Un investigador sudafricano descubre un hongo del suelo que actúa como biopesticida agrícola contra el gusano cogollero

El hallazgo documenta cómo un hongo natural detiene una de las plagas más devastadoras del cultivo básico en África oriental y meridional. Abre la puerta a sustituir pesticidas químicos por una alternativa biológica, aunque la vía comercial aún no tiene fecha.

El investigador sudafricano Letodi Luki Mathulwe ha documentado cómo un hongo del suelo actúa como biopesticida natural contra el gusano cogollero africano, una de las plagas más devastadoras para los agricultores del este y sur de África.

Un hongo blanco que detiene una plaga devastadora

El detonante fue observar campos llenos de orugas muertas envueltas en una sustancia blanca. Algo estaba matando al gusano cogollero, y ese algo era un hongo natural que acaba con la plaga. Así lo constató Mathulwe, que documentó el proceso en condiciones de campo.

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El gusano cogollero africano debe su nombre a su avance en marcha por los cultivos. Ataca cereales básicos como maíz, sorgo, y mijo, y arrasa cosechas enteras en cuestión de días. Para las economías rurales de África oriental y meridional, la plaga es una amenaza directa a la seguridad alimentaria.

La plaga afecta a la base de la dieta y del ingreso rural. Cuando el gusano aparece, la pérdida de cosecha se traduce en menos comida y menos renta disponible. Por eso la búsqueda de una alternativa no es un capricho ecológico, es una cuestión de supervivencia para muchas familias.

La sustancia blanca que envolvía a las orugas era un hongo del suelo, un microorganismo entomopatógeno que coloniza y mata al insecto. Ese ciclo natural es la base del biopesticida: en lugar de aplicar un compuesto químico, se deja actuar al hongo.

La plaga ha conocido a su depredador.

Un hongo del suelo podría reemplazar parte de la química agrícola con una lógica que ya funciona en el campo: inocular al depredador, no fumigar la planta.

Por qué sustituir agroquímicos ya es una decisión rentable

gusano cogollero africano

Los pesticidas de síntesis todavía dominan en la agricultura intensiva. Su coste ambiental se paga en suelos degradados, agua contaminada y biodiversidad mermada. Un biopesticida a base de hongo entomopatógeno cambiaría la ecuación: menos residuos químicos y una plaga bajo control con un organismo que ya existe en el suelo. No es un argumento ideológico, es una cuestión de costes. El propio hallazgo de Mathulwe demuestra que la solución no llega desde fuera, sino desde el ecosistema local.

La decisión de sustituir un químico por un biopesticida no la toma solo el agricultor. La toma la industria agroalimentaria que exige cosechas con menos residuos, el supermercado que traslada esa exigencia al producto final y, al final, el consumidor que busca opciones más limpias. Este hallazgo empuja ese efecto dominó.

En paralelo, la salud del suelo se convierte en la mejor baza. Un suelo con microorganismos activos retiene más agua y nutrientes, lo que reduce la necesidad de fertilizantes de síntesis. El hongo no es solo un plaguicida: es un indicador de que el ecosistema agrícola puede defender solo buena parte de la plaga.

La rentabilidad tampoco se mide solo en euros. Menos insumos químicos significa menos dependencia de importaciones y menos exposición a vaivenes de precios. Para un pequeño productor africano, esa autonomía tiene un valor económico directo que las cuentas clásicas no reflejan.

La letra pequeña vendrá después.

Del laboratorio al campo: el biopesticida debe superar la letra pequeña

No es la primera vez que un hongo entomopatógeno se convierte en plaguicida. Cepas de hongos como Beauveria bassiana o Metarhizium anisopliae se utilizan ya en agricultura ecológica para controlar insectos. El valor de este hallazgo es distinto: la plaga objetivo es el gusano cogollero africano, una de las más destructivas del continente, y el descubrimiento se produjo no en un laboratorio sino en el propio campo.

El siguiente capítulo es regulatorio. Un biopesticida comercial necesita ensayos de eficacia, registro sanitario y autorización de organismos de control. Sin cifras de reducción de plaga publicadas en la fuente original, el hallazgo es por ahora una base científica sólida, no un producto. Distinguir investigación de innovación disponible es la única forma de no inflar expectativas.

La transición agrícola es la gran asignatura pendiente de la sostenibilidad. Mientras el debate energético acapara titulares, la producción de alimentos sigue dependiendo de insumos químicos con efectos de largo plazo. Un biopesticida natural no resuelve la seguridad alimentaria, pero reduce una fuente de residuos y de costes. Para los agricultores del este y sur de África, el margen económico es tan importante como el ambiental.

  • Eficacia en campo: Demostrar que el hongo reduce la plaga en condiciones reales, no solo en observación directa.
  • Registro comercial: Superar los requisitos sanitarios y ambientales para su comercialización en cada mercado africano.
  • Escala industrial: Producir esporas del hongo a un coste competitivo y distribuirlas a los agricultores.

El siguiente capítulo es el coste por hectárea.

Si el hongo supera esas tres barreras, la agricultura africana habrá encontrado una herramienta que no depende de patentes ajenas ni de cadenas de importación. Ese es el tipo de innovación que la transición ecológica debería defender con más fuerza.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: El descubrimiento aporta una vía biológica para controlar el gusano cogollero; la cuantificación de la eficacia queda pendiente de ensayos de campo.
  • Modelo que cambia: La dependencia del pesticida de síntesis en cereales básicos de África oriental y meridional queda en cuestión ante una alternativa local.
  • Para las próximas generaciones: Un suelo con menos residuos químicos y un biopesticida autóctono protege la fertilidad que heredará la agricultura futura.

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