El telescopio Webb revela cómo el exoplaneta HD 80606 b se asfixia al rozar su estrella

Los datos del Webb muestran un aumento de temperatura de más de 600 °C cuando el planeta pasa cerca de su estrella cada 111 días. El hallazgo, presentado en la AAS, revela cambios químicos en tiempo real en un Júpiter caliente extremo.

El telescopio espacial James Webb ha captado un brutal aumento de temperatura en el exoplaneta HD 80606 b. Los datos, presentados esta semana en la reunión 248 de la Sociedad Astronómica Americana, revelan cómo este Júpiter caliente se calienta más de 600 °C en cuestión de horas al rozar su estrella, un hallazgo que confirma que es uno de los mundos más extremos conocidos.

El planeta, que tiene cuatro veces la masa de Júpiter, describe una órbita muy excéntrica: cada 111 días pasa de estar alejado a sumergirse a apenas unos pocos millones de kilómetros de su estrella, similar al Sol. Durante ese acercamiento, denominado periastro, la radiación estelar lo somete a un horno instantáneo. Los datos del Webb muestran que la temperatura superficial se dispara en 1.100 grados Fahrenheit —unos 600 grados Celsius— en el lapso de unas horas. La observación, meticulosamente planificada durante años, aprovechó el momento del eclipse secundario, cuando el planeta pasaba por detrás de la estrella desde la perspectiva del telescopio.

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“Los Júpiter calientes ya se consideran algunos de los exoplanetas más extremos que conocemos, pero incluso entre esa población, HD 80606 b es uno de los más extremos”, afirma Tiffany Kataria, investigadora principal del estudio en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. “Normalmente pensamos en los Júpiter calientes como gigantes gaseosos muy cercanos a su estrella, pero la órbita altamente excéntrica de este planeta crea una bestia completamente distinta”.

Un horno orbital de 600 grados en apenas horas

El instrumento MIRI del Webb, sensible al infrarrojo medio, permitió a los científicos descomponer la luz del planeta en un espectro que revela temperatura y composición química. La diferencia respecto a las mediciones previas del telescopio espacial Spitzer es notable. “Webb ha demostrado que el aumento de temperatura fue incluso más extremo de lo que anticipábamos basándonos en los datos de Spitzer”, añade Kataria.

Las observaciones captaron al planeta justo antes, durante y después del periastro. El equipo ya ve cambios drásticos en la química atmosférica, aunque el análisis detallado de todo el conjunto de datos apenas ha comenzado. La detección de firmas de metano y dióxido de carbono supone un salto cualitativo frente a lo que Spitzer pudo ofrecer, según Ryan Challener, coautor del estudio en la Universidad de Cornell.

El planeta ya había sido bautizado como el ‘exoplaneta asado’, y Webb confirma que la cocción es aún más extrema de lo que se creía.

Espectroscopia infrarroja para atrapar un instante

Planificar esta observación fue un desafío logístico. La órbita de 111 días es relativamente corta, pero el telescopio Webb, que orbita el Sol a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, tiene restricciones sobre hacia dónde puede apuntar en cada época del año. Los investigadores tuvieron que coordinar la ventana de observación con la posición del planeta y la del telescopio para no perder el fugaz momento del eclipse secundario. “Observar un planeta como HD 80606 b es muy eficiente porque su órbita inusual, con los correspondientes cambios de temperatura y composición, nos permite recopilar datos en condiciones variables en solo horas y aplicar esos hallazgos a otros Júpiter calientes o exoplanetas más convencionales”, explica Laura C. Mayorga, co-investigadora del Johns Hopkins Applied Physics Laboratory.

La técnica de espectroscopia es la misma que el Webb emplea para estudiar atmósferas de otros mundos, pero aquí la rapidez del cambio obligó a un muestreo casi cinematográfico. Los científicos comparan el proceso a “ver cómo se cocina un planeta en tiempo real”.

Júpiter caliente

Lo que este ‘asado’ planetario nos enseña sobre los Júpiter calientes

El caso de HD 80606 b tiene un valor que trasciende la mera anécdota del récord de temperatura. Los Júpiter calientes con órbitas excéntricas son laboratorios naturales en los que la atmósfera se somete a variaciones extremas de radiación, vientos supersónicos y reacciones químicas que en planetas más tranquilos tardarían milenios en darse. Aquí todo ocurre en cuestión de horas, lo que permite a los modelos teóricos contrastar sus predicciones sobre formación de nubes, disociación de moléculas o transporte de calor con una precisión hasta ahora inalcanzable.

No obstante, los resultados presentados en la AAS son preliminares. El equipo recalca que apenas ha empezado a arañar la superficie de un conjunto de datos “increíblemente rico”. Habrá que esperar a la publicación formal en una revista con revisión por pares para confirmar las interpretaciones sobre la abundancia de metano o la presencia de otros compuestos. Aun así, la nitidez del cambio térmico captado deja poco margen a la duda sobre la capacidad de Webb para convertir cada observación en un pequeño hito.

Si algo deja claro este hallazgo es que la próxima generación de telescopios espaciales no solo verá exoplanetas como puntos de luz, sino que leerá sus atmósferas con la misma soltura con que un meteorólogo lee un mapa de temperaturas. Y HD 80606 b, con su órbita de montaña rusa, ha sido el primer pasajero en subirse a esta nueva atracción.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: Un aumento extremo de temperatura (1.100 °F / ≈600 °C) en el exoplaneta HD 80606 b, acompañado de cambios químicos en tiempo real en su atmósfera, observados por el telescopio James Webb.
  • Dónde: El sistema HD 80606, a unos 217 años luz de la Tierra, en la constelación de la Osa Mayor.
  • Institución responsable: NASA, con el Jet Propulsion Laboratory y el Space Telescope Science Institute; datos presentados en la reunión 248 de la American Astronomical Society.
  • Cuándo: Observación planificada durante años, ejecutada en el último ciclo del Webb, y presentada el 16 de junio de 2026.
  • Impacto a futuro: Demuestra la capacidad del Webb para monitorizar atmósferas extremas en escalas de horas, sentando las bases para estudiar la meteorología de otros mundos y calibrar modelos de evolución planetaria.

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