El padre de la terapia CAR-T: Michel Sadelain relata cómo venció el escepticismo y curó cáncer

El inmunólogo recibe este jueves el premio Fronteras del Conocimiento junto a Carl June. Su terapia con células modificadas ha logrado curar leucemias y linfomas con una sola dosis.

Michel Sadelain nunca imaginó que aquella idea que tachaban de absurda acabaría curando cáncer. Este jueves, el inmunólogo francocanadiense recogerá en Madrid el premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Biología y Biomedicina junto a Carl June, de la Universidad de Pensilvania. Su terapia con células CAR-T, que reprograma las defensas del propio paciente, ha logrado eliminar varias leucemias y linfomas con una sola dosis.

Nacido en París en 1960, Sadelain estudió Medicina antes de marcharse a Canadá para hacer un doctorado en inmunología. Allí comprendió que el sistema inmunitario tiene dificultades para controlar el cáncer y empezó a darle vueltas a una idea radical: en lugar de vacunas, había que dar una orden de misión directa a las células T. “Tienes que insertar genes. Los genes programan lo que hacen nuestras células”, explica. Con esa convicción aterrizó a finales de los ochenta en el MIT para aprender la entonces incipiente ingeniería genética.

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Una idea “absurda” que nadie quiso escuchar

Cuando Sadelain llegó al Instituto Tecnológico de Massachusetts, la comunidad científica seguía empeñada en estimular el sistema inmune con vacunas contra el cáncer. “La gente decía: ‘¿ingeniería y células T? ¡Qué idea tan absurda!’”, recuerda. Incluso en los años 2000, colegas de primer nivel le aseguraban que aquello era ciencia ficción y que la industria jamás se interesaría. Pero el joven investigador se volcó en la transferencia génica: buscaba insertar en los linfocitos un receptor quimérico —el CAR— capaz de reconocer una diana tumoral.

El escepticismo duró dos décadas. Sadelain admite que uno de los momentos más difíciles fue oír que, aunque el experimento funcionara, nunca tendría recorrido clínico. Sin embargo, cada fracaso parcial le enseñaba algo. “Me convertí en un experto en ingeniería genética”, dice con naturalidad. Su obstinación acabó por dar fruto a principios de los años 2010, cuando los primeros pacientes con leucemia refractaria empezaron a responder.

Cómo las células T se convierten en medicamentos vivos

El procedimiento extrae sangre del enfermo, aísla sus células T y les inserta un gen que fabrica el receptor CAR. Esa molécula híbrida reconoce una proteína en la superficie de las células cancerosas. Expandidas en laboratorio, las células modificadas se infunden de vuelta. “No era una célula natural, era una célula programada genéticamente, y el medicamento no se administra dos veces por semana ni dos al día. Se administraba solo una vez”, subraya Sadelain. Por eso las bautizó como “medicamentos vivos”: patrullan el torrente sanguíneo como coches de policía y atacan al tumor cuando lo detectan.

Michel Sadelain

Los primeros ensayos clínicos, a principios de la década de 2010, tuvieron dificultades incluso para reclutar voluntarios. “Nuestros colegas decían: ‘Oh, esto es un poco loco’”, rememora. Hoy, sin embargo, hay lista de espera. Los resultados en leucemias linfoblásticas agudas y linfomas refractarios sorprendieron al mundo: remisiones profundas que se mantenían en el tiempo tras una única infusión. Una sola dosis podía curar.

No era una célula natural, era una célula programada genéticamente. El medicamento se administraba solo una vez y podía ser curativo.

Estas células se mueven por todo el cuerpo por el torrente sanguíneo, un poco como coches de policía que recorren los barrios vigilando. Cuando encuentran algo, detienen al malhechor. “Las células T deberían matarlo”, afirma el investigador. La analogía ayuda a entender por qué las CAR-T resultaron tan disruptivas: en lugar de una quimioterapia continua, el sistema inmune del paciente se convierte en el fármaco.

La disrupción de una sola dosis y el techo de cristal roto

La promesa de una medicina administrada una vez y curativa choca con la lógica financiera de la industria farmacéutica. “Aquí tienes que pagar de una sola vez, y eso es problemático. Así que es disruptivo”, admite Sadelain. El coste elevado de las terapias celulares —centenares de miles de euros por paciente— ha obligado a negociar sistemas de pago por resultados y a debatir cómo financiar la innovación curativa. El propio Sadelain lo considera uno de los grandes desafíos pendientes.

Pese a las barreras, el legado de Sadelain y June ha roto “lo que podríamos llamar un techo de cristal”. Las CAR-T no solo han curado cánceres hematológicos, sino que hoy se ensayan en tumores sólidos y en enfermedades autoinmunes. La idea de diseñar células T como misiles guiados ha abierto un nuevo campo: la medicina viva. Para Sadelain, lo más memorable no es el reconocimiento, sino “esos primeros pacientes que tuvieron el valor de inscribirse en estos ensayos”.

El premio de la Fundación BBVA reconoce, en definitiva, una historia de obstinación científica que transformó el escepticismo en cura. Sadelain cree que la inteligencia artificial aún no puede sustituir la intuición humana —“Lo que hago todavía es IH, inteligencia humana”, bromea—, y su trayectoria demuestra que algunas de las ideas más descabelladas necesitan tiempo y carácter para vencer la inercia. La terapia CAR-T no es perfecta: no funciona en todos los pacientes y sigue siendo cara. Pero ha curado a miles de personas, y eso ya es un hito.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: La terapia CAR-T, que modifica genéticamente las células T del paciente para que reconozcan y destruyan células cancerosas de leucemias y linfomas.
  • Dónde: Desarrollada inicialmente en el MIT (Massachusetts) y el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York.
  • Institución responsable: Michel Sadelain (Universidad Columbia) y Carl June (Universidad de Pensilvania); premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento.
  • Cuándo: Investigación desde los años 80; primeros ensayos clínicos exitosos hacia 2011; premio concedido en 2026.
  • Impacto a futuro: Ha demostrado que un medicamento de una sola dosis puede curar el cáncer y abre la vía a nuevas terapias celulares para tumores sólidos y enfermedades autoinmunes.

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