Un equipo internacional de astrónomos, con participación clave de las universidades de Oxford, Costa Azul y Birmingham, ha confirmado la existencia de dos planetas gigantes de una ligereza casi inimaginable. Sus densidades, inferiores a la del algodón de azúcar, los sitúan en la categoría de los planetas superesponjosos, una clase de la que apenas se conocen unos pocos ejemplos. El hallazgo, que aparecerá en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, sienta las bases para que el telescopio espacial James Webb estudie a fondo su enigmática atmósfera en los próximos meses.
Dos hermanos de algodón cósmico a 1.110 años luz
Los dos mundos, bautizados como TOI-791 b y TOI-791 c, orbitan una estrella más fría y pequeña que el Sol a unos 1.110 años luz de distancia, en la constelación de la Popa. La cifra, de por sí abrumadora, se vuelve casi poética cuando recordamos que la luz que hoy captan nuestros telescopios partió de aquel sistema cuando en la Tierra aún no existía la escritura alfabética.
Lo asombroso no es solo su tamaño —comparable al de Neptuno—, sino su masa irrisoria. TOI-791 b es casi tan ligero que, si existiera un océano lo bastante grande, flotaría sin esfuerzo; su densidad media ronda los 0,07 gramos por centímetro cúbico, frente al 1,0 del agua. TOI-791 c apenas triplica esa densidad y, sin embargo, ambos conservan atmósferas hinchadas de hidrógeno y helio que los inflan hasta extremos absurdos.
Los modelos de formación planetaria se tambalean con ejemplares así. “Ningún disco protoplanetario estándar debería producir planetas con tan poca masa en zonas tan cercanas a la estrella”, señala George Dransfield, investigador principal del estudio. La hipótesis más aceptada apunta a que estos gigantes nacieron lejos, en regiones gélidas del disco, y migraron después hacia el interior, arrastrando sus envolturas gaseosas casi intactas.
Ocho años de observaciones, una pista desde la Antártida
La historia del sistema TOI-791 empezó, en realidad, gracias a Planet Hunters TESS, un proyecto de ciencia ciudadana que puso a voluntarios a escrutar las curvas de luz del satélite TESS de la NASA. Los tránsitos detectados sugerían la presencia de dos planetas con periodicidades muy estables. Pero confirmar su naturaleza esponjosa exigió una campaña mucho más dura: ocho años de seguimiento con telescopios repartidos por todo el planeta, incluida una pieza clave en el lugar más remoto de la Tierra.

El telescopio ASTEP, instalado en la estación Concordia de la Antártida, aprovechó la noche austral más negra y constante para observar tránsitos de más de once horas sin interrupción, los más largos registrados jamás desde la superficie terrestre. Aquella hazaña técnica permitió medir las densidades con una precisión sin precedentes. Y las cifras no dejaban lugar a dudas: estábamos ante dos de los mundos más vacíos del cosmos conocido.
Los investigadores confían en que la resonancia orbital en la que viven ambos hermanos —por cada cinco vueltas del más interior, el exterior completa casi tres— congele su historia dinámica y les permita reconstruir cómo migraron hasta su posición actual. El sistema TOI-791 se convierte así en un laboratorio natural para la física de los gigantes gaseosos de baja masa.
El James Webb, pieza clave para leer su atmósfera
Si el trabajo de TESS y ASTEP nos ha revelado qué son, el telescopio espacial James Webb nos dirá ahora de qué están hechos. El instrumento NIRSpec, con su capacidad de espectroscopia infrarroja, ya está programado para apuntar hacia el sistema TOI-791 durante el ciclo de observaciones 2026-2027. Buena parte de la comunidad astronómica espera detectar firmas de dióxido de carbono, metano y vapor de agua en las atmósferas de estos planetas, compuestos que, de hallarse, darían pistas decisivas sobre el enriquecimiento en elementos pesados y la evolución de su envoltura gaseosa.
El algodón de azúcar es uno de los pocos objetos cotidianos que supera en ligereza a estos gigantes hinchados.
La observación no está exenta de desafíos. La estrella de TOI-791 es débil y la señal del tránsito, en el infrarrojo, será apenas perceptible. Sin embargo, los resultados preliminares de simulación, recogidos en el estudio que ahora publica Monthly Notices, indican que con solo dos tránsitos el Webb podría discriminar entre una atmósfera rica en metales y una casi pura de hidrógeno y helio. La respuesta, por tanto, podría llegar en cuestión de meses.
Cabe recordar que este tipo de planetas superesponjosos sigue siendo una rareza estadística: apenas se habían confirmado otros cuatro sistemas múltiples con estas características antes de TOI-791. Cada nuevo caso afila, o desmorona, los modelos. Y la capacidad del Webb para oler atmósferas a 1.110 años luz convierte este hallazgo en un adelanto, casi un tráiler, de lo que el telescopio más potente de la historia puede ofrecer.
El misterio último —por qué existen planetas que parecen vacíos— no se resolverá con una sola observación. Pero tener por primera vez un banco de pruebas tan extremo a tiro del Webb supone abrir una ventana a la química de los mundos más frágiles de la galaxia. Y a la posibilidad de que, en alguna parte, la naturaleza se haya vuelto a salir del guion.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Dos planetas gigantes de densidad extremadamente baja (menor que la del algodón de azúcar) clasificados como superesponjosos.
- Dónde: Sistema TOI-791, a 1.110 años luz en la constelación de la Popa.
- Institución responsable: Estudio liderado por la Universidad de Oxford, en colaboración con las universidades de Costa Azul y Birmingham, y con datos clave de la estación Concordia (Antártida).
- Cuándo: Anuncio en julio de 2026; observaciones de TESS y ASTEP abarcan desde 2018 a 2026. Se espera que el James Webb apunte al sistema en 2026-2027.
- Impacto a futuro: El Webb analizará sus atmósferas; los resultados podrían obligar a reescribir los modelos de formación de gigantes gaseosos poco densos.




