El precio de la gasolina en España vuelve a 1,487 euros: se desvanece el impacto de la guerra de Irán

La combinación de la rebaja fiscal de los carburantes y el posible acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán sitúa los precios en niveles de principios de marzo. El diésel también retrocede hasta los 1,573 euros por litro.

La gasolina en España se ha suministrado esta semana a 1,487 euros por litro, un precio que devuelve al consumidor a los niveles previos a la guerra de Irán. Tras semanas de angustia en los surtidores, el impacto del conflicto se ha desvanecido gracias a dos ingredientes: la rebaja fiscal a los carburantes y un acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán que parece inminente. El alivio, sin embargo, es frágil.

La gasolina vuelve a 1,487 euros, un 20% menos que en el pico de marzo

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) recoge en su último boletín que el precio medio de la gasolina de 95 octanos se situó el 16 de junio en 1,487 euros, lo que supone un descenso del 20,8% respecto al pico alcanzado el 21 de marzo, cuando llegó a 1,796 euros. Aquel día, el último antes de la entrada en vigor de las ayudas fiscales, fue el momento más caro para repostar desde hacía más de un año. La gasolina ha ido cediendo paulatinamente desde entonces, impulsada por la menor demanda estacional y, sobre todo, por las medidas del Gobierno.

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El diésel, combustible mayoritario en el parque móvil español, tampoco ha escapado a la tendencia. El litro se pagó a 1,573 euros, el valor más bajo desde el 4 de marzo. Su techo, también el 21 de marzo, fue de 1,942 euros, lo que implica una caída del 19%. La magnitud del retroceso es aún mayor si se compara con el momento más álgido de la crisis, cuando algunos surtidores superaron los dos euros. La rebaja fiscal ha sido clave, pero no única: la prima de riesgo del Brent se ha ido diluyendo.

Para entender el peso de la fiscalidad, basta un dato: en ausencia de las rebajas, el precio de la gasolina antes de impuestos ha subido un 30% desde el inicio de la guerra, y el del diésel un 35%. Es decir, el petróleo crudo sigue caro, pero el Estado ha absorbido parte del incremento. Las medidas, que reducen el IVA del 21% al 10% y recortan el impuesto sobre hidrocarburos, expiran el 30 de junio. Su renovación o no será una decisión política de alto voltaje.

El martes 16, el Brent para entrega en agosto cotizó a 80,13 dólares, aunque durante la sesión del miércoles llegó a bajar de los 78 dólares. El desplome se atribuye a la cercanía de un acuerdo entre Washington y Teherán, que el presidente estadounidense ha calificado de inminente y que este viernes podría rubricarse en Ginebra. Un alto el fuego en la región despejaría las rutas del petróleo y aliviaría los temores de disrupción en el estrecho de Ormuz. Los mercados están comprando esa narrativa, y los surtidores españoles la están reflejando.

El efecto combinado de la fiscalidad y la diplomacia ha hecho en semanas lo que ningún banco central esperaba: devolver al automovilista español el precio de febrero.

Europa, mientras tanto, ofrece un espejo. El boletín petrolero de la Unión Europea con cifras hasta el 15 de junio situó la gasolina media comunitaria en 1,804 euros, por encima de los 1,86 euros de la zona euro. España se mantiene como uno de los países con carburantes más asequibles, pero la brecha se ha reducido. El diésel europeo, en la zona euro, marcó 1,848 euros, casi 30 céntimos más caro que en España. Ese colchón competitivo se debe en buena medida a la política fiscal, que no es eterna.

España se ha convertido en un oasis relativo de carburantes baratos, pero esa ventaja se sustenta en decisiones políticas que pueden revertirse en cuestión de semanas.

El mapa de los precios: de Baza a Tudela, la horquilla que persiste

diésel precio

Aunque el precio medio es tranquilizador, la realidad de cada gasolinera es muy diversa. Según los datos del Miteco, la gasolina más cara de España se suministró en Baza (Granada) a 1,95 euros/litro, mientras que la más barata se encontró en Tudela (Navarra) a 1,249 euros. La horquilla es de 70 céntimos, un margen que muchos conductores pagan por no comparar precios.

Por marcas, Moeve lideró los precios más elevados: 1,554 euros para la gasolina y 1,641 para el diésel. BP Oil y Repsol les siguieron de cerca. Estas diferencias, aunque modestas en comparación con los picos de marzo, reflejan que las grandes petroleras aún están trasladando los costes de refino y distribución con cierta lentitud.

En el extremo opuesto, las estaciones de Tudela y algunas cooperativas agrícolas ofrecieron los precios más competitivos. El diésel más prohibitivo del país se pagó en Mahón (Baleares) y en Elda y Jávea (Alicante), rozando los dos euros: 1,999 euros/litro. La insularidad y la lejanía de los centros logísticos explican estos picos, algo recurrente en archipiélagos y zonas remotas.

Lo que este episodio revela sobre la dependencia energética de España

Hemos llegado a un punto en el que el precio de los carburantes se parece más a un termómetro geopolítico que a un indicador de oferta y demanda. La guerra de Irán encendió la mecha, y las expectativas de paz la han apagado. Pero el ciclo completo nos deja una lección incómoda: la Unión Europea, y España en particular, sigue siendo excesivamente vulnerable a crisis que se originan a miles de kilómetros.

Yo llevo años insistiendo en que la única vacuna real contra estas sacudidas es la electrificación del transporte y la inversión en renovables, pero reconozco que la transición avanza demasiado despacio. Mientras tanto, cada episodio nos aboca a medidas de emergencia que distorsionan el mercado y cargan sobre el presupuesto público. La cuestión no es si habrá otra crisis de precios, sino cuándo, y si estaremos preparados.

El viernes puede ser un punto de inflexión. Si el acuerdo de paz se firma, el Brent podría estabilizarse en la banda de los 75-80 dólares, y los carburantes mantendrían la senda descendente al menos hasta que el Gobierno decida sobre la prórroga fiscal. Pero si algo sale mal —y en Oriente Medio a menudo sale mal—, los 1,487 euros se recordarán como un espejismo.

En definitiva, el episodio de Irán ha sido un test de estrés que España ha pasado gracias a un cóctel de buena suerte diplomática y gasto público. La buena noticia es que los consumidores respiran. La mala, que seguimos sin resolver el problema de fondo.


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