‘Soy Frankelda’, el estreno de Netflix asesorado por Guillermo del Toro: la escena de terror gótico que está disparando las alarmas en redes

Soy Frankelda ya está en Netflix y una de sus escenas en stop-motion ha desatado un debate inmediato entre los espectadores españoles. Te explicamos qué hay detrás de esta producción y por qué tantos la están comentando.

Soy Frankelda llegó este viernes 12 de junio de 2026 al catálogo de Netflix y desde las primeras horas ha generado una conversación intensa en redes sociales españolas. Se trata del primer largometraje mexicano realizado íntegramente en stop-motion, una técnica artesanal que pocas producciones se atreven a abordar a esta escala.

Lo que más está comentando la comunidad cinéfila no es solo la historia, sino una secuencia concreta cargada de imágenes perturbadoras que muchos describen como difícil de procesar a la primera. El morbo y la curiosidad han hecho el resto.

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Soy Frankelda: la película que está marcando un hito en la animación

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La película sigue a Francisca Imelda, una escritora del siglo XIX que decide adoptar el seudónimo de Frankelda para poder publicar sus historias de terror. Su universo está poblado de monstruos que ella misma creó y que, en la trama, terminan cobrando vida propia.

El proyecto nació del estudio Cinema Fantasma, fundado por los hermanos Roy y Arturo Ambriz, quienes invirtieron años de trabajo manual en la fabricación de más de cien marionetas y decenas de escenarios. Esa dedicación artesanal es precisamente lo que ha hecho que Soy Frankelda destaque frente a otras producciones de animación más convencionales.

El papel de Guillermo del Toro en Soy Frankelda

Soy Frankelda no está dirigida por Guillermo del Toro, aunque su nombre aparece constantemente asociado al proyecto, y con razón. El cineasta mexicano ejerció como mentor creativo de los hermanos Ambriz durante buena parte del proceso de producción.

Del Toro vio el corte final de la película en varias ocasiones y ofreció consejos directos sobre ritmo, fotografía y construcción de personajes. Esa cercanía explica por qué tantos medios y usuarios mencionan a Guillermo del Toro cuando hablan de Soy Frankelda, aunque el crédito de dirección sea íntegramente de los hermanos Ambriz.

La escena que está generando tanto debate en redes

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Sin entrar en detalles que arruinen la sorpresa, la secuencia en cuestión combina diseño de criaturas muy detallado con una atmósfera de pesadilla que recuerda al cine de Tim Burton o Henry Selick. La diferencia es que, al estar hecha a mano fotograma a fotograma, cada gesto y textura transmite una sensación de realidad física que la animación digital rara vez logra.

Muchos espectadores en España han compartido capturas de pantalla en redes sociales, comentando que tuvieron que pausar el vídeo para asimilar lo que estaban viendo. No es terror gratuito, sino una puesta en escena tan trabajada que provoca una reacción casi instintiva.

Por qué Soy Frankelda conecta con el público español

España tiene una larga tradición de aprecio por la animación stop-motion, desde Coraline hasta Pinocho, así que no sorprende que esta producción haya encontrado un nicho receptivo casi de inmediato. La estética gótica, además, encaja con el gusto creciente por historias de fantasía oscura entre el público joven.

A esto se suma el factor curiosidad: ver una propuesta mexicana competir técnicamente con estudios consolidados como Laika o Aardman genera un interés añadido. La conversación en redes no gira solo en torno al miedo, sino también al orgullo por el logro artesanal que representa la película.

Algunos de los elementos que más se repiten en los comentarios son:

  • El diseño de las marionetas, con más de cien piezas hechas a mano.
  • La banda sonora, con tintes de musical gótico.
  • La inspiración en figuras como Mary Shelley para el personaje principal.
  • El contraste entre escenas luminosas y secuencias de pesadilla.

Qué se espera ahora para Soy Frankelda y el stop-motion mexicano

El éxito de Soy Frankelda en Netflix podría abrir la puerta a más coproducciones internacionales centradas en animación artesanal, un terreno donde México ha demostrado tener talento y paciencia para competir con gigantes del sector.

Si te interesa este tipo de propuestas, lo más recomendable es verla sin demasiados spoilers previos: parte del impacto está precisamente en no saber qué esperar. Lo que sí parece claro es que Soy Frankelda ha llegado para quedarse en las conversaciones cinéfilas de este verano.


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