VisualPolitik desvela por qué Arabia Saudí frena la Visión 2030 y sus megaproyectos

La Visión 2030 saudí se desmorona: The Line, Trojena y los megaproyectos que iban a transformar el reino se estrellan contra la realidad petrolera y la falta de instituciones. VisualPolitik analiza por qué el plan faraónico de Bin Salmán está fracasando.

Una línea recta de 170 kilómetros cortando el desierto, dos muros de medio kilómetro de altura y 9 millones de habitantes sin coches ni emisiones. Eso prometía The Line, el proyecto estrella de Mohamed bin Salmán. En 2021 se presentó como la competencia directa de Miami, Singapur o Dubái en entretenimiento y cultura. Hoy, según VisualPolitik, apenas se han construido 2,4 kilómetros. La joya de Visión 2030 se apaga y con ella todo un castillo de naipes.

El canal VisualPolitik ha diseccionado en su último análisis por qué el plan más ambicioso y caro del mundo se está desmoronando. La respuesta no está solo en la guerra que sacude Irán y el golfo Pérsico; los problemas venían de mucho antes y están grabados en el propio diseño del programa.

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Una constelación de megaproyectos que se quedó en renders

De Line no era la única locura. VisualPolitik recuerda que la Visión 2030 incluía Trojena, una estación de esquí en el desierto que debía albergar los Juegos Asiáticos de Invierno de 2029, el rascacielos cúbico Mukaab de 400 metros o un resort de ultra lujo en una isla del Mar Rojo. Detrás de todo ello estaba Neom, un megaproyecto valorado en 500.000 millones de dólares. Sin embargo, en septiembre de 2025 el Fondo Público de Inversión saudí suspendió la construcción de The Line. Las perforadoras quedaron clavadas en la arena y los trabajadores desmovilizados. En noviembre de ese mismo año, el Financial Times informó de que los propios arquitectos empezaban a dudar de la viabilidad.

Los números oficiales ya resultaban difíciles de creer: el costo total de Neom se disparó a casi 9 billones de dólares, con plazos de ejecución que superaban los 50 años, según una auditoría interna. La inversión extranjera que Riad esperaba nunca llegó. Lo que en los despachos parecía una cuestión de voluntad política, chocaba contra las leyes del mercado.

Los avances sociales que sí llegaron

Pero no todo ha sido fracaso. Desde VisualPolitik señalan que la faceta social del plan sí ha cosechado resultados. La participación femenina en el mercado laboral casi se duplicó, pasando del 19,7 % en 2018 al 36,3 % a principios de 2025 superando con creces el objetivo del 30 %. El desempleo bajó del 12,3 % al 7,2 %, y el turismo alcanzó los 122 millones de visitantes en 2025, siete años antes de lo previsto. Hay cines, conciertos y mujeres al volante, un deshielo cultural vertiginoso para los estándares del Golfo.

Sin embargo, el verdadero corazón de Visión 2030 nunca fue que los saudíes pudieran ir al cine. Era dejar de depender del petróleo. Y ahí, apunta VisualPolitik, el fracaso es estrepitoso.

El plan para dejar de depender del petróleo funciona gracias al propio petróleo.

— VisualPolitik

La paradoja que financiaba la huida del petróleo con petróleo

Casi todo el dinero de Visión 2030 sale, directa o indirectamente, de Aramco. En 2025, la petrolera estatal ingresó más de 180.000 millones de dólares vendiendo crudo y repartió buena parte de sus beneficios como dividendos. Como el Estado saudí controla la mayor parte de la compañía, más de la mitad de los ingresos presupuestarios del reino fluyen desde Aramco. Esos fondos nutren, a su vez, al Fondo de Inversión Pública (PIF), el gran inversor de los megaproyectos.

El plan exigía que las nuevas fuentes de riqueza empezaran a generar dinero, pero eso no estaba ocurriendo. Mientras los ingresos petroleros flaquearon por unos precios del crudo poco boyantes, los sobrecostes se multiplicaban. Para justificar los gastos, según VisualPolitik, el sistema recurrió a una contabilidad inflada: las previsiones de ingresos por turismo, alojamiento y demanda se adulteraban para cuadrar los enormes presupuestos. Así, una habitación de hotel que debía generar 489 dólares por noche pasó a generar 1.800 en los modelos financieros.

La guerra en Irán, el acelerador letal

En abril de 2026, Riad se preparaba para presentar una nueva fase de inversión «más disciplinada». Ese mismo día, los misiles iraníes impactaron contra el corazón petroquímico del país y paralizaron la producción de Sabic, la mayor empresa industrial del reino. La guerra, dice VisualPolitik, ha sido la puntilla que ha congelado los flujos de capital y disparado el riesgo país. Las salidas a bolsa se detuvieron y los banqueros vieron desplomarse unas comisiones que aspiraban a alcanzar los 1.000 millones de dólares.

Pero el conflicto no es la causa de fondo. El FMI ya había alertado en julio de 2025 del déficit del gobierno saudí, The Line llevaba paralizada meses y la acción de Aramco cotizaba un 20 % por debajo de su precio de salida. Vender nuevos paquetes suponía malvender el tesoro nacional. La presión sobre el dinero se disparó y los megaproyectos comenzaron a desaparecer del discurso oficial.

Lo que Dubái sí hizo y Riad no quiso copiar

Dubái hace 30 años era un puerto del desierto con algo de petróleo y poca infraestructura. Hoy, con el paréntesis de la guerra, es el centro financiero más importante entre Europa y Asia, uno de los destinos turísticos más visitados del mundo y apenas depende del crudo: el oro negro supone solo el 1,4 % de su PIB. La receta, explica VisualPolitik, no fueron los rascacielos, sino las instituciones.

Dubái arrancó creando zonas francas donde las empresas extranjeras podían operar con el 100 % de la propiedad, sin impuesto de sociedades y con garantía de repatriación de beneficios. Luego dio un paso más: ciudades financieras con autonomía jurídica. El Dubai International Financial Centre funciona con legislación basada en el common law, tribunales independientes y el inglés como idioma oficial. En 2024 gestionaba activos por valor de 700.000 millones de dólares y albergaba 7.700 compañías activas.

Arabia Saudí, en cambio, apostó por el hormigón. Como señala VisualPolitik, Mohamed bin Salmán necesita construir legitimidad alrededor de la idea del líder transformador. Ceder autonomía institucional choca con un sistema hipercentralizado. Las reglas claras y los jueces capaces de fallar contra el Estado no encajan en una narrativa que gira en torno al poder absoluto. Por eso Riad eligió los renders: porque una zona franca no es espectacular, no sale en un vídeo futurista, pero es lo que convierte una economía artificial en una economía real.

El desenlace está por escribirse. La pregunta que deja VisualPolitik en el aire es si Arabia Saudí puede levantar un ecosistema tecnológico real sin construir antes las instituciones que lo sostendrían; o si todo esto es una nueva versión del mismo error con distinto envoltorio.

Puedes ver el análisis completo a continuación.


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