El Foro Económico Mundial advierte: la transición energética mundial 2026 se fragmenta y pierde impulso

La inversión en energía limpia alcanzó en 2025 un récord de 3,3 billones de dólares, pero la preparación de las infraestructuras y la desigualdad regional frenan el avance. El organismo internacional pide integrar la seguridad del suministro y acelerar el despliegue de redes para

El Índice de Transición Energética 2026 del Foro Económico Mundial (WEF) ha puesto sobre la mesa una paradoja incómoda: mientras el año pasado la inversión global en energía limpia alcanzó los 3,3 billones de dólares, la transición energética mundial se fragmenta y pierde ímpetu por primera vez en una década.

El informe, elaborado en colaboración con Accenture, evalúa el desempeño de los sistemas energéticos de 120 países a través del ETI, un indicador que mide la seguridad, la sostenibilidad y la equidad del acceso a la energía, junto con la preparación habilitadora: políticas, infraestructuras e innovación. La puntuación media global apenas varió, pero la componente de seguridad energética y la de preparación para la transición cayeron por primera vez desde 2014, contrarrestando los avances en sostenibilidad.

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El resultado es una transición a dos velocidades. Solo uno de cada cuatro países logró mejorar simultáneamente en las tres dimensiones, y el progreso está cada vez más condicionado por la capacidad de cada economía para garantizar suministro firme y redes eléctricas robustas.

El mapa global de la transición: líderes nórdicos, China al frente y América Latina a la baja

Los países nórdicos se mantienen al frente de la clasificación, con sistemas energéticos muy equilibrados. Entre los mayores avances destaca Singapur, que subió diez posiciones gracias a una nueva regulación y un mayor compromiso político. Las economías avanzadas ocupan 14 de los 20 primeros puestos, pero su mejora media fue de apenas un 0,2% interanual, prácticamente plano.

Dentro del G20, Alemania ocupa el noveno puesto, seguida de Francia (décimo), Reino Unido (undécimo), China (decimocuarto), Brasil (decimoséptimo) y Estados Unidos (decimonoveno). China siguió ampliando la inversión en energía limpia a niveles récord, mientras que India registró una de las mayores mejoras en preparación para la transición. En cambio, América Latina y Oriente Medio retrocedieron por la pérdida de compromiso político y la baja inversión en infraestructuras.

Tres billones de dólares no bastan: el cuello de botella de la demanda y las redes

La demanda mundial de electricidad creció un 3% en el último año, impulsada por la electrificación, la refrigeración y la la inteligencia artificial. Las economías emergentes concentran alrededor del 80% de ese crecimiento, pero afrontan costes de financiación más elevados y déficits de infraestructura que frenan el despliegue renovable.

A pesar de la cifra récord de inversión, el capital destinado a energía limpia sigue muy concentrado: cerca del 75% fluye hacia un grupo reducido de economías, ampliando la brecha entre los mercados que reciben inversión y aquellos donde la demanda energética aumenta con mayor rapidez. El propio informe cita la interrupción del estrecho de Ormuz como ejemplo de vulnerabilidad para los países importadores de energía.

El WEF plantea tres prioridades para sostener el progreso: integrar la seguridad y la resiliencia desde el diseño inicial de los sistemas, acelerar la expansión de redes y la capacidad de integración, y recuperar la capacidad de atraer inversión mediante marcos políticos estables, especialmente en las economías que impulsarán la mayor parte de la demanda futura.

Por primera vez en una década, la preparación para la transición cayó, mientras la inversión en limpio batía récords. Esa brecha es la mayor amenaza silenciosa para la descarbonización global.

Índice de Transición Energética

La asignatura pendiente de España: renovables sí, pero sin resiliencia

Leer el informe desde España produce una sensación agridulce. Nuestro país, líder europeo en generación eólica y solar, ni siquiera figura entre los 20 primeros del índice. La razón no es la falta de viento o de sol, sino la débil puntuación en resiliencia y equidad. La Comisión Europea ya ha advertido que la dependencia del gas importado —especialmente a través de regasificadoras— y la escasa interconexión eléctrica con Francia nos pasan factura en momentos de tensión geopolítica.

Además, el precio de la electricidad sigue siendo un lastre para la dimensión de equidad. Aunque contamos con una matriz de generación muy descarbonizada, los altos costes regulados y la falta de almacenamiento a gran escala provocan vertidos de energía renovable en horas valle y precios altos en punta. El nuevo PNIEC marca objetivos ambiciosos, pero sin una red más mallada y baterías, corremos el riesgo de desperdiciar el potencial verde.

En mi opinión, el informe del WEF debería servir de toque de atención al sector y a la administración. La inversión récord es un punto de partida, no de llegada. Sin las infraestructuras físicas que transformen electrones limpios en seguridad de suministro, la transición energética será un castillo de naipes.

La transición no se mide solo en megavatios instalados. Se mide en la capacidad de un país de mantener las luces encendidas cuando el gas se encarece o un estrecho se bloquea. El índice de 2026 nos dice que, pese a los avances, todavía estamos lejos de ese equilibrio.


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