Japón lanza un plan de inversión de 2,3 billones en 17 sectores y desafía a China en chips e IA

El ambicioso plan moviliza 68 billones de yenes solo en semiconductores y 10,5 billones en IA física, en un intento de Tokio por recuperar el liderazgo tecnológico que perdió frente a China en la última década.

He pasado la mañana desglosando el borrador del plan de inversión que el Gobierno de Japón presentó esta semana al Consejo para la Estrategia de Crecimiento. Las cifras marean: 370 billones de yenes —unos 2,3 billones de dólares— movilizados entre el sector público y el privado hasta 2040 para catapultar 17 sectores considerados críticos para la seguridad económica del país. Semiconductores, inteligencia artificial, baterías, biotecnología y entretenimiento comparten protagonismo en una hoja de ruta que Tokio vende como el escudo definitivo frente a las turbulencias geopolíticas. El documento, que aún debe cerrar los detalles de la aportación estatal, ya despierta tantas expectativas como dudas sobre la frágil posición fiscal de Japón.

68 billones para semiconductores y otras apuestas sectoriales

El plan desglosa objetivos de inversión concretos para 62 productos y tecnologías, a partir de estimaciones de mercado elaboradas con académicos y empresas. Estas son las principales partidas:

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  • Semiconductores: 68 billones de yenes, la mayor tajada del pastel, con la que Tokio aspira a recuperar el terreno perdido frente a Taiwán y Corea del Sur.
  • IA física: 10,5 billones para tecnologías que permitan a robots y dispositivos operar de forma autónoma, un área donde Japón quiere marcar distancias con los modelos chinos de lenguaje.
  • Conducción autónoma: 8,2 billones de yenes, en línea con la apuesta del país por un transporte inteligente antes del fin de la década.
  • Centros de datos y baterías de almacenamiento: 32,7 billones hasta el año fiscal 2035, una infraestructura indispensable para sostener el boom de la IA.
  • Contenidos: unos 30 billones, de los cuales 24,5 billones irán a videojuegos antes de 2033, y entre 1,3 y 3,3 billones a anime, manga, música y cine.
  • Biotecnología y medicina regenerativa: 20,8 billones.
  • Fusión nuclear: 3 billones, una apuesta de largo plazo que confirma el interés nipón por fuentes de energía limpias y estables.

“El plan moviliza 370 billones de yenes en inversión público-privada, con 68 billones destinados exclusivamente a semiconductores, según el documento presentado ante el Consejo de Estrategia de Crecimiento.” — Gobierno de Japón, borrador de la nueva estrategia de crecimiento, junio de 2026

El pulso geopolítico con China y la sombra de la deuda

La arquitectura del plan no deja lugar a la interpretación: Japón quiere blindar su cadena de suministro de componentes críticos frente a un hipotético bloqueo en el Estrecho de Taiwán o a una crisis con Pekín. El hecho de que 68 billones de yenes vayan a los semiconductores, sumado a la inversión en IA física y conducción autónoma, dibuja un triángulo tecnológico pensado para competir directamente con la estrategia «Made in China 2025». Sin embargo, la letra pequeña inquieta. La primera ministra Sanae Takaichi defiende un «gasto fiscal responsable y proactivo», pero el plan no precisa cuánto dinero público se inyectará ni cómo se financiará. La deuda pública japonesa supera el 250% del PIB —el peor dato entre las economías avanzadas— y cualquier sobrecoste podría disparar las primas de riesgo. El gobierno confía en que inyectar 370 billones de yenes en sectores estratégicos impulse el PIB real cerca del 2% anual hasta 2040 y reduzca gradualmente la ratio de endeudamiento, pero los analistas llevan años escuchando promesas similares sin un ancla fiscal creíble.

🌐 El efecto dominó en Occidente

El plan de Japón tendrá un impacto asimétrico en las economías occidentales. Para Europa, la buena noticia es que Tokio aspira a convertirse en un proveedor alternativo de chips y baterías, lo que podría aliviar la dependencia del cuello de botella chino en materiales como el grafito o las tierras raras. La mala noticia es que la competencia por los equipos de fabricación de semiconductores se intensificará: si la japonesa Rapidus —respaldada por el gobierno— recibe un impulso adicional, la tensión por los litografía ultravioleta extrema de ASML subirá de nivel. En el corto plazo, la demanda de materiales industriales y bienes de equipo debería dar algo de oxígeno a las exportadoras europeas presentes en Asia. Para el BCE, el efecto es marginal: si el ambicioso estímulo inversor reaviva la inflación interna nipona y fortalece el yen, las divisas europeas podrían resentirse frente a la moneda japonesa, pero solo en un escenario de éxito total del plan que tardará años en materializarse.


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