Pocas cosas hay más inquietantes para un estratega militar que descubrir que el paraguas protector bajo el que ha diseñado su defensa tiene agujeros. Eso es precisamente lo que The Economist plantea en su último análisis: la certeza israelí de que Washington usaría la fuerza contra Irán en un escenario extremo ya no es tal.
Una garantía nuclear que empieza a resquebrajarse
Durante años, la doctrina de seguridad israelí descansó sobre una premisa aparentemente inquebrantable: llegado el peor escenario posible, Estados Unidos actuaría con contundencia para frenar la capacidad nuclear iraní. El análisis del semanario británico sugiere que esa premisa tiene ahora más dudas que certezas. Tras observar cómo se ha desarrollado la presión sobre Teherán en los últimos tiempos, los analistas de The Economist consideran que los límites de la dependencia israelí respecto a Washington se han encogido de forma notable.
No es un cambio menor. Implica que Israel necesita repensar por completo su postura estratégica y su doctrina de seguridad nacional. La redacción londinense lo califica sin ambages como un cambio de gran calado, uno que trasciende la figura de Benjamin Netanyahu y que obliga al Estado hebreo a una reflexión profunda.
El frente libanés, una ambigüedad calculada
Uno de los puntos más delicados del memorando de entendimiento que se perfila es Líbano. Según The Economist, el texto menciona de forma deliberadamente vaga que Estados Unidos y sus aliados —Israel ni siquiera aparece nombrado de manera explícita— respetarán la integridad territorial libanesa en la fase inicial del acuerdo.
Esa ambigüedad permite lecturas diametralmente opuestas. Los iraníes pueden sostener que el memorando exige la retirada israelí inmediata del sur del Líbano. Los estadounidenses, en cambio, argumentarán que esa retirada solo es exigible cuando se alcance un acuerdo definitivo y permanente. Ambas partes podrían tener razón según cómo se interprete la letra pequeña.
Netanyahu y el veto silencioso sobre el alto el fuego
La gran incógnita, apunta el medio, gira en torno a dos capacidades concretas. La primera: si la administración estadounidense frenará a Israel a la hora de ejecutar ataques aéreos sobre Beirut, que se han intensificado en semanas recientes. La segunda: si Irán contendrá a Hamás para que no lance ofensivas contra el norte israelí. Sobre esto último, los analistas de The Economist son cautos: creen que Teherán vigilará los movimientos israelíes muy de cerca y que, si Netanyahu rompe el alto el fuego —algo que está en su mano simplemente ordenando un bombardeo—, la respuesta iraní será casi segura. Pero mirarán a Trump, no a Netanyahu, para que contenga a Israel.
Israel podía trabajar bajo la premisa de que, en el peor de los escenarios, Estados Unidos usaría la fuerza contra Irán. Ahora hay más dudas al respecto, y una estrategia basada en esa certeza tiene interrogantes.
— The Economist
Un vacío estratégico tras tres años de guerra
El semanario describe la situación israelí como un vacío estratégico. La doctrina de seguridad nacional que funcionaba hasta el 7 de octubre colapsó ese día y lo hizo en todos los frentes. Israel, que entonces se descubrió vulnerable, reaccionó lanzándose a una campaña militar casi ininterrumpida durante cerca de tres años, conquistando zonas de amortiguación en Gaza, Líbano y Siria, y librando dos guerras de desgaste. El resultado de todo ese esfuerzo, según el análisis, ha sido toparse con los límites del poder militar israelí. Y lo peor: todavía no hay nada que ocupe el lugar de aquella vieja doctrina.
Pero The Economist va más allá. Sostiene que Israel no solo necesita una nueva doctrina de seguridad, sino también una nueva doctrina diplomática. Mientras la región ha sido un hervidero de iniciativas diplomáticas —con Siria reincorporándose al redil árabe e Irán volviendo a los foros internacionales—, Israel apenas ha participado en negociaciones significativas. Sería estimulante, ironiza la publicación, ver a un líder israelí que hable de diplomacia tanto como de opciones militares.
Primarias demócratas y una relación bajo mínimos
El impacto sobre la relación bilateral con Estados Unidos es otro de los focos del análisis, y las perspectivas no son halagüeñas. Mientras se desarrollaba el acuerdo con Irán, las primarias demócratas han evidenciado fracturas profundas en torno al apoyo a Israel. The Economist menciona el caso de un candidato en Nueva York que probablemente perderá la nominación por negarse a calificar lo sucedido en Gaza bajo ciertos términos, mientras un rival más radical le ha adelantado precisamente por adoptar ese discurso.
En el lado conservador, Trump, por inclinación personal, podría dar oxígeno a quienes atribuyen todos los males del conflicto a Israel. El resultado combinado de ambas dinámicas, concluye el semanario, dibuja un panorama preocupante para los intereses israelíes. Las primarias demócratas en Estados Unidos se han convertido, quieran o no, en un termómetro del desgaste diplomático que acumula Tel Aviv.
El repliegue de las certezas estratégicas no es un fenómeno que ocurra de un día para otro. Más bien se parece al deshielo: al principio solo hay charcos incómodos, luego el suelo cede. La pregunta que deja flotando este análisis es si Israel sabrá leer esos charcos antes de que el terreno desaparezca bajo sus pies.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de The Economist en YouTube.





