Indra revoluciona la guerra electrónica: Un dron cautivo conectado a vehículo táctico

El sistema, presentado en la feria Eurosatory 2026, elimina las limitaciones de batería al operar conectado a un blindado. Indra consolida así su apuesta por la guerra electrónica de nueva generación.

El campo de batalla moderno tiene un punto débil que desespera a los estrategas más brillantes: los cables. O más bien, la falta de ellos. Indra ha decidido que la solución a la autonomía de los drones de guerra electrónica pasa precisamente por renunciar a las baterías y volver a enchufarlos. En la prestigiosa feria Eurosatory 2026, la multinacional española ha presentado un revolucionario sistema de dron cautivo conectado directamente a un vehículo táctico.

El concepto, aunque sencillo sobre el papel, supone una ruptura generacional. Al alimentarse mediante un cable umbilical desde un blindado, el dron puede permanecer en el aire durante horas, dotando a las tropas de una capacidad de escucha e interferencia persistente sobre un área extensa. Se acabó el mirar el reloj esperando que el dron enemigo se quede sin batería; aquí el reloj lo pone el depósito de diésel del camión.

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Autonomía infinita y potencia bruta: el fin del ‘espera a que se quede sin batería’

La guerra electrónica (EW) requiere equipos pesados y de alto consumo energético. Un dron estándar a batería apenas puede sostener un ‘jammer’ potente durante unos pocos minutos. Al eliminar esa limitación, el sistema de Indra gana en tiempo de vuelo, pero sobre todo en potencia de emisión bruta. Podemos pensar en ello como la diferencia entre gritar con un megáfono a pilas o conectar un amplificador a la red eléctrica; la capacidad de cegar al oponente se multiplica.

Según ha podido saber esta redacción a partir de los datos presentados en París, el diseño está pensado para contrarrestar la amenaza de los drones FPV (First Person View), que han demostrado ser devastadores en conflictos recientes. La idea es crear una burbuja de interferencia que se desplaza con el convoy, protegiendo a las unidades sin necesidad de desplegar frágiles antenas estáticas que el enemigo puede detectar y destruir fácilmente.

Ya no se trata de quién tiene el mejor misil, sino de quién ciega primero al rival. Y con cable de por medio, Indra se permite no pestañear en horas.

Eurosatory, el escaparate de la ambición alemana de Indra

Este no es el único as bajo la manga que Indra ha mostrado en la feria parisina. La compañía también ha presentado su primer dron de despegue vertical de ala fija, confirmando su apuesta por cubrir todos los flancos del espectro aéreo no tripulado. Sin embargo, el movimiento estratégico real que subyace es su alianza con los gigantes teutones para captar contratos milmillonarios.

En paralelo al desarrollo del dron cautivo, Indra ultima un acuerdo con Rheinmetall y MAN para usar sus plataformas en un gran contrato de artillería. Las cifras que se barajan en la feria hablan de un volumen cercano a los 2.686 millones de euros. Este encaje de piezas revela una hoja de ruta clara por parte de la empresa presidida por Marc Murtra: no se trata solo de fabricar sensores, sino de convertirse en el integrador tecnológico de referencia para los futuros programas blindados europeos.

La ‘burbuja española’ que quiere flotar sobre Europa

Con esta apuesta, Indra se está posicionando para disputar el liderazgo en el sur de Europa a Thales (Francia) o Leonardo (Italia). Detrás de la decisión de desarrollar un dron cautivo hay una lógica industrial aplastante: es una tecnología comparativamente más barata y robusta que diseñar desde cero un vehículo terrestre no tripulado (UGV) complejo, pero que sin embargo añade una capacidad diferencial enorme a los vehículos tripulados actuales.

El contexto macroeconómico es un viento de cola indudable. La presión de la OTAN para alcanzar el 2% del PIB en defensa está llenando las arcas de las empresas del sector. Para Indra, que en 2025 ya superó los 2.000 millones de ingresos en Defensa y Seguridad, el camino hacia los 3.000 millones pasa por sistemas como este. Eso sí, el riesgo siempre está en la fragmentación del mercado europeo. Aunque si algo juega a favor de este ingenio es, paradójicamente, la búsqueda de la estandardización dentro de la Alianza: al ser un sistema fácilmente exportable y adaptable a casi cualquier blindado aliado, el ‘enchufe táctico’ español tiene todas las papeletas para convertirse en un nuevo estándar.


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