He seguido de cerca el regreso de Audemars Piguet a Watches & Wonders esta primavera de 2026. La manufactura de Le Brassus no volvía al salón —antiguo SIHH— desde hacía siete años, y no lo ha hecho con novedades al uso. En lugar de presentar nuevas referencias comerciales, ha ocupado todo su espacio con un único proyecto: el Atelier des Établisseurs. Solo tres piezas, ninguna igual. Una declaración de intenciones que, en lo relativo a la inversión en alta relojería, merece una lectura más detenida.
El movimiento no es casual. La iniciativa recupera el établissage, el sistema de producción suizo anterior a la industrialización en el que los relojeros coordinaban a artesanos independientes que fabricaban componentes en sus propios talleres. En palabras de Sébastian Vivas, director de patrimonio y museo de Audemars Piguet, recogidas por Expansión, “el établisseur era el director de una orquesta”. La manufactura moderna arrinconó ese modelo en favor del autoabastecimiento, pero ahora la firma del Valle de Joux lo rescata con una visión contemporánea: colaborar con los mejores artesanos independientes de Suiza para crear piezas imposibles de industrializar.
“La artesanía ubica a la persona en el centro del proyecto y refuerza el factor humano que siempre ha tenido la relojería”.
El regreso del ‘établissage’: cómo Audemars Piguet rescata la colaboración artesanal
A los tres diseñadores elegidos —Xavier Perrenoud, Ludovic Lavanchy y Kenan Geraud— solo se les impusieron tres reglas: movimientos sin complicaciones, originalidad sin adaptar diseños del pasado y, sobre todo, que toda la fabricación fuera artesanal. “Queremos lo contrario de lo que dicta la industria: solo aplicar técnicas que pueda realizar un artesano y que sean imposibles de producir en serie”, explica Vivas. El resultado son tres relojes que desbordan oficio manual y que parten de una filosofía radical: volver a situar lo humano por delante del escalado industrial.
El equipo ha congregado a docenas de artesanos independientes. Mario Senape, lapidador, dio forma a los eslabones de oro pulidos como guijarros del lago Joux. Giulio Papi y Luca Soprana, dos pesos pesados de la relojería, trabajaron en el Établisseurs Peacock. La lista completa de participantes es accesible al público, algo insólito en una industria donde los proveedores suelen permanecer en la sombra. Ese grado de transparencia y de reivindicación del trabajo colectivo añade una capa de narrativa que hoy cotiza especialmente alto entre los coleccionistas más exigentes.
Galets, Nomade y Peacock: tres piezas irrepetibles que desafían la producción industrial
El Établisseurs Galets parece el más sencillo, con una caja y brazalete de oro que evocan cantos rodados. Pero la dificultad de cincelar cada eslabón a mano y ensamblarlos con precisión relojera lo convierte en un ejercicio de orfebrería casi imposible de enmarcar en un precio de catálogo. El Établisseurs Nomade reinterpreta el reloj de bolsillo convertible: un movimiento esqueletado a mano, protegido por un estuche recubierto de gemas, que puede llevarse como péndulo gracias a una cadena de 30 centímetros. La versatilidad, de nuevo trabajada sin un solo proceso industrial.
El Établisseurs Peacock es el más espectacular y también el más limitado. Con la apariencia externa de un escarabajo de oro, al activarse despliega la cabeza y las alas para transformarse en un pavo real. Recuerda a los antiguos relojes secretos que solo mostraban la esfera a petición de su dueño. Su ejecución ha requerido a algunos de los mejores orfebres del oficio, con un nivel de microescultura que lo emparenta más con la joyería de arte que con la relojería convencional.
“Audemars Piguet fue un établisseur durante buena parte de su historia. Incluso el Royal Oak nació mediante colaboración externa”.
De los Galets y Nomade se fabricarán cinco ejemplares de cada uno a lo largo de 2026. Del Peacock solo tres, ya en 2027. Ni una pieza más. No es una estrategia de marketing: es una imposición del propio método de trabajo. No se puede escalar lo que se hace enteramente a mano, y ahí reside la clave de su valor futuro.
Invertir en arte relojero: el valor oculto de las series extremadamente limitadas
Llevo años observando cómo los grandes coleccionistas han ido desplazando su foco desde las complicaciones técnicas hacia la artesanía pura. Un tourbillon volante impresiona, pero no cotiza como un trabajo de esmalte grand feu o una caja tallada a mano por un artesano cuyo nombre aparece reconocido. El Atelier des Établisseurs lleva esa tendencia al extremo: cada reloj es una escultura funcional con una historia trazable de colaboración humana. Eso, en el mercado secundario de los activos tangibles, se traduce en escasez extrema y en una prima de exclusividad que las referencias de producción estándar, por muy codiciadas que sean, jamás alcanzarán.
La comparación no es con otros relojes de pulsera de lujo, sino con las piezas únicas de los grandes joyeros o con el arte contemporáneo. La ausencia de precio de catálogo declarado —Audemars Piguet no ha revelado las tarifas de estas creaciones— no hace sino reforzar un modelo de asignación por invitación, donde la simple admisión a la lista de compra ya presupone un retorno sobre la inversión a medio plazo. Eso sí, la liquidez será nula durante años. Quien aspire a una de estas piezas debe asumir un horizonte de, al menos, un lustro antes de plantear una eventual cesión al mercado secundario.
El precedente histórico también juega a favor. Como recuerda Vivas, el propio Royal Oak fue fruto del établissage: caja de Favre & Perret, esfera de Stern, brazalete de Gay Frères y movimiento de Jaeger-LeCoultre. Aquella colaboración externa dio lugar al icono más rentable de la manufactura. Si el Atelier des Établisseurs mantiene el pulso artesano y la coherencia narrativa, no sería extraño que en una década veamos estos tres nombres en los catálogos de las grandes subastas de Ginebra, con estimaciones que multipliquen su valor de origen. El riesgo para el inversor no está en la calidad ni en la demanda, sino en la capacidad de Audemars Piguet de mantener la iniciativa a largo plazo sin diluirla con entregas que rompan la magia de la producción ultra-limitada.
💎 Veredicto Wealth
Las tres piezas del Atelier des Établisseurs son candidatas a una revalorización agresiva para el inversor que consiga acceder a la asignación inicial y resista un horizonte de al menos cinco años. El riesgo principal es la iliquidez propia de toda obra única, parcialmente mitigada por el sello de Audemars Piguet y la creciente demanda de relojes-arte entre los grandes patrimonios.




