Repsol apuesta fuerte por Venezuela: nuevo acuerdo para explorar zona petrolífera y de gas

Tras años de parálisis negociadora, la petrolera sella un memorando con el Gobierno venezolano para desarrollar nuevos yacimientos al sureste del Lago de Maracaibo. El movimiento refuerza su estrategia de crecimiento en el país pese a las tensiones geopolíticas.

En un movimiento que refuerza su apuesta por el país caribeño, Repsol ha sellado este martes un memorando de entendimiento (MOU) con el Gobierno de Venezuela para explorar y desarrollar la zona Horcón, un nuevo bloque petrolífero y de gas situado al sureste del lago de Maracaibo. El consejero delegado de la petrolera, Josu Jon Imaz, y el director general de exploración y producción, Francisco Gea, rubricaron el documento en Caracas junto a la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez; la ministra de Hidrocarburos, Paula Henao, y el presidente de PDVSA, Héctor Obregón.

El área de Horcón se ubica estratégicamente entre los campos Barúa y Motatán que ya forman parte del portafolio de activos de Repsol en Venezuela. Según la compañía, el acuerdo también sienta las bases para analizar nuevas oportunidades de gas en la costa venezolana, con el objetivo de profundizar en los estudios de los yacimientos gasíferos situados off-shore.

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“Este acuerdo refuerza el compromiso de Repsol con Venezuela, donde opera de forma ininterrumpida desde 1993”, ha subrayado la empresa en un comunicado. La alianza llega después de años de parálisis negociadora, marcados por el impago de una deuda que asciende a 4.500 millones de euros y que el régimen de Caracas ha ido saldando con cargamentos de crudo. De hecho, en las últimas semanas se han reactivado los pagos por esta vía, según fuentes del sector.

Tras la intervención de Washington —que llevó al arresto del anterior presidente Nicolás Maduro—, la Administración estadounidense ha flexibilizado su posición y ha permitido a Repsol retomar inversiones y aumentar la producción. En marzo de 2026, la petrolera española y su socio italiano ENI firmaron un acuerdo estratégico con las autoridades venezolanas para garantizar la sostenibilidad de la producción de gas natural durante este año en el yacimiento de Cardón IV. Posteriormente, a mediados de abril, Repsol logró otro pacto para retomar el control de las operaciones y elevar la producción en Petroquiriquire.

Repsol ha pasado de contener daños a expandir su huella en el país: la firma del MOU de Horcón certifica ese giro.

El memorando de Horcón supone un paso más en la normalización de la presencia de la compañía, que ya opera en Venezuela a través de los consorcios Petroquiriquire, Petrocarabobo y el mencionado Cardón IV. Con 31 años ininterrumpidos de actividad, Repsol considera a Venezuela su segundo país con mayores reservas de hidrocarburos, solo por detrás de Estados Unidos.

La deuda de 4.500 millones de euros, acumulada durante años de impagos, comenzó a saldarse en el último trimestre mediante el envío de petroleros con crudo extraído de Petroquiriquire y Petrocarabobo. Según fuentes del sector, en lo que va de año se han programado al menos diez cargamentos, con un valor estimado de 350 millones de euros cada uno. Esa dinámica ha devuelto a Repsol cierta previsibilidad de caja, lo que ha facilitado la decisión de volver a invertir.

Una apuesta que trasciende lo geopolítico

La firma del MOU con Delcy Rodríguez, una figura clave del oficialismo, no es un gesto menor. Ocurre en un momento en que la comunidad internacional aún debate el reconocimiento del gobierno venezolano y las sanciones se mantienen parcialmente. Sin embargo, para Repsol, la ecuación energética pesa más que el ruido diplomático. Venezuela alberga las mayores reservas probadas de petróleo del mundo —más de 300.000 millones de barriles, según la OPEP— y la compañía española, que prácticamente no expandió su negocio allí durante la última década, necesita reponer reservas y garantizar suministro a sus refinerías.

En el trasfondo juega también la estrategia de la Unión Europea de diversificar fuentes tras la ruptura con Rusia. Aunque el crudo venezolano es pesado y requiere mezclas, su reactivación alivia la presión sobre el mercado global y, de paso, da a Madrid un argumento adicional para defender los intereses de su principal petrolera.

Lo que está en juego no es solo una zona de explotación: es la confirmación de que Repsol se queda, y no en modo pasivo.

Riesgos voluntariamente asumidos

No obstante, el envite no está exento de riesgos. La estabilidad política venezolana sigue siendo frágil; la deuda acumulada es un recordatorio latente de que los pactos pueden volverse papel mojado. Y aunque el pago en petroleo ha sido el mecanismo hasta ahora, la recuperación de los 4.500 millones está lejos de estar garantizada. Cualquier cambio en la Casa Blanca —las elecciones estadounidenses de 2028 ya están en el horizonte— podría reintroducir sanciones más duras y cortar de nuevo el flujo.

petróleo Venezuela

Con todo, la dirección de Repsol parece haber calibrado el riesgo y apostado por una diplomacia empresarial activa. La presencia de Imaz en Caracas, apenas unos meses después de los acuerdos de marzo y abril, es una señal inequívoca de que la compañía no solo quiere mantener sus activos actuales, sino poner el pie en terrenos inexplorados.

Yo creo que la jugada tiene sentido táctico: mientras otros operadores internacionales siguen mirando de lejos, Repsol se posiciona en un momento en que el régimen necesita demostrar que es un socio fiable. El precio de entrada es bajo en comparación con otras cuencas, y el potencial de Horcón, aunque todavía sin cuantificar, se sustenta en una de las regiones geológicas más prolíficas del planeta.

El horizonte, si todo sale bien, podría ser un salto cualitativo en producción para 2030. Pero para eso hará falta algo más que un MOU: inversión cuantiosa, tecnología, estabilidad fiscal y, sobre todo, que el reloj político siga sincronizado con el cronograma geológico. De momento, Repsol acaba de marcar el siguiente casillero.


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