Los certificados de ahorro energético (CAE) cerraron 2025 con inversiones de hasta 2.200 millones de euros y ahorros disparados un 190%.
La séptima edición de la Guía de Tecnologías para el Ahorro y la Eficiencia Energética de Anese, publicada este mes, recoge 39 casos reales y 31 tecnologías. Los datos de la patronal reflejan que el sistema CAE alcanzó 5,8 TWh de ahorro de energía final, muy por encima de los 2 TWh de 2024, y las solicitudes tramitadas se dispararon hasta las 3.922.
“2025 ha sido el año de consolidación de los CAEs, superando las expectativas más optimistas”, afirma Luis Cabrera Álvarez, presidente de Anese. Según sus proyecciones, el sistema ya tiene las bases regulatorias para una expansión sólida en 2026.
Digitalización y electrificación, los grandes aliados
La guía muestra un vuelco tecnológico. Las soluciones de monitorización y control representan ya el 29% de las recogidas, frente al 25% de las vinculadas a generación térmica. No se trata solo de medir, sino de actuar con datos en tiempo real.
El ejemplo más representativo es el contrato de gestión energética del Ayuntamiento de Madrid, desarrollado por Acciona Energía. Con 265 edificios públicos monitorizados mediante 2.971 puntos de medida, las actuaciones de gestión activa permiten ahorrar entre un 5% y un 10% sin necesidad de grandes inversiones en infraestructuras. En 2025, el consumo eléctrico bajó un 8,22% y el de gas un 11,87%, evitando 371 toneladas de CO₂. Además, las instalaciones fotovoltaicas asociadas produjeron cerca de 3.000 MWh de energía renovable.
La electrificación de la producción de calor completa el binomio de ahorro. En una residencia de mayores de Avilés, la instalación de una bomba de calor de alta temperatura y paneles fotovoltaicos, ejecutada por Apclen, cubre más del 85% de la demanda térmica y recorta 390 MWh de consumo fósil al año, con un ahorro neto en la factura respecto al gas. En Valverde de la Virgen (León), otra residencia repitió el esquema y elevó el ahorro de combustible fósil al 92%, eliminando 69 toneladas de CO₂ al año.
La mera monitorización ya ahorra entre un 5% y un 10% sin inversiones adicionales.
De la industria al turismo: proyectos que multiplican el ahorro

El sector servicios también está exprimiendo los CAE. El Hotel One Shot Reina Victoria (Valencia) cambió sus enfriadoras por bombas de calor de aerotermia y redujo el consumo de climatización un 64%. El ahorro anual supera los 115.000 kWh y rebaja la factura en más de 35.000 euros.
En el ámbito educativo, la Escuela Infantil Romanillos (Boadilla del Monte) dio un paso más allá. Combinó iluminación circadiana —capaz de regular intensidad y temperatura de color a lo largo del día—, acondicionamiento acústico y control inteligente. El resultado: el consumo eléctrico de iluminación se redujo a la mitad, pasando de 2.250 kWh a poco más de 1.100 al año, mientras se mejoraba la concentración y el bienestar de niños y docentes.
Y hasta un edificio protegido como el Palacio de San Telmo, sede de la Junta de Andalucía, encontró la fórmula. La intervención se limitó a sustituir la tecnología de iluminación por LED retrofit integrado en las luminarias existentes, sin alterar ningún elemento arquitectónico. El consumo de iluminación cayó de 196.000 kWh a 100.000 kWh, un 48% menos, demostrando que la modernización energética y la conservación patrimonial no están reñidas.
En Grecia, Olympic Brewery incorporó 120 colectores solares concentradores en su planta para generar vapor destinado a la pasteurización de latas. La instalación suministra hasta el 70% de la demanda de ese proceso en los meses de verano, con una producción anual de 340 MWh térmicos que desplaza combustibles fósiles en plena cadena de producción. Mientras, en la red de calor de la comunidad Fasa (Valladolid), CARTIF y Veolia desplegaron un gemelo digital y modelos predictivos que, sin añadir ni una sola máquina, recortaron entre un 4% y un 5% el consumo térmico de la red. La operación se traduce en 53 toneladas menos de CO₂ y un ahorro de más de 10.000 euros anuales.
Un salto de escala que convierte la eficiencia en política industrial
Lo que hace especial a 2025 no es solo la cifra de inversión —entre 1.800 y 2.200 millones de euros— sino la velocidad de tracción. Las 3.922 solicitudes tramitadas suponen casi el triple que en 2024 y confirman que los CAE están destapando una demanda de eficiencia que el viejo sistema de subvenciones no lograba movilizar. Más del 70% de los 39 proyectos recogidos en la guía están vinculados a este mecanismo.
El factor diferencial es el modelo de monetización: cada kilovatio ahorrado se convierte en un certificado que genera ingresos recurrentes para el titular del proyecto, acortando los plazos de retorno y atrayendo capital privado de fondos y empresas de servicios energéticos. El sistema permite que un ahorro verificado dé lugar a un activo comercializable que se puede vender a los sujetos obligados, creando un mercado secundario que ya mueve decenas de millones. Esta liquidez está acelerando la inversión en sectores con márgenes estrechos, como el turismo o la administración local.
Sin embargo, la expansión tiene cuellos de botella evidentes. Las pymes y los hogares vulnerables, que concentran buena parte del potencial de ahorro, aún carecen de capacidad técnica y financiera para acceder al sistema en condiciones competitivas. Resolver esa brecha será determinante para que los CAE pasen de ser un éxito sectorial a un instrumento masivo de política industrial.
El prólogo de la guía, que firma el Ministerio para la Transición Ecológica, subraya que “la eficiencia ha superado su antigua consideración como simple herramienta de ahorro para convertirse en una auténtica palanca de productividad, resiliencia y creación de valor económico”. Dejémoslo en un “ya veremos”. Lo que sí está claro es que en 2025 la eficiencia energética en España ha encontrado su motor financiero.




