China emerge como ganadora de la crisis de Ormuz: la ONU advierte que la reapertura será lenta para los países en desarrollo

El Asia Group señala que Pekín resistió la crisis energética con reservas y renovables, y ahora capitaliza la aceleración global de la transición. Mientras, la ONU advierte que el alivio tardará en llegar a las economías más débiles.

He analizado el informe del Asia Group publicado ayer, y lo que encuentro es un giro estratégico de primer orden: China ha sido el único país asiático que ha salido fortalecido de la crisis del estrecho de Ormuz. Mientras el resto del mundo lidia con los coletazos del cierre —parcial y temporal— de la ruta que canaliza un quinto del crudo global, Pekín ha usado sus reservas estratégicas y su pujanza renovable para amortiguar el golpe y, ahora, para capitalizar las tendencias económicas desatadas por el conflicto.

Reservas de crudo y renovables: las dos capas de protección china

El informe de la consultora geopolítica detalla que China disponía de una combinación de factores que ningún otro gran importador de petróleo podía replicar con la misma escala. Por un lado, las reservas estratégicas de petróleo del país —las mayores del mundo— permitieron mantener la actividad industrial sin disrupciones durante los meses de mayor tensión en el Golfo Pérsico. Por otro, la acelerada instalación de capacidad renovable redujo la dependencia fósil en un momento crítico.

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Eso sí, el dato más llamativo no está en el pasado, sino en la proyección: la crisis ha actuado como catalizador de la demanda global de paneles solares y vehículos eléctricos, dos sectores en los que China controla más del 70% de la cadena de suministro mundial. El tirón exportador que viene sitúa a las empresas chinas en una posición inmejorable para los próximos ejercicios.

Un contraste amargo para el sur global

«La reapertura gradual del estrecho no aliviará rápidamente los elevados costes energéticos para los países en desarrollo.» — Naciones Unidas, advertencia de junio de 2026

La ONU insiste en que la vuelta a la normalidad en el paso de Ormuz será lenta y sometida a una elevada prima de riesgo. Los fletes y los seguros no regresarán a los niveles previos en meses, y los países que no cuentan con reservas estratégicas ni con producción autóctona de energía seguirán pagando un sobreprecio que asfixia sus balanzas fiscales.

Esto es especialmente grave para economías como Pakistán, Bangladesh o buena parte del África subsahariana, que dependen casi por entero del petróleo importado y no tienen margen para sustituir con renovables a corto plazo. El resultado es una recuperación a dos velocidades que ensancha aún más la brecha entre el mundo desarrollado y el emergente.

Análisis: el giro geopolítico que sí importa a los mercados

Lo que veo en este escenario es un cambio de ciclo en el tablero energético mundial. China no solo ha evitado el colapso de suministro; ha utilizado la crisis para profundizar en su estrategia de seguridad energética dual: mantener un colchón fósil y, al mismo tiempo, inundar el mercado con equipos de generación limpia que los demás necesitan con urgencia.

Las exportaciones chinas de módulos fotovoltaicos ya crecían al 35% interanual antes de la crisis; con el nuevo temor a la dependencia del petróleo de Oriente Medio, ese ritmo puede acelerarse. Y en vehículos eléctricos, las marcas chinas están ganando cuota en Europa incluso antes de que la Comisión Europea haya terminado de revisar sus propios aranceles compensatorios.

El riesgo —y conviene no perderlo de vista— es que el exceso de confianza en la demanda externa lleve a Pekín a sobredimensionar su capacidad productiva y a provocar una guerra de precios que erosione los márgenes justo cuando la financiación global se encarece. Pero, de momento, los números hablan de oportunidad, no de amenaza.

🌍 El impacto en España y Europa

Para el consumidor y la empresa española, esta dinámica tiene dos lecturas inmediatas. La primera: la prima de riesgo geopolítico en el petróleo mantendrá el Brent por encima de los 85 dólares durante más tiempo del previsto, lo que traslada presión al Euríbor vía expectativas de inflación y retrasa los recortes del BCE. La segunda: la avalancha de paneles solares chinos abarata las instalaciones domésticas e industriales en la Península, acelerando el ahorro en la factura eléctrica de hogares y pymes.

Sin embargo, las refinerías españolas —importadoras netas de crudo— y los sectores de transporte intensivo en gasóleo verán comprimidos sus márgenes mientras el precio del barril no ceda. Y para la industria exportadora del IBEX, la paradoja es clara: gana competitividad si acelera su propia descarbonización, pero se enfrenta a un entorno de costes energéticos más altos mientras esa transición se completa.


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