Avalanche Payments Collective: la coalición de VanEck y Franklin Templeton que transformará los pagos

La coalición integra emisores de stablecoins, redes de liquidación como Lynq y gestoras de activos para abaratar y acelerar los pagos transfronterizos. Con 28 miembros, busca crear uno de los mayores ecosistemas de pagos sobre blockchain.

Avalanche ha presentado este jueves la Avalanche Payments Collective, una coalición de 28 entidades entre las que figuran pesos pesados como Franklin Templeton, VanEck, Paxos, Ethena o la propia Comisión de Stablecoins de Wyoming. El objetivo es ambicioso: tejer un ecosistema de pagos sobre blockchain que conecte 150 países, 96 divisas y 22.000 millones de endpoints de pago, desde cuentas bancarias hasta monederos móviles.

La iniciativa une a emisores de stablecoins —criptomonedas diseñadas para mantener un valor estable, normalmente ancladas al dólar—, redes de liquidación como Lynq, gestores de activos y empresas fintech bajo una misma infraestructura. De esta forma, pretende atajar los dos grandes lastres de los pagos internacionales: liquidaciones lentas y comisiones elevadas.

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Qué es la Avalanche Payments Collective

En la práctica, la Avalanche Payments Collective funciona como un consorcio en el que cada participante aporta una pieza del rompecabezas. Franklin Templeton pondrá su fondo tokenizado BENJI, mientras que VanEck suma VBILL, un producto regulado con rendimiento sobre la red. Las stablecoins de Agora, Ethena o el FRNT de Wyoming darán liquidez a los pagos, y Tassat ya ha migrado su red de liquidación Lynq —que mueve 2,5 billones de dólares— a Avalanche para respaldar transacciones institucionales.

La capa 1 de Avalanche sirve como columna vertebral técnica, ofreciendo velocidad y tarifas reducidas frente a las redes tradicionales. Según los datos del proyecto, la red ya se ha probado en volúmenes reales: la firma Axiym ha procesado más de 1.400 millones de dólares en pagos transfronterizos sobre Avalanche, y el procesador surcoreano NHN KCP está desarrollando un sistema de pagos basado en esta infraestructura.

Por qué este movimiento puede cambiar los pagos globales

La apuesta de la Avalanche Payments Collective no es simplemente otra prueba piloto. Pretende convertir las stablecoins en herramientas de tesorería cotidianas, algo que hasta ahora se había quedado en el ámbito especulativo o en los nichos de las finanzas descentralizadas. Al incluir a gestoras reguladas como Franklin Templeton y VanEck, el consorcio busca tender un puente entre el mundo institucional y la eficiencia de la blockchain.

El respaldo de Anchorage Digital como custodio y banco regulado será clave para que las empresas se atrevan a mover sus reservas en stablecoins sin miedo a sanciones o bloqueos. Mientras, el ecosistema de crédito de OpenTrade y Grove permitirá que los fondos aparcados en la red rindan algo, en lugar de quedarse ociosos como sucede con las cuentas tradicionales.

Las cifras hablan por sí solas: el sistema planea integrar 96 divisas y alcanzar esos 22.000 millones de terminales de pago —una escala que supera a la mayoría de los proyectos actuales—. Si la coordinación funciona, los pagos transfronterizos podrían pasar de tardar días a liquidarse en segundos y con costes mucho más bajos.

De hecho, los participantes no parten de cero. La migración de Lynq con sus 2,5 billones de dólares en transacciones históricas demuestra que ya hay infraestructura con tracción, y el éxito de Axiym en los pagos B2B con 1.400 millones procesados aporta credibilidad sobre el terreno.

La integración de gestoras reguladas y redes de liquidación heredadas marca un antes y un después en la forma de mover dinero.

Análisis: un paso más hacia la adopción institucional

La creación de la Avalanche Payments Collective resuena con lo que vimos durante el DeFi summer de 2020 —cuando los protocolos descentralizados alcanzaron miles de millones en depósitos—, pero con un matiz importante: aquí los actores son bancos, gestoras y fintechs reguladas. No es un experimento de criptonativos, sino una apuesta por llevar la eficiencia de la blockchain al carril de la banca tradicional.

La presencia de la Comisión de Stablecoins de Wyoming es significativa. Wyoming se ha convertido en un laboratorio regulatorio en Estados Unidos, y su respaldo dota al proyecto de un marco legal que muchas empresas necesitan para justificar ante sus auditores el uso de criptoactivos. Sin embargo, que la coalición reúna a 28 organizaciones no garantiza el éxito: coordinar tantos intereses y estándares distintos es uno de los mayores desafíos de cualquier consorcio abierto.

Por otro lado, la infraestructura de Avalanche como capa 1 es rápida, pero la historia reciente del sector está llena de anuncios grandilocuentes que luego se quedaron en nada. Eso sí, la migración de un sistema como Lynq, que mueve un volumen equivalente al PIB de Francia, es un indicio de que esta vez hay músculo real detrás.

Aun así, conviene no perder de vista los riesgos. La regulación de las stablecoins en Estados Unidos y Europa aún está en plena negociación; cualquier giro legislativo podría alterar las reglas del juego. Además, la dependencia de un único proveedor de infraestructura —Avalanche— concentra el riesgo tecnológico. En el sector cripto, donde los hackeos millonarios son tristemente frecuentes, un fallo de seguridad podría tener consecuencias sistémicas.

En definitiva, la Avalanche Payments Collective es una de de las apuestas más serias que hemos visto para convertir las criptomonedas en una herramienta de pago real. Si consigue que las gestoras muevan parte de su tesorería a la red y los pagos fluyan entre esos 22.000 millones de terminales, habrá demostrado que el sueño de unas finanzas más eficientes va en serio. Por ahora, toca seguir de cerca los primeros hitos y ver si los grandes nombres cumplen lo prometido.


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