Cuba aprueba 176 reformas económicas en tiempo récord: apertura total a la inversión extranjera

En solo una semana, la Asamblea Nacional de Cuba ha validado las 176 reformas económicas. El paquete incluye capital extranjero, fin de subsidios universales y una reestructuración monetaria, en plena crisis asfixiada por el embargo petrolero de Estados Unidos.

He seguido de cerca el proceso que ha llevado a Cuba a aprobar en apenas siete días el mayor paquete de reformas económicas en al menos tres lustros. La Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) ratificó este jueves un total de 176 medidas que, sobre el papel, suponen un punto de inflexión en el sistema estatista y centralizado de la isla.

La velocidad del trámite no tiene precedentes. El presidente Miguel Díaz-Canel anunció por sorpresa las reformas hace una semana, el pleno del Comité Central del Partido Comunista las respaldó y una sesión extraordinaria de la ANPP las convirtió en ley. Todo ello en un contexto de asfixia energética por el bloqueo petrolero impuesto por la Administración Trump desde enero, y con protestas sociales pequeñas pero cada vez más frecuentes en las calles.

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Las claves del paquete reformista

El plan toca prácticamente todos los resortes del modelo económico cubano. A continuación, las líneas maestras que más me han llamado la atención:

  • Apertura a la inversión extranjera directa, especialmente dirigida a los cubanos no residentes, y fomento de “nuevos actores” y “nuevas modalidades” en el sector turístico.
  • Reforma del sistema monetario para acabar con la distorsión de dos monedas y tres tipos de cambio oficiales, que conviven con una tasa informal dominante.
  • Eliminación de los subsidios universales a productos básicos y transición hacia ayudas focalizadas exclusivamente en los colectivos más vulnerables.
  • Descentralización de la toma de decisiones, dotando de mayor autonomía a empresas estatales y municipios.
  • Dinamización de la agricultura, el comercio exterior y el sector inmobiliario, con el objetivo de aumentar la oferta interna en una economía exhausta.

El primer ministro, Manuel Marrero, insistió ante la cámara en que las medidas “no pervierten el carácter socialista del sistema económico cubano, sino que son condición para su preservación”. Y Díaz-Canel, en un discurso encendido, dejó claras la urgencia y la determinación del régimen.

“Cuba vive las horas más difíciles de este siglo. Es tiempo de cambiar todo lo que tiene ser cambiado. ¡Cuba cambia para levantarse! ¡Cuba cambia para vivir mejor! ¡Cuba cambia para seguir siendo libre!” — Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba, discurso ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, 19 de junio de 2026

¿Un giro hacia el modelo chino o vietnamita?

Lo que veo aquí es un intento de replicar, con matices, las trayectorias de economías que mantuvieron el monopolio político comunista mientras abrían espacios al capital privado y a la inversión extranjera. China lo hizo a partir de 1978; Vietnam, con el Doi Moi de 1986. En ambos casos, el resultado fue un crecimiento acelerado. Pero la gran diferencia es que aquellas reformas se implementaron con un Estado fuerte y un partido disciplinado. En Cuba, el riesgo de que la burocracia asfixie las medidas es real, como ya ocurrió con los anuncios reformistas de la era de Raúl Castro.

Hay, sin embargo, señales que sugieren una voluntad política más firme esta vez. Díaz-Canel ha creado un grupo de expertos —que incluye a economistas no oficialistas e incluso críticos— para que propongan nuevas medidas más allá de las ya aprobadas. La presión externa, con el bloqueo petrolero y la orden ejecutiva estadounidense que amenaza con sanciones secundarias a cualquier empresa que mantenga vínculos con el Estado cubano, deja muy poco margen para los gestos simbólicos.

Por eso creo que el verdadero test no será la aprobación del paquete, sino su aplicación en los próximos seis meses. Si la inversión privada comienza a fluir —algo difícil mientras Washington castigue a los inversores—, el experimento podría sentar las bases de una economía más resistente. Si no, el riesgo de una desestabilización aún mayor se incrementa.

🌍 El impacto en España y Europa

Para España, las reformas tienen una doble lectura. Por un lado, las hoteleras españolas —Meliá Hotels International, Iberostar, NH— siguen siendo los principales actores turísticos en la isla. La entrada de “nuevas modalidades” podría abrirles la puerta a reestructurar sus contratos o a asociarse con capital privado para sortear las sanciones secundarias de Estados Unidos. Pero la Administración Trump no ha dado señales de que vaya a distinguir entre una empresa europea que hace negocios con el Estado cubano y otra que lo hace con un operador privado autorizado por La Habana. Por tanto, el riesgo legal y reputacional sigue siendo alto.

Para el resto de Europa, el impacto macro es limitado; el peso de Cuba en los flujos comerciales europeos es mínimo. Sin embargo, un colapso de la economía cubana aceleraría los flujos migratorios hacia Canarias y, por extensión, hacia la península, lo que añade un ángulo de preocupación política que Bruselas no puede ignorar. De momento, el Euríbor y las hipotecas españolas no se mueven por lo que ocurre en La Habana; esta es una historia de geopolítica local con consecuencias humanitarias potencialmente graves.


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