Puerto de Bilbao pide retrasar la prohibición del gas ruso más allá de enero 2027

El presidente del enclave vasco, Iván Jiménez, alerta del riesgo de una dependencia excesiva de Estados Unidos si la UE no aplaza el veto. En mayo, el 27,8% del gas importado por España procedía de Rusia, un repunte del 58,5% interanual que la ministra Aagesen considera temporal.

Apenas faltan seis meses para que la Unión Europea dé el carpetazo definitivo al gas natural licuado (GNL) ruso. Sin embargo, el presidente del puerto de Bilbao, Iván Jiménez, ha decidido romper la unanimidad política y pedir más tiempo. La fecha del 1 de enero de 2027, acordada por los Veintisiete tras años de negociaciones, empieza a resquebrajarse desde uno de los hubs gasistas más estratégicos del continente.

En una entrevista con el diario Financial Times, Jiménez defiende la prohibición como principio pero advierte de que un corte abrupto “no se puede hacer de un día para otro”. Su temor no es menor: que Europa acabe sustituyendo la dependencia energética de Moscú por una dependencia igual de incómoda de Washington.

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La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, se mantiene firme en la fecha prevista. “Europa necesita dejar de lado totalmente el gas ruso y creemos que es posible hacerlo el uno de enero”, declaró al mismo medio. El choque entre el responsable de uno de los mayores centros de importación de gas de Europa y el Ejecutivo español tensa el debate justo cuando la medida está a punto de aplicarse.

Bilbao alza la voz: ‘No se puede cortar de un día para otro’

Jiménez es una de las pocas voces del sector que ha criticado abiertamente el calendario del veto desde que se selló en diciembre. A su juicio, la Unión Europea debería mostrarse “más firme y valorar qué es lo que más le conviene en este momento”. El contexto, sostiene, no acompaña: las importaciones de GNL ruso han repuntado en los últimos meses en toda Europa, y el gas procedente de la planta siberiana de Yamal, operada por Novatek, sigue siendo competitivo tanto en precio como en calidad.

El presidente del puerto advierte de que los importadores intentarán traer “la mayor cantidad posible” de producto ruso antes de que se active el embargo, lo que distorsiona aún más el mercado. Además, apunta a la presión que ejercerá el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para mantener la prohibición, ya que eso impulsaría las exportaciones estadounidenses de GNL hacia Europa. “El señor Trump insistirá en ello para tratar de mantener esta prohibición, pero creo que la Unión Europea debería mostrarse más firme”, subraya Jiménez. La calidad del gas ruso es buena y, “en cuanto a los precios, suele ser más barato que el [gas] procedente de Estados Unidos”.

Sin un reemplazo fiable del gas ruso, la UE corre el riesgo de pagar la seguridad energética con una factura geopolítica igual de alta: la dependencia extrema de Estados Unidos.

El repunte del GNL ruso en España: los datos que encienden el debate

Los números que maneja Enagás son contundentes. En mayo de 2026, el 27,8% del gas importado por España procedió de Rusia, un porcentaje un 58,5% superior al registrado en el mismo mes de 2025. Las estadísticas del puerto de Bilbao son aún más elocuentes: en 2024 los envíos rusos supusieron más de tres cuartas partes de las importaciones totales del enclave.

Tras el anuncio de la prohibición, la cuota rusa se desplomó al 48% en 2025, empujada por los esfuerzos europeos de diversificación y el crecimiento del suministro procedente de Estados Unidos. Sin embargo, entre enero y mayo de este año, la tendencia ha vuelto a invertirse: el gas ruso ha escalado al 59% del total, mientras que la cuota estadounidense ha caído al 40%. Buena parte del GNL que entra por Bilbao se reexporta posteriormente a países como Alemania, a través de la comercializadora Sefe, lo que multiplica la huella rusa en el mercado interior europeo.

gas ruso España

El perfil logístico de Bilbao explica parte del fenómeno. En los primeros cinco meses de 2026 fue el cuarto destino europeo de los cargamentos de Yamal, solo por detrás de Zeebrugge, Montoir y Dunkerque. Además, los procedimientos aduaneros españoles facilitan la importación de GNL ruso en comparación con otros países, gracias a un sistema de códigos QR que agiliza las verificaciones. Un coladero normativo que, a ojos de los críticos del veto, invita a los importadores a seguir llenando los tanques antes de que se cierre la puerta.

La vicepresidenta Aagesen resta dramatismo al repunte y lo atribuye a “operaciones logísticas en un contexto muy volátil de precios”, calificándolo de “temporal”. No obstante, los datos ponen de manifiesto que el apetito de los importadores españoles por el gas ruso sigue intacto a seis meses de la fecha límite, y que el margen para maniobras de última hora es amplio.

Dependencia de Estados Unidos y el precio de la coherencia geopolítica

La petición de Jiménez choca de frente con la narrativa oficial comunitaria, pero enciende un debate incómodo. La UE ha pasado de recibir el 6% de su GNL de Estados Unidos en 2021 al 29% en 2025, consolidando a Washington como segundo suministrador por detrás de Noruega. Una dependencia que, en un contexto de políticas comerciales agresivas y un Trump decidido a usar la energía como palanca de presión, puede resultar tan arriesgada como la anterior dependencia rusa.

El argumento no es nuevo: ya en 2022, varios analistas advirtieron de que sustituir un proveedor monopolístico por otro con incentivos geopolíticos distintos era una solución incompleta. Pero ahora, con la fecha del corte sobre la mesa y las terminales de GNL europeas trabajando casi a pleno rendimiento, el margen de error es mínimo. Comprar más gas estadounidense puede estabilizar el suministro a corto plazo, pero encarece la factura –el GNL de EE.UU. suele negociarse con primas sobre los índices europeos– y pone en manos de la Casa Blanca una herramienta de negociación que ya ha demostrado estar dispuesta a usar.

Yo creo que España, con sus siete terminales de regasificación y una capacidad de almacenamiento envidiable, está ante una oportunidad estratégica. Pero solo si se gestiona con cabeza fría. Acelerar la prohibición sin asegurar contrapartidas de suministro alternativo nos expone a una tormenta de precios que pagarán los consumidores. La Comisión ya ha aplazado las conversaciones sobre el petróleo y la energía nuclear rusos; quizá una prórroga técnica para el GNL, aunque sea para ciertos Estados miembros, no sería una derrota sino un síntoma de realismo.

El pulso entre Bilbao y el Ministerio refleja la tensión entre la urgencia moral de cortar los lazos con Moscú y la pragmática del suministro diario. Los próximos seis meses serán decisivos: si el gas ruso sigue fluyendo al ritmo actual, el golpe del 1 de enero de 2027 será más brusco de lo que muchos cálculos oficiales anticipan. Y entonces, como bien dice Jiménez, la resiliencia de la que tanto se habla se medirá en precios al alza y en llamadas urgentes a Washington. No parece el mejor escenario para una transición energética ordenada.


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