Mahou San Miguel ha cerrado el ejercicio 2025 con una cifra de inversión que no tiene precedentes en sus más de 130 años de historia: 566 millones de euros. Y lo ha hecho mientras tomaba una decisión que los hosteleros de barra y terraza agradecieron en silencio: no subir el precio de la cerveza. El esfuerzo inversor, que la propia compañía califica de “récord absoluto”, ha coincidido con un desplome del 12,6% en su beneficio neto, que se quedó en 100 millones de euros, y una caída del 1,9% en la facturación, que se situó en 1.895,6 millones. Pero la prioridad, según ha comunicado la cervecera en su sala de prensa corporativa, ha sido blindar al canal hostelero.
El año pasado no fue fácil para el sector cervecero. El consumo nacional retrocedió y, con él, los ingresos de uno de los grandes motores del gran consumo español. Mientras sus competidores ajustaban tarifas, Mahou optó por apretarse el cinturón y no trasladar ningún aumento de costes al hostelero. La factura se salda con un recorte de margen que, según las cuentas consolidadas, ha sido relevante pero asumible.
Una inversión de 566 millones para estar al lado del bar
La cifra de 566 millones de euros destinados a inversión en 2025 no es un simple número. Representa la mayor apuesta industrial y comercial de Mahou San Miguel en un solo ejercicio. El desglose, aunque no se ha hecho público al detalle, incluye partidas de renovación de equipamiento, digitalización de procesos, mejoras en las plantas de producción y expansión del parque de barriles y tiradores que abastece a la hostelería.
En el contexto actual, con el consumo de cerveza en España dando síntomas de agotamiento y la inflación de materias primas aún sin domar, el mensaje es inequívoco: Mahou está dispuesta a sacrificar rentabilidad a corto plazo para mantener su relación con los bares. No es caridad. Es estrategia de largo recorrido. La compañía sabe que más del 65% de sus ventas dependen del canal hostelero, y perder ese músculo supondría una herida mucho más profunda que un recorte en la cuenta de resultados.
La decisión de congelar el precio de la cerveza de barril y de las referencias más populares en hostelería se tomó en el primer trimestre de 2025 y se ha mantenido durante todo el año. ‘No toca subir el precio’, fue la frase con la que el presidente ejecutivo, Alberto Rodríguez-Toquero, zanjó cualquier especulación interna. Y así ha sido.
El coste de la apuesta: cae la facturación y el beneficio se resiente
Los resultados financieros reflejan la factura de esa decisión. Mahou San Miguel ingresó 1.895,6 millones de euros, un 1,9% menos que el año anterior. El descenso, aunque contenido, rompe una senda de crecimiento que parecía consolidada antes de la crisis de suministros. El beneficio neto, por su parte, se desplomó un 12,6% hasta los 100 millones de euros, una cifra que la empresa atribuye directamente a la combinación de la caída del consumo con la contención de precios.
Hay un dato que brilla en medio de estas cifras: el EBITDA creció un 1,9% en términos comparables. Esto sugiere que la operativa básica del negocio se mantiene sólida y que la erosión del beneficio neto está más vinculada a la propia decisión estratégica de inversión y a la amortización de los activos que a un agujero en la cuenta de explotación. Es lo que en la jerga financiera se llama “invertir el margen en futuro”. Y eso es exactamente lo que ha hecho Mahou.
La hostelería española, sin embargo, respira. Con un verano que se prevé caluroso y un turismo que sigue batiendo récords, la estabilidad de precios en la caña puede ser un factor diferencial a la hora de que bares y restaurantes mantengan afluencia. Mahou ha comprado tiempo y lealtad.
Sacrificar 100 millones de beneficio para no subir la caña al hostelero es un órdago que solo una empresa con más de un siglo de historia puede permitirse.
Análisis: un movimiento maestro o una cesión peligrosa
La decisión de Mahou San Miguel de mantener los precios de la cerveza congelados en un entorno inflacionista y de demanda a la baja es un gesto que merece ser leído en clave sectorial, no solo contable. En el corto plazo, es una puñalada a la cuenta de resultados; en el largo, una declaración de principios. La cervecera madrileña no quiere ser un simple proveedor, sino un socio estratégico de los bares. Y eso puede gustar o no a los analistas, pero a los hosteleros les da aire.
Históricamente, Mahou ha jugado un papel estabilizador en la hostelería. Durante la pandemia de 2020 ya se comprometió a reponer barriles no consumidos y a no penalizar a los locales cerrados. Aquello fue un coste sin retorno inmediato, pero le otorgó un capital reputacional que ahora vuelve a poner en juego. Esta vez, sin embargo, el escenario es distinto: no hay ayudas públicas ni ERTE generalizados, pero sí un consumo de cerveza que, según los datos del sector, cayó entre un 3% y un 4% en 2025. Un descenso que, de prolongarse, podría hacer insostenible la política de precios actual.
El verdadero reto para Mahou no está en 2025, sino en 2026 y 2027. Si el consumo se recupera —y todo apunta a que el verano puede dar un respiro—, la jugada será recordada como una maniobra de inteligencia corporativa. Si no, tendrá que replantearse porque, como sabe cualquier hostelero, nada es gratis. Ni siquiera la cerveza.
La inversión récord, por tanto, es también un mensaje al mercado: Mahou no se está quieta. Mientras espera que el consumidor vuelva al bar, sigue apostando por la innovación y la capacidad productiva. El año 2025 ha sido el del sacrificio y la siembra; 2026 será el de la cosecha o el de la duda. No hay término medio.
Cosas que pasan en 2026.




