significativo porque los dinosaurios antárticos son extremadamente raros. El 98% del continente está hoy bajo una capa de hielo de varios kilómetros, lo que deja muy pocos afloramientos rocosos accesibles. Cada fragmento óseo es, por tanto, una ventana valiosísima a un ecosistema desaparecido. “Cada nuevo espécimen proporciona información sobre los ecosistemas prehistóricos de la Antártida”, subraya el estudio.

La Antártida aún guarda secretos en sus rocas
Más allá de la mera anécdota paleontológica, este fósil encaja en un rompecabezas mayor: la distribución de los dinosaurios por los continentes del hemisferio sur. Durante el Cretácico, la Antártida formaba parte del supercontinente Gondwana, unida por tierra a América del Sur y a Australasia. La presencia de titanosaurios en la Antártida refuerza las rutas de dispersión que conectaban esos territorios y permite a los investigadores afinar los mapas del pasado. “Los fósiles como este proporcionan pruebas importantes sobre el movimiento y la distribución de los dinosaurios a través de estas antiguas masas continentales”, explica el artículo.
El trabajo destaca algo que suele repetirse en los grandes museos: colecciones que llevan décadas almacenadas siguen arrojando sorpresas. La vértebra de la isla de Ross permaneció en los archivos del Museo de Historia Natural de Londres hasta que un ojo experto la rescató del olvido. “Muestra cómo las colecciones de los museos siguen generando descubrimientos importantes mucho después de que los fósiles fueran recolectados”, señala Barrett.
No obstante, la ciencia exige prudencia. Con una sola vértebra no es posible asignar una especie nueva ni reconstruir con detalle el esqueleto del animal. La hipótesis de que se trate de un dinosaurio enano o de un juvenil no podrá contrastarse hasta que aparezcan más restos. Aun así, el hallazgo marca un hito: es el primer dinosaurio descrito científicamente en la Antártida, y eso ya reescribe la historia de la exploración polar. Desde que la expedición de Thomson recogió el hueso en 1985, ningún otro fósil de dinosaurio había recibido una descripción formal en el continente helado, a pesar de que se han encontrado fragmentos aislados y huellas en otros puntos del globo austral.
Yo he seguido la paleontología antártica con una mezcla de fascinación y paciencia. Cada anuncio de un posible fósil de dinosaurio en el continente blanco solía quedarse en una nota marginal o en un rumor no verificado. Esta vértebra, modesta en tamaño pero respaldada por un estudio con revisión por pares, cierra ese capítulo y abre uno nuevo. La pregunta no es si hay más fósiles bajo el hielo, sino cuándo y dónde aparecerán los siguientes. Las cordilleras costeras y los nunataks —picos rocosos que asoman entre los glaciares— son candidatos obvios, y el deshielo acelerado de las últimas décadas ha dejado al descubierto más superficie de roca de la que había en 1985. Quizá ahora, cuarenta años después, la suerte de Thomson empiece a multiplicarse.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: La primera vértebra de dinosaurio formalmente descrita en la Antártida, perteneciente a un titanosaurio del Cretácico Superior.
- Dónde: Isla de Ross, formación Santa Marta, península Antártica (sedimentos marinos del Campaniense).
- Institución responsable: Museo de Historia Natural de Londres, British Antarctic Survey, Carnegie Museum, Universidad Nacional de La Plata (estudio en Acta Palaeontologica Polonica).
- Cuándo: Fósil recolectado en 1985; descripción científica publicada el 29 de junio de 2026.
- Impacto a futuro: Confirma la presencia de saurópodos en la Antártida prehistórica y anima a prospectar afloramientos rocosos libres de hielo, donde podrían aparecer más restos que completen el retrato de los dinosaurios polares.




