El Gobierno británico ha anunciado hoy un refuerzo de 15.000 millones de libras —unos 17.400 millones de euros al cambio actual— para el presupuesto de defensa en los próximos cuatro años. La cifra es menor de lo que reclamaban los altos mandos militares, pero suficiente para que el primer ministro, Keir Starmer, llegue a la cumbre de la OTAN del 7 de julio con un compromiso tangible: el gasto militar alcanzará el 2,7% del PIB en 2029.
El llamado Plan de Inversión en Defensa, presentado tras meses de retrasos y tensiones internas en el Ejecutivo laborista, prevé una inversión total de 340.000 millones de euros en los próximos cuatro años. Una de las partidas que más me ha llamado la atención es la destinada a drones: 5.800 millones de euros para transformar el Ejército británico en una fuerza “híbrida”, con sistemas autónomos y capacidades adaptadas a la inteligencia artificial. Es un giro doctrinal que refleja lo que ya se está viendo en Ucrania y que Starmer ha calificado de “más vital que nunca”.
Las cifras clave del plan y el contexto de la OTAN
El anuncio llega una semana antes de la cumbre de la Alianza en Vilna y a pocas semanas de la salida de Starmer de Downing Street, lo que añade una capa de urgencia política a la decisión. Estos son los números que he extraído del plan:
- Inversión total en cuatro años: 340.000 millones de euros, incluyendo el refuerzo adicional de 17.400 millones.
- Objetivo inmediato: alcanzar el 2,7% del PIB en defensa en 2029, por encima del umbral del 2% que fija la OTAN como mínimo.
- Meta a largo plazo: llegar al 3,5% del gasto en defensa en 2035 —un 5% si se suman partidas de seguridad y resiliencia nacional—, en línea con lo acordado por los aliados en 2025.
- Drones y guerra autónoma: 5.800 millones de euros para sistemas no tripulados e inteligencia artificial aplicada a las fuerzas armadas.
Sin embargo, el plan nace con una sombra: el Ministerio de Defensa había solicitado inicialmente 28.000 millones de libras adicionales, casi el doble de lo finalmente aprobado. La diferencia la ha cubierto el Tesoro con recortes en otros ministerios y la cancelación de proyectos energéticos y de infraestructuras. La pregunta que queda en el aire es si este ajuste presupuestario será sostenible cuando la próxima crisis fiscal llame a la puerta.
“La paradoja de la paz es que, cuando el mundo se está armando y la agresión va en aumento, la mejor forma de evitar la guerra es prepararse para ella. Putin no se detendrá en Ucrania, sino que dirigirá su mirada hacia otros aliados.” — Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido, presentación del Plan de Inversión en Defensa, 30 de junio de 2026
Un rearme con los pies de barro fiscal
Lo que veo aquí es un Gobierno que intenta cerrar una herida política antes del relevo en el liderazgo laborista. La dimisión de John Healey como ministro de Defensa a principios de junio evidenció que financiar el rearme sin recurrir al mercado de deuda era una tarea casi imposible. Starmer ha evitado el endeudamiento adicional, pero a costa de debilitar otras áreas del gasto público. La cuadratura del círculo fiscal británico sigue sin resolverse.
El foco se desplaza ahora hacia Andy Burnham, favorito para suceder a Starmer en las próximas semanas. Sus aliados aseguran que respalda el plan, pero no han detallado cómo piensa sufragar el salto al 3% del PIB a partir de 2030 si mantiene las reglas fiscales actuales. El margen de maniobra es estrecho, y la historia reciente del laborismo sugiere que este debate no ha hecho más que empezar. De hecho, varios think tanks británicos ya advierten de que serán necesarios nuevos recortes en el gasto social para cumplir con los compromisos de defensa.
El contexto geopolítico, no obstante, deja poco espacio para la duda. La invasión rusa de Ucrania ha reconfigurado el tablero de la defensa europea, y el mensaje de Starmer —“la mejor forma de defenderse es disuadir”— resuena en un continente que asiste a un ciclo de rearme sin precedentes desde la Guerra Fría. El Reino Unido se alinea así con países como Polonia o los Estados bálticos, que ya superan ampliamente el umbral del 2% del PIB.
🌍 El impacto en España y Europa
El anuncio británico tiene una lectura directa para España y el resto de socios europeos de la OTAN. El Reino Unido se sitúa en el 2,7% del PIB en defensa, mientras que España sigue por debajo del 1,3%, en el vagón de cola de la Alianza. La cumbre del 7 de julio renovará la presión sobre los países que aún no alcanzan el umbral del 2%, y el precedente británico —con recortes en otras partidas para financiar el rearme— anticipa el tipo de dilemas fiscales que pueden llegar pronto al Congreso de los Diputados.
Para el consumidor español, la traducción es indirecta pero relevante: un mayor gasto militar europeo sostenido en el tiempo tiende a presionar al alza los déficits públicos y, con ellos, las primas de riesgo. En un escenario de tipos aún elevados, cualquier señal de descontrol fiscal en las economías de la eurozona puede afectar al spread de la deuda española frente al Bund alemán y, por extensión, al Euríbor. El gasto en defensa ha dejado de ser una cuestión exclusivamente de seguridad: es ya una variable macroeconómica de primer orden.




