La comarca del suroccidente asturiano, golpeada por el cierre de la central térmica de Narcea, suma este miércoles un nuevo capítulo en su proceso de reindustrialización. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) ha adjudicado el concurso de transición justa del Nudo Narcea 400 kV a La Barca Energía, sociedad participada por Magtel y Acciona, para construir una central hidroeléctrica reversible de 320 megavatios (MW). La resolución, publicada en el Boletín Oficial del Estado, otorga a esta candidatura el acceso a la red en uno de los nudos más estratégicos del norte peninsular y cierra un procedimiento iniciado a finales de 2024.
La propuesta de La Barca Energía obtuvo 85,82 puntos, una ventaja decisiva frente a los 49,65 puntos de EDP España y los 30,91 de CDR Buseiro. La diferencia se explica, sobre todo, por la solidez de los compromisos socioeconómicos adquiridos con el territorio, uno de los criterios de mayor peso en el diseño del concurso. El MITECO evaluó las ofertas con informes técnicos de Red Eléctrica y del Instituto para la Transición Justa, que valoraron tanto la viabilidad tecnológica como el impacto ambiental y económico del proyecto.
La Barca Energía se adjudica el Nudo Narcea con 85,82 puntos
La central hidroeléctrica reversible proyectada por Magtel —a través de su sociedad La Barca Energía, con Acciona como socio industrial— absorberá prácticamente toda la capacidad que salía a concurso en el nudo Narcea 400 kV. De los 354 MW disponibles, 320 MW quedan asignados a este proyecto. Los 34 MW restantes se adjudicarán más adelante siguiendo el criterio de orden temporal previsto en la normativa de acceso y conexión.
La central de bombeo funcionará con dos embalses a distinta altura. En las horas de baja demanda —y, por tanto, de precios reducidos en el mercado mayorista— bombeará agua al embalse superior. En los picos de consumo, cuando la generación solar y eólica no alcanzan a cubrir la demanda, turbinará esa agua para producir electricidad. Es una tecnología que el sistema eléctrico español necesita cada vez más: el almacenamiento a gran escala es la pieza que falta para integrar los excedentes renovables sin recurrir a ciclos combinados de gas.
El proyecto se enmarca en la política de nudos de transición justa que el Gobierno activó tras el cierre de las centrales térmicas de carbón. El MITECO ha diseñado estos concursos para atraer inversión industrial y empleo de calidad a comarcas que pierden su principal motor económico con el fin de la generación con combustibles fósiles. El Nudo Narcea es uno de esos puntos: la central térmica homónima dejó de operar en 2020 y desde entonces la zona ha recibido más de 169 millones de euros en ayudas a trabajadores, proyectos empresariales y restauración ambiental.
La oferta de La Barca Energía no ganó solo por criterios técnicos: fue la ambición de sus compromisos con el territorio lo que desequilibró la balanza.
Más de 400 millones y 289 empleos: los compromisos que inclinaron la balanza
La inversión total movilizada por el proyecto supera los 400 millones de euros. De esa cifra, más de 323 millones se destinarán a proveedores de la cadena de valor asturiana, un dato que explica por qué la candidatura de Magtel cosechó 36 puntos más que su inmediato perseguidor. La memoria de adjudicación detalla que el proyecto creará 289 empleos durante un periodo mínimo de doce años, vinculados a la operación, el mantenimiento, el desarrollo de iniciativas empresariales paralelas y las actuaciones de conservación ambiental. Esto equivale a 3.478 empleos a tiempo completo anualizados.
Los compromisos de empleo incluyen cláusulas muy específicas. La empresa reserva 154 puestos para trabajadores afectados por el cierre de la térmica de Narcea, inscritos en la bolsa del Instituto para la Transición Justa. Además, el 52,24% del empleo comprometido será para mujeres, un porcentaje inusual en proyectos de infraestructura energética que apunta a una negociación exigente con los agentes sociales del territorio.
