La gestora de fondos Franklin Templeton ha registrado ante la SEC dos nuevos fondos cotizados que convierten los dividendos de de las grandes empresas en bitcoin de forma automática. Los Franklin US Equity Bitcoin DRIP Index ETF y Franklin US Innovation Bitcoin DRIP Index ETF empezarían a cotizar el 1 de septiembre si el regulador da luz verde, y su mecanismo es tan sencillo como disruptivo.
Ambos productos invierten el 95% de su cartera en una cesta de renta variable estadounidense —el primero replica un índice de gran capitalización con alrededor de 500 valores, el segundo se centra en compañías de innovación— y un 5% en instrumentos vinculados a bitcoin. La clave está en que los dividendos trimestrales de las acciones no se reparten al partícipe ni se reinvierten en más títulos, sino que alimentan directamente esa exposición al bitcoin.
Cómo funciona el mecanismo DRIP que convierte dividendos en bitcoin
El nombre DRIP (por sus siglas en inglés, Dividend Reinvestment Plan) remite a los clásicos planes de reinversión de dividendos en acciones, una estrategia que muchos inversores de largo plazo conocen bien. En este caso, Franklin Templeton le da la vuelta: en lugar de acumular más acciones, los dividendos se destinan a comprar bitcoin a través de ETF al contado, futuros u otros derivados referenciados a la criptomoneda.
El diseño es minimalista para el inversor. Cada pago trimestral se convierte automáticamente en exposición a bitcoin, sin necesidad de rebalancear manualmente. Las reglas de rebalanceo recortan la asignación a bitcoin si supera el 5% del fondo (la devuelven al 4,5%) y fijan un límite máximo del 20% entre periodos de ajuste. Este plan de reinversión de dividendos (DRIP) aplicado a criptoactivos es una rareza que hasta ahora no existía en el mercado de ETF.
Un lanzamiento en septiembre con el mercado bitcoin en plena corrección
La solicitud presentada el jueves ante la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) contempla una fecha efectiva a partir del 1 de septiembre de 2026, aunque la aprobación definitiva no está garantizada. El anuncio coincide con un momento delicado para el bitcoin: este viernes cotiza por debajo de los 62.700 dólares, lo que supone una caída de más del 50% desde el máximo de 126.000 dólares que alcanzó en octubre de 2025.
La debilidad del precio no ha frenado la innovación en productos cotizados. Esta misma semana, BlackRock lanzó el iShares Bitcoin Premium Income ETF (BITA), un fondo que mantiene exposición al bitcoin a través de su ETF IBIT y genera ingresos mensuales vendiendo opciones cubiertas sobre una parte de la cartera, con el objetivo de ofrecer rentabilidades anuales del 15%-25%. El contraste es evidente: mientras BlackRock convierte la volatilidad en ingresos recurrentes, Franklin Templeton propone usar los dividendos de las acciones para alimentar una pequeña pero constante posición en bitcoin.

La industria de los ETF está aprendiendo a usar el bitcoin no solo como activo de revalorización, sino como un motor de ingresos pasivos y recurrentes para los inversores más tradicionales.
La apuesta cripto de Franklin Templeton va mucho más allá de estos dos ETF
Estos nuevos vehículos no son una anécdota aislada. Franklin Templeton, que gestiona 1,5 billones de dólares, viene desplegando una estrategia de activos digitales notablemente activa. En mayo de este año, la gestora anunció una alianza con Payward —matriz del exchange Kraken— para tokenizar productos de inversión tradicionales y ofrecer su fondo monetario tokenizado BENJI como herramienta de colateral para clientes institucionales. A principios de junio, integró BENJI en MoonPay Trade, permitiendo a los institucionales intercambiar stablecoins por participaciones del fondo a través de infraestructura on-chain.
Además, en 2026 creó la división Franklin Crypto tras la compra de 250 Digital, una escisión de CoinFund, y cerró un acuerdo con Ondo Finance para tokenizar versiones de sus ETF y facilitar su negociación 24/7 desde monederos cripto, pensando en inversores fuera de Estados Unidos. El conjunto de movimientos sitúa a la entidad como una de las firmas financieras tradicionales más comprometidas con la adopción de criptoactivos.
Dicho de otro modo, los ETF DRIP son solo la punta del iceberg. Franklin Templeton está construyendo un ecosistema que abarca desde la tokenización de fondos hasta la distribución a través de exchanges, algo que hasta hace pocos años habría chocado con la cultura corporativa de cualquier gran gestora.
Mi lectura es que estos productos responden a una demanda muy concreta: inversores que quieren exposición a bitcoin sin tener que dedicar tiempo a gestionarla, y que valoran el flujo constante de dividendos de las grandes compañías estadounidenses. Ahora bien, conviene no perder de vista los riesgos. La asignación a bitcoin es modesta, pero la volatilidad de la criptomoneda sigue siendo extrema: un 5% que se revaloriza puede aportar brillo a la cartera, pero un 5% que se desploma en un mercado bajista también lastra el rendimiento total. Y el hecho de que el mecanismo obligue a trimar la posición cuando supera el 5% significa que en rachas alcistas fuertes, el inversor no se beneficiará plenamente del recorrido, porque el sistema venderá automáticamente parte de la ganancia.
La clave, como casi siempre, estará en si el potencial extra de rentabilidad que aporta ese 5% de bitcoin justifica la montaña rusa adicional en un año en el que la criptomoneda ha perdido la mitad de su valor desde máximos. Los inversores españoles, que solo podrán acceder a estos productos si sus brókeres los ofrecen y la CNMV los admite a comercialización, deberían preguntarse si se sienten cómodos con ese perfil de riesgo, por pequeño que sea el porcentaje destinado a bitcoin.




