El IPC adelantado de junio de 2026 confirma lo que ya anticipaban los datos de abril y mayo: la inflación general se mantiene en el 3,2% interanual. La subyacente, que excluye alimentos frescos y productos energéticos, da una alegría al bajar dos décimas y situarse en el 2,9%, según el indicador publicado este lunes por el INE.
La fotografía es calcada a la del mes anterior, pero los matices importan. La energía vuelve a ser el lastre, con subidas en el gas y la electricidad que, esta vez, se ven contenidas por la prórroga de las medidas anticrisis. Los alimentos elaborados, por su parte, muestran una moderación más clara que en invierno.
Inflación estable, pero con matices
El 3,2% general escondía en mayo un repunte de los carburantes y la electricidad que se ha suavizado en junio. La inflación subyacente en el 2,9% es la más baja desde febrero de 2025 y refuerza la tesis de que los precios más persistentes van cediendo, aunque a un ritmo lento.
El componente energético, clave en la cesta de consumo, ha jugado a favor del Gobierno. La extensión del bono social eléctrico y la reducción del IVA del gas han amortiguado los picos del mercado mayorista. Sin esas medidas, la inflación general podría rondar el 4%.
En la cesta de la compra, los alimentos frescos han dado un respiro. Las frutas y hortalizas de temporada han tirado a la baja, mientras que el aceite de oliva sigue en máximos pero con menor ritmo de subida. El sector alimentario no termina de sacudirse la presión en los lineales.
Plan anticrisis en el punto de mira
El Ejecutivo mantiene por ahora el paquete de ayudas que incluye la rebaja del IVA al 0% en productos como el pan, la leche o los huevos, la reducción del gas y la electricidad, y la gratuidad del transporte de cercanías. Son medidas que caducaban el 30 de junio, y fuentes de Moncloa apuntan a una prórroga selectiva.
La decisión es delicada. Retirar de golpe las ayudas inyectaría entre 0,4 y 0,7 puntos a la inflación general, según cálculos de Funcas. Pero mantenerlas sin límite cuesta al erario público unos 18.000 millones al año.
La inflación no es un número abstracto: la cesta de la compra de junio le cuesta a una familia tipo 52 euros más que hace un año, justo la mitad de lo que subía en plena escalada de 2023.
El Banco de España lleva meses advirtiendo de que las ayudas generalizadas distorsionan las señales de precios y retrasan el ajuste del consumo. La decisión de Bruselas sobre la prórroga del marco temporal estatal añade otra capa de incertidumbre.
Análisis: ¿estabilización o respiro artificial?
Ver un IPC en el 3,2% por tercer mes consecutivo puede leerse como una buena noticia. Pero es una estabilización asistida. Sin las medidas anticrisis, el indicador llevaría meses por encima del 3,5%. La cuestión es si la economía está generando los cimientos para sostenerse cuando ese paraguas desaparezca.
Yo creo que todavía no. La inflación de servicios se resiste a bajar por debajo del 3,7% en España, frente al 2,8% de la Eurozona. Eso es un diferencial de competitividad peligroso si el BCE mantiene los tipos altos. Mientras el turismo, la hostelería y los alquileres sigan presionando, la subyacente puede volver a repuntar en otoño.
La gran incógnita es cómo responderá el Gobierno tras el verano. Si prorroga las ayudas al gas y la luz otros seis meses, la inflación se contendrá artificialmente y el coste fiscal se cronificará. Si las retira, el IPC puede rozar el 4% en septiembre y avivar el malestar social que ya se percibe en las encuestas.
Conviene recordar que el objetivo de inflación del BCE es del 2% y que España lleva once meses por encima. La convergencia con Europa sigue lejos, y los precios de la energía en el invierno de 2026-2027 serán el test definitivo.
Mientras tanto, el dato de junio es un empate técnico que deja al lector en la misma casilla de salida. Un 3,2% que no asusta pero tampoco convence. Y un 2,9% subyacente que, si se consolida, podría quitar argumentos a quienes piden más restricciones monetarias. Pero de eso hablaremos en julio.





