G7 y minerales críticos: la alianza que rompe el monopolio chino y redefine la transición energética en España

El acuerdo sellado en la cumbre de Evian compromete inversiones en procesamiento y reciclaje ante el dominio absoluto de Pekín. El sector eólico y las gigafactorías de baterías en España miran a Bruselas con renovada expectación.

El G7 ha lanzado en Evian una alianza sobre minerales críticos que promete sacudir la geopolítica de las energías limpias. Los líderes de Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia e Italia firmaron una declaración conjunta para coordinar inversiones en procesamiento y reciclaje de litio, cobalto, grafito y tierras raras. El objetivo es explícito: romper el control chino que hoy concentra más del 60% de la producción y casi el 90% del refinado mundial.

La cumbre, celebrada en la localidad francesa de Evian, ha dejado un compromiso todavía sin cifras concretas, pero con una hoja de ruta que los analistas califican de “histórica”. Según el borrador al que ha tenido acceso Oilprice.com, los firmantes se obligan a “establecer y desarrollar las capacidades industriales y de procesamiento necesarias para diversificar nuestras cadenas de suministro de minerales críticos”.

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El movimiento no es improvisado. Lleva meses gestándose en los pasillos de Bruselas y Washington, donde la Ley de Materias Primas Fundamentales de la UE ya había puesto 2028 como fecha para que los Veintisiete produzcan internamente al menos el 10% de los minerales estratégicos que consumen. La alianza del G7 da ahora un paraguas global a ese objetivo, incorporando a Japón y Canadá como actores clave.

El monopolio chino que asfixia la transición verde

Pekín no solo produce el grueso de las tierras raras. Controla también la tecnología de separación, el refinado y el reciclaje inicial de estos metales, que son imprescindibles para fabricar imanes de aerogeneradores, cátodos de baterías y electrolizadores. Un solo país, China, procesa más del 85% de las tierras raras pesadas, aquellas sin las que un molino eólico offshore de última generación simplemente no gira.

Europa, y España en particular, sufre esa dependencia en silencio. Según datos del Joint Research Centre, la importación europea de tierras raras refinadas depende en un 98% de China. Cada vez que Pekín endurece sus controles de exportación —como hizo en diciembre de 2025 con el antimonio y el galio—, los plazos de entrega de componentes se alargan y los sobrecostes se trasladan al precio final del megavatio renovable.

Sin minerales críticos, no hay transición. Sin un plan alternativo a China, Europa se condena a cambiar un monopolio fósil por otro minero.

“La transición energética no puede ser verde por delante y roja por detrás”, sintetizó un alto negociador europeo. La frase refleja el temor real: sustituir la dependencia del gas ruso por la dependencia del disprosio chino.

Los inventarios actuales de las principales utilities españolas cubren, en promedio, apenas seis meses de necesidades de tierras raras y litio. La gigafactoría de baterías que Iberdrola promueve en Extremadura y los parques eólicos que Acciona despliega en Galicia necesitan un flujo estable de estos materiales para cumplir sus planes de entrega en 2027 y 2028.

España en la diana: del viento a las baterías

La alianza del G7 abre una oportunidad para que la industria española no solo sea consumidora de tecnología limpia, sino que participe en la cadena de valor. El subsuelo ibérico guarda reservas de wolframio, estaño y litio, este último en el proyecto de Litio de Mina do Barroso (Portugal) y los sondeos en Extremadura. La cooperación transfronteriza con Portugal, que aspira a ser el principal productor europeo de litio, se vuelve estratégica.

Además, el reciclaje de baterías —una de las patas de la declaración del G7— podría dar a España un papel industrial relevante. La planta de reciclaje que Endesa y Urbaser exploran en Aragón encaja como un guante en esta nueva arquitectura. “Si Europa logra refinar sus propios metales, el coste de los imanes para aerogeneradores podría reducirse un 12% en esta década”, calculan desde la patronal eólica europea WindEurope.

China tierras raras

Pero las cifras macro ocultan una realidad doméstica más áspera. Los plazos de la minería responsable son largos. Abrir una nueva mina de litio en Europa lleva entre ocho y diez años de trámites ambientales. Sin una agilización regulatoria, la alianza del G7 corre el riesgo de ser solo un gesto político.

“Lo inteligente es que esta alianza venga acompañada de un fast-track europeo para proyectos declarados estratégicos”, opina un analista de metales de Bloomberg. Y ahí, la Comisión Europea podría tener la llave. Los plazos se alargan mas de lo previsto cuando falta voluntad política.

El litio ibérico existe. El problema no está en la geología, sino en el papeleo.

Mientras Bruselas afina su paquete legislativo, la industria solar también toma nota. Los paneles fotovoltaicos dependen del silicio, la plata y el cobre, metales donde China también domina la capacidad de fundición. La patronal UNEF ha pedido al Gobierno que vincule la nueva subasta de renovables de otoño a criterios de contenido europeo en los módulos. La alianza del G7 podría dar cobertura política a ese tipo de exigencias, justo cuando la tensión comercial con Washington amenaza con fragmentar los flujos de suministro.

Análisis: un rompecabezas diplomático con mucho calendario

La alianza sobre minerales críticos es, sin duda, una buena noticia para la seguridad de la transición energética. Pero conviene no confundir la escenografía de una cumbre con la ejecución sobre el terreno. Los verdaderos efectos no se notarán hasta, al menos, 2029. Mientras, las fábricas seguirán importando litio de Chile, cobalto de la República Democrática del Congo y tierras raras de China, con todos los riesgos geopolíticos que eso implica.

Creo que el paso dado en Evian es necesario, pero insuficiente. Lo que realmente inclinará la balanza no es otra reunión ministerial, sino la capacidad de articular incentivos fiscales, compras públicas y contratos por diferencias que hagan atractivo invertir en refinerías y reciclaje dentro del perímetro europeo. Y eso, a día de hoy, depende más de los presupuestos nacionales que de las cumbres.

España tiene una ventana de oportunidad. Con el PERTE del vehículo eléctrico aún con fondos disponibles y un mapa de proyectos renovables en expansión, puede aspirar a convertirse en un eslabón intermedio en la cadena de valor de las baterías y los imanes. Para lograrlo, deberá construir alianzas con Portugal, apostar por la formación en metalurgia avanzada y, sobre todo, acortar los plazos de los permisos. El G7 ha puesto el marco. El reloj, sin embargo, sigue corriendo.

Las opiniones aquí expresadas pertenecen al autor y no representan necesariamente la línea editorial del medio.


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