Volkswagen y sus despidos en Europa: planea cerrar fábricas y eliminar 100.000 empleos para competir con China

La mayor compañía automovilística europea estudia cerrar su planta más moderna de eléctricos mientras reparte dividendos. ¿Por qué una fábrica que funciona y vende siete modelos eléctricos a pleno rendimiento aparece en la lista de sacrificios?

Volkswagen se enfrenta a lo que podría ser el mayor recorte de empleo industrial en la historia de Europa. Un documento interno filtrado al semanario Manager Magazin y confirmado por dos fuentes independientes apunta al cierre de plantas y a la destrucción de hasta 100.000 puestos de trabajo. Pero lo que asombra no es la cifra, sino el contexto: la compañía no está en bancarrota; acaba de repartir dividendos.

Zwickau: el símbolo de una decisión que desafía la lógica

Apenas unos kilómetros al este de la sede central de Wolfsburg, la planta de Zwickau produce siete modelos eléctricos distintos a pleno rendimiento. Marc Vidal la describe como una de las factorías más modernas y eficientes del grupo, y sin embargo, según el plan que el consejo de supervisión debatirá el 9 de julio, figura en la lista de cierres. La fábrica no pierde dinero, no ha dejado de vender y cada mañana miles de empleados siguen fichando con normalidad.

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Una frase que entierra 70 años de modelo económico

Al ser preguntado por el plan, un portavoz de Volkswagen soltó una declaración que Vidal califica de lapidaria: “El modelo de negocio de toda la vida —desarrollar coches en Alemania, fabricarlos en Europa y exportarlos al mundo— ya no funciona”. Para el analista, eso no es la confesión de una empresa con problemas; es la radiografía exacta del motor económico de Alemania que sostuvo la prosperidad alemana y europea desde la posguerra.

Cuando General Motors se declaró en bancarrota en 2009 y eliminó decenas de miles de empleos, lo hizo porque estaba quebrada. Ahora Volkswagen reparte dividendos mientras se dispone a un ajuste de escala comparable. Esa diferencia, insiste Vidal, lo cambia todo: ya no se trata de caer para levantarse, sino de desmontar una estructura rentable porque el capital prefiere otra cosa. En lugar de una destrucción creativa clásica, donde cae una tecnologia obsoleta para que emerja lo nuevo, aquí lo que se apaga es al propio inventor de la tecnología automovilística.

Esa paradoja es la que conecta directamente con el destino de Zwickau: una planta eficiente, con los siete eléctricos más modernos del grupo, y aún así señalada para el cierre. Como subraya el creador, “la fábrica que funciona no te salva si la matriz decide que el capital rinde más troceado que fabricando”.

‘Eso no es la confesión de una empresa con problemas. Es la descripción exacta del motor económico de Alemania durante los últimos 70 años’

— Marc Vidal

Competencia china y el enemigo en casa: los costes energéticos

Vidal conecta la decisión de Volkswagen con dos factores estructurales. Por un lado, la energía en Alemania es estructuralmente cara desde que se perdió el gas barato ruso, y un coche eléctrico se fabrica con energía, no solo con acero. Por otro, los fabricantes chinos han desplazado a Volkswagen como la marca más vendida en su propio mercado doméstico. La combinación de ambas presiones convierte la fabricación europea en un negocio de márgenes menguantes.

Cuando el ajuste viaja hacia el sur: el temblor que asoma en España

La cadena de valor del automóvil no es alemana, es europea. Plantas como Martorell —con Seat y Cupra—, Pamplona y la factoría de baterías de Sagunto, todavía en construcción, dependen de las decisiones que se tomen en Wolfsburg. En el anterior ajuste de 2024 ya se recortaron turnos en Pamplona. Con un plan de la envergadura actual, el riesgo para España es directo. Vidal lo advierte con un ejemplo que golpea: que tu fábrica funcione no te salva; si la matriz decide que el capital rinde más troceado que fabricando, la eficiencia deja de ser un escudo.

Capital contra tecnoestructura: el verdadero motor del desguace

El analista recurre a John Kenneth Galbraith para explicar el cambio de poder dentro de las grandes corporaciones. Durante décadas mandó la tecnoestructura —los ingenieros, los que saben hacer coches—. Ahora manda el financiero que diseña la salida a bolsa y para quien la fábrica es un activo más, algo que se conserva mientras no haya una alternativa más rentable. Esa lógica, apunta Vidal, es la que explica por qué una planta como Zwickau puede aparecer en la lista de sacrificios. La fábrica deja de ser el centro de la empresa y se convierte en una pieza prescindible.

El caso Volkswagen no es un episodio aislado de una multinacional en apuros. Es, como sostiene Marc Vidal, el ensayo de un modelo que puede replicarse a lo largo y ancho de la industria europea. Conviene entenderlo antes de que el ajuste cruce los Pirineos. Funcionaba y no fue suficiente: esa es la frase que define la economía que viene, más allá de las cifras que se repitan estos días. La pregunta que queda en el aire es si Europa está dispuesta a dejar que su motor industrial se apague mientras las cuentas de resultados brillan para unos pocos.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Marc Vidal en YouTube.


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