BNY Mellon tokeniza en Solana: RWA alcanzan 31.630M$ con Baillie Gifford y Securitize

La gestora escocesa lanza un fondo de bonos corporativos al 7% nativo en Ethereum y Solana, mientras Securitize expande su vehículo de crédito con 250 millones de dólares de Ethena. El total de activos reales tokenizados supera ya los 31.630 millones de dólares y los 910.000 titu

El custodio global BNY Mellon ha dado un paso que aclara la dirección del mercado: no se trata de pruebas de concepto, sino de productos vivos. Este mes de junio, la gestora escocesa Baillie Gifford ha lanzado su fondo BAGEY, un vehículo de bonos corporativos a corto plazo que ofrece un rendimiento cercano al 7%, y lo ha hecho de forma nativa tanto en Ethereum como en Solana. En paralelo, Securitize ha expandido su fondo tokenizado STAC, centrado en obligaciones de crédito garantizadas (CLO), a la red de Solana, con una asignación prevista de 250 millones de dólares por parte del protocolo Ethena Labs. BNY Mellon ejerce de custodio y subasesor de los activos subyacentes en ambos casos, lo que en la práctica supone colocar su sello de infraestructura regulada sobre los contratos inteligentes.

No son movimientos aislados. Los datos agregados semanales sitúan el valor de los activos del mundo real tokenizados (Real World Assets o RWA) en 31.630 millones de dólares, con más de 910.000 titulares únicos de esos activos. La cifra no refleja experimentos marginales, sino una capa de distribución que empieza a asentarse sobre cadenas públicas.

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BAGEY y STAC: la infraestructura que se esconde tras los titulares

Lo más significativo no es el lanzamiento de los fondos, sino el papel que desempeña BNY Mellon. El banco neoyorquino cubre la custodia de los activos originales, la tokenización y la gestión de carteras institucionales. En el caso de STAC, además actúa como subasesor, un rol que los comités de riesgo tradicionales interpretan como una validación contra partes fiables. Detrás de la fachada cripto, la operativa real se apoya en listas blancas de inversores verificados incrustadas en los contratos inteligentes, gestión de claves con estándares institucionales y canales de liquidación que sincronizan eventos on-chain con la contabilidad fuera de la cadena.

La elección de Solana para esta expansión tiene una lógica de costes y velocidad. Un cupón trimestral o mensual en un fondo tokenizado puede generar decenas de miles de microtransacciones. Hacerlo sobre Ethereum, con comisiones que oscilan entre decenas y centenas de dólares según la congestión, encarece la distribución. Solana, con tarifas a menudo por debajo del centavo de dólar, permite mecanizar ese flujo sin erosionar el rendimiento. Baillie Gifford y Securitize lo han entendido a la primera: BAGEY se despliega en ambas redes, mientras STAC elige Solana como su rampa de expansión.

La apuesta por Solana no es una cuestión de marketing: sus costes de fracción de centavo permiten distribuir cupones sin que las comisiones devoren el rendimiento.

Eso no convierte a Solana en la cadena universal. Ethereum conserva la ventaja de un ecosistema de herramientas y auditorías más extenso, lo que tranquiliza a los departamentos de cumplimiento. La fórmula dual que ha escogido Baillie Gifford —ethereum para la primera emisión y Solana para ampliar la capilaridad— apunta al modelo que veremos repetirse en los próximos meses.

¿Qué significa “capa ETF on-chain” y por qué importa ahora?

El término on-chain ETF layer es una etiqueta de mercado, no una categoría regulatoria. Designa fondos tokenizados con ventanas de liquidez frecuentes, divulgación estandarizada y cumplimiento automatizado, algo muy parecido a un ETF aunque sin estar listados en bolsa bajo las reglas de los supervisores. La diferencia esencial está en la liquidación: mientras un ETF tradicional se liquida en dos días hábiles, el tokenizado puede hacerlo en el mismo día o al siguiente, con reglas de transferencia programables y posibilidad de acceso 24/7 para inversores verificados.

Para gestoras como Baillie Gifford, lanzar hoy estos vehículos no responde a una urgencia regulatoria, sino a una ventaja operativa. Quienes piloten ahora ganan memoria muscular en procesos de listas blancas, sincronización del valor liquidativo on-chain y operaciones multicadena. La cifra de 4.000 millones de dólares en activos tokenizados bajo gestión que Securitize declaró en abril de 2026 da una idea de la escala que ya manejan las plataformas.

Las aristas que ningún folleto publicitario destaca

Con la euforia justificada conviene recordar los riesgos que estos fondos heredan y los que añaden. Soportan los mismos peligros de crédito o mercado que cualquier vehículo tradicional, pero además incorporan vectores nuevos: errores en contratos inteligentes, paradas de la cadena, fallos en la gestión de claves o desajustes entre el estado del token on-chain y los libros contables. La letra pequeña de cada producto debe aclarar quién asume cada uno de esos riesgos y con qué mecanismos de remediación.

La liquidez secundaria también es una incógnita abierta. Los fondos tokenizados facilitan la liquidación rápida, pero no crean compradores de la nada. Si los mercados secundarios son estrechos o las reglas de admisión demasiado estrictas, los inversores pueden encontrarse con diferenciales amplios y ventanas de salida limitadas. Los emisores harían bien en explicitar los perfiles de liquidez y los calendarios de reembolso, en lugar de vender solo la promesa de la instantaneidad.

El cumplimiento normativo, por último, no se resuelve con un contrato inteligente bien escrito. Las listas de sanciones cambian, los monederos pasan de estar verificados a dejar de estarlo y las normas de comercialización transfronteriza se retocan. La vigilancia debe ser continua y combinar automatización on-chain con supervisión humana fuera de la cadena. BNY Mellon aporta seguridad, pero la responsabilidad última del diseño recae en los emisores.


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