La banca española apuesta por despidos pactados ante la inteligencia artificial que reducirá un 30% del empleo

Las entidades negocian prejubilaciones y salidas voluntarias para evitar conflictos mientras la automatización avanza. La digitalización masiva podría eliminar hasta 25.000 puestos en la próxima década.

La banca española está moviendo ficha antes de que la inteligencia artificial (IA) recorte sus plantillas en un 30 %. Según los datos que manejan los grandes bancos y que recoge El Confidencial, la automatización podría eliminar hasta un 30% de los empleos del sector en los próximos diez años. Un ajuste silencioso que, de momento, se negocia en forma de prejubilaciones y salidas incentivadas.

Una reconversión laboral pactada: prejubilaciones y salidas incentivadas

Los bancos españoles —Santander, BBVA, CaixaBank o Sabadell— están presentando ya a los representantes de los trabajadores planes de ajuste que eviten los despidos forzosos. La estrategia es doble: por un lado, acelerar las prejubilaciones de los empleados de mayor edad y, por otro, ofrecer paquetes de salida voluntaria a quienes no se adapten a las nuevas funciones. La IA acorta los procesos, reduce las tareas administrativas y hace innecesarias a miles de personas en las sucursales y en los centros de back-office.

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El Confidencial detalla que las entidades manejan una horquilla de reducción de plantilla de entre el 20 % y el 30 % a medio plazo. El impacto será mayor en operaciones de caja, atención telefónica, cumplimiento normativo y gestión de riesgos, donde los algoritmos ya igualan o superan el desempeño humano. Al mismo tiempo, la banca busca perfiles tecnológicos —ingenieros de datos, especialistas en machine learning o expertos en ciberseguridad— para los que no encuentra candidatos suficientes.

El coste de la inteligencia artificial empuja a la consolidación

despidos bancos España

El Economista, por su parte, apunta a que la subida del coste de implantar la IA —licencias de software, nube, formación de plantilla y desarrollo interno— empuja a la banca mediana a buscar fusiones o alianzas. La tecnología no solo ahorra empleos: también exige inversiones millonarias que no todas las entidades pueden asumir en solitario. De ahí que el ajuste de personal se contemple como una vía para liberar recursos y mejorar los ratios de eficiencia.

En paralelo, los datos de 20Minutos señalan que la edad media de 45 años convierte cualquier plan de despido en una operación delicada. El coste de una prejubilación ronda los 250.000 euros por empleado, una cifra que descarta las salidas masivas y explica por qué la vía elegida es el goteo pactado. Los sindicatos exigen que los nuevos perfiles tecnológicos se cubran con recolocaciones, pero la realidad es tozuda: un cajero de 50 años difícilmente se reconvertirá en científico de datos.

La banca no puede permitirse un conflicto laboral a gran escala mientras la cuenta atrás de la IA avanza. La solución pasa por despidos silenciosos y pactos de pasillo.

¿Reciclaje o reducción? La oportunidad que la banca no está aprovechando

La cuestión de fondo no es si la IA destruirá empleo —ya lo está haciendo—, sino si el sector financiero español está utilizando esta transición para ganar competitividad o simplemente para recortar costes. La predisposición de las entidades a pactar prejubilaciones sugiere que el objetivo inmediato es aligerar la estructura, pero sin abordar el verdadero cuello de botella: la formación de los trabajadores que se quedan.

Lo he dicho en más de una ocasión: la banca europea, y la española en particular, ha gastado cientos de millones en oficinas de innovación, hubs tecnológicos y chief data officers para guardar las apariencias, pero ha descuidado la capilaridad del cambio. No basta con contratar a treinta ingenieros en un laboratorio de Madrid o Barcelona si el resto de la plantilla sigue usando herramientas de los noventa. La IA exige un reskilling real y masivo, y eso no se compra con un curso de 40 horas. Es un cambio de cultura corporativa que, por ahora, brilla por su ausencia en los despachos de los consejeros delegados.

Además, el argumento de que los despidos pactados son la única salida para rejuvenecer las plantillas choca con la realidad de las universidades: España produce cada año titulados en ciencia de datos, inteligencia artificial o ciberseguridad que acaban emigrando por falta de salarios competitivos. La banca prefiere jubilar a sus veteranos y contratar consultoras externas que llenar los huecos con talento joven formado aquí. Es una paradoja que revela una pérdida de músculo institucional que va más allá del ahorro de costes.

Lo que está ocurriendo en los pasillos de recursos humanos es, en parte, una forma de amortiguar el golpe social. Pero si la IA reduce un 30 % la plantilla en diez años y no se mejora la productividad del 70 % restante, el sector acabará más débil. La verdadera prueba de fuego no será el número de bajas pactadas, sino la nota que pongan los clientes dentro de tres años, cuando vayan a una sucursal y descubran que hasta el trato humano ha sido sustituido por una pantalla.

La banca española está comprando tiempo con chequera, pero la cuenta atrás ha empezado. El que no sepa entrenar a su plantilla, no sobrevivirá a la revolución de los datos.


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