Scottish Renewables pide apoyo para la energía mareomotriz: la española Magallanes ya tiene proyecto en Reino Unido

La patronal escocesa busca una declaración política que tranquilice a los inversores mientras la española Magallanes avanza con el primer parque flotante de esta tecnología en Reino Unido. Los números del sector apuntan a 4.500 millones de libras de valor añadido y 22.500 empleos

Scottish Renewables ha lanzado un pulso al Gobierno escocés: reclama un apoyo explícito para la energía mareomotriz de corrientes en el próximo Programa de Gobierno. La patronal, que agrupa a las principales empresas del sector renovable escocés, considera que una declaración política específica es clave para atraer inversión y despejar las dudas que aún frenan el despliegue comercial de esta tecnología. Mientras tanto, la empresa española Magallanes Renovables ha conseguido luz verde para instalar el primer parque flotante mareomotriz del mundo en aguas británicas, una señal que refuerza la ambición ibérica en un nicho energético con décadas de promesas pendientes.

El pulso escocés por la energía mareomotriz

La carta abierta enviada al ministro de Energía, Stephen Gethins, marca un punto de inflexión. Scottish Renewables identifica los próximos doce meses como un periodo crítico. La creciente presión sobre los sistemas de planificación y concesión de permisos está ralentizando los proyectos. Según recoge El Periódico de la Energía, la asociación teme que sin un empuje político los inversores miren hacia otras renovables más maduras.

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Colin Palmer, director de energía offshore de la patronal, lo resumió así: «Hemos trabajado con nuestros miembros para identificar los mayores desafíos y cómo resolverlos para que la tecnología alcance todo su potencial y desempeñe un papel esencial en el futuro sistema energético del Reino Unido». Palmer insiste en que el nuevo Ejecutivo escocés tiene la oportunidad de reforzar su posición con una actuación rápida y positiva.

El mensaje es claro: un compromiso político formal enviaría una señal a los fondos que ya estudian entrar en la mareomotriz. No se trata solo de Escocia; las decisiones de Edimburgo pueden condicionar el desarrollo de toda una cadena de suministro internacional, incluida la participación española.

La mareomotriz no necesita otro estudio: necesita un guiño político que transforme la tecnología en industria.

Magallanes, punta de lanza española en Reino Unido

El proyecto de Magallanes Renovables es la prueba más tangible de que la mareomotriz española tiene mercado. La compañía, con sede en Redondela (Pontevedra), ha recibido la aprobación para instalar el primer parque flotante de esta tecnología en Reino Unido. Su diseño, basado en plataformas semisumergibles con turbinas de eje horizontal, ha superado las exigentes pruebas del European Marine Energy Centre (EMEC) en Orkney.

No es un prototipo de laboratorio: Magallanes acumula más de tres años de operación continuada en condiciones reales, con una turbina que ha inyectado electricidad a la red escocesa. El salto al parque flotante supone multiplicar la potencia instalada y validar la viabilidad comercial. Si el Gobierno escocés responde con señales de mercado, el proyecto podría acelerarse considerablemente.

Magallanes energía mareomotriz

4.500 millones de libras y 22.500 empleos: las cifras que seducen a Escocia

Una investigación de la University of Edinburgh cuantifica el pastel: la energía mareomotriz de corrientes podría aportar 4.500 millones de libras al valor añadido bruto escocés, más otros 11.000 millones procedentes de proyectos internacionales. El empleo directo e indirecto alcanzaría los 22.500 puestos de trabajo en 2050, siempre que se aproveche plenamente su potencial. En la actualidad ya se están desarrollando más de 300 MW de capacidad mareomotriz en las aguas de Pentland Firth y Orkney.

Eileen Linklater, directora de asuntos corporativos de EMEC, lo tiene claro: «Escocia tiene una oportunidad única para capitalizar su posición de liderazgo mundial en energía mareomotriz de corrientes. Un compromiso claro del Gobierno enviaría una señal muy poderosa a los inversores de que Escocia se toma en serio la transformación de su innovación en una industria competitiva a escala global».

El argumento económico es sólido. A diferencia de otras renovables intermitentes, la mareomotriz ofrece predictibilidad absoluta: las corrientes marinas son tan regulares como las fases lunares. Esta cualidad la convierte en un complemento ideal para sistemas eléctricos con alta penetración de solar y eólica. La contrapartida es un coste nivelado todavía elevado, que solo bajará con un volumen de despliegue suficiente.

El reto no es técnico: las turbinas funcionan. La gran incógnita es si los gobiernos están dispuestos a pagar la prima de una fuente predecible y limpia.

El factor regulador y la ventana de oportunidad

El artículo no es neutral. Creo que la carta de Scottish Renewables es más que un movimiento táctico: refleja la fatiga de un sector que lleva dos décadas viendo pasar el tren sin billete. Las tecnologías mareomotrices han demostrado su viabilidad técnica, pero sin un marco regulatorio que las equipare a otras renovables en subastas y tarifas, difícilmente escalarán.

La posición de Escocia es paradójica: cuenta con uno de los mejores recursos mareomotrices del planeta, una base industrial offshore heredada del petróleo y centros de ensayo de primer nivel. Y, sin embargo, la incertidumbre política ha llevado a que los grandes promotores europeos miren más hacia Francia o Canadá. La española Magallanes, con su apuesta por las aguas británicas, juega a contracorriente y demuestra que el apetito industrial existe si hay una mínima visibilidad regulatoria.

El riesgo de un apoyo tibio es perder la oportunidad de crear una cadena de suministro autóctona. Países como China y Corea del Sur ya están invirtiendo fuerte en mareomotriz. Si Edimburgo no actúa, los 22.500 empleos prometidos se quedarán en un informe académico más. La pelota está en el tejado del ministro Gethins. Su decisión en las próximas semanas marcará si la mareomotriz escocesa despega por fin o se queda en un eterno «casi».

La presencia de Magallanes añade un ángulo geopolítico interesante: una empresa española podría acabar operando el primer parque flotante comercial en aguas de la Unión Europea (si Escocia alguna vez regresa) o, al menos, en un mercado clave mientras Madrid debate aún su propio marco para las energías oceánicas. El desenlace, como casi siempre en este sector, depende de la voluntad política y de que alguien se atreva a pisar el acelerador.


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