El capítulo de formación es igualmente ambicioso. La propuesta contempla 211.585 horas de capacitación dirigidas a 5.520 vecinos de los municipios incluidos en el ámbito del concurso. En paralelo, el proyecto instalará 4,4 MW de autoconsumo fotovoltaico que beneficiarán a 452 consumidores —particulares y pequeñas empresas— en un intento de democratizar el acceso a energía limpia en la comarca.
No son los únicos números. La oferta de La Barca Energía reserva dos millones de euros a proyectos de conservación y restauración de la biodiversidad, un millón adicional a iniciativas de economía circular y otros 2,5 millones a mecanismos de financiación participativa para que los vecinos puedan implicarse directamente en el desarrollo de la instalación. Todo ello está respaldado por una garantía definitiva de 38,4 millones de euros, constituida para asegurar el cumplimiento de cada uno de estos compromisos.
El peso de estas exigencias es alto, y el MITECO lo sabe. De ahí que la garantía no sea una formalidad: si el promotor no ejecuta lo prometido, el ministerio ejecutará el aval. Es un blindaje que no existía en los antiguos concursos eólicos de principios de siglo y que refleja un cambio de paradigma en la relación entre desarrolladores energéticos y territorio.
La cifra más reveladora no son los 320 MW: son los 323 millones que se quedarán en la cadena de valor asturiana.
El bombeo hidroeléctrico, vector de almacenamiento en la España que cierra el carbón
La adjudicación del Nudo Narcea no es un hecho aislado. Forma parte de un desembarco del almacenamiento por bombeo en la Península que avanza a varias velocidades. Iberdrola tiene en construcción la gigabatería de Alcántara, en Extremadura, con 440 MW. Repsol ha anunciado su interés por el bombeo en el norte. La propia Acciona, socia de Magtel en La Barca Energía, anunció en 2025 una inversión de casi 900 millones en su primera gran central de este tipo en España. El patrón se repite: donde antes había carbón, ahora se proyectan embalses reversibles.
La lógica es doble. Por un lado, el sistema eléctrico necesita almacenamiento estacional y diario para gestionar los picos de generación renovable —sobre todo los excedentes solares de las horas centrales del día— y devolver esa energía al sistema cuando el sol se pone y la demanda sube. Por otro, los concursos de transición justa ofrecen a las empresas acceso a nodos de evacuación muy valiosos —como el de Narcea 400 kV— que de otro modo exigirían años de tramitación y costes millonarios en nuevas líneas.
Hay, sin embargo, una lectura de riesgo. La central de La Barca deberá superar ahora las autorizaciones administrativas y ambientales. Los proyectos de bombeo, aunque generen menos rechazo social que los parques eólicos en según qué zonas, no están exentos de controversia. La construcción de dos embalses —uno de ellos nuevo o ampliado— en territorio de alta sensibilidad ecológica puede encontrar obstáculos. La clave estará en cómo se ejecuten los compromisos ambientales de la oferta ganadora, que suman tres millones de euros entre biodiversidad y economía circular.
Otra incógnita es el calendario. La resolución del MITECO otorga el acceso a la red, pero no exime de la tramitación ambiental ni de la obtención de las licencias municipales y autonómicas. La experiencia de otros grandes proyectos energéticos en España sugiere que entre la adjudicación y la puesta en servicio pueden transcurrir entre cinco y ocho años. Si se cumplen los plazos más optimistas que maneja el sector, la central de La Barca podría entrar en operación en el horizonte de 2032.
Para entonces, el mix eléctrico español será muy distinto al actual. El carbón será un recuerdo y la nuclear habrá iniciado su apagado escalonado. La capacidad de almacenamiento —en forma de bombeo y de baterías— determinará en buena medida el precio de la electricidad en las horas valle y la seguridad del suministro en los picos de demanda. En ese contexto, los 320 MW del Nudo Narcea no son solo una inversión industrial: son una apuesta de país por un modelo energético que necesita almacenar para ser 100% renovable.




