Descubren quiralidad inducida por tensión en cristales no quirales para propiedades electrónicas

La quiralidad, antes una propiedad fija de los cristales, ahora puede encenderse y apagarse a voluntad aplicando tensión. El avance, firmado por el Max Planck y la Universidad de Oxford, se publica en Nature y promete nuevas arquitecturas electrónicas.

Científicos del Instituto Max Planck para la Estructura y Dinámica de la Materia (MPSD) y la Universidad de Oxford han logrado un avance que desafía una de las normas de la química de materiales: mediante la aplicación de tensión mecánica, consiguen inducir quiralidad en cristales que, en condiciones normales, no la poseen. El hallazgo, publicado esta semana en Nature, abre la puerta a ‘imprimir’ propiedades electrónicas quirales a demanda, con potenciales aplicaciones en espintrónica y computación cuántica.

La quiralidad es una propiedad geométrica que distingue a las moléculas que no pueden superponerse con su imagen especular, como nuestras manos. En la naturaleza, esta asimetría es omnipresente: los aminoácidos que forman las proteínas son todos levógiros, y muchos fármacos solo funcionan si tienen la orientación espacial correcta. El caso más trágico fue el de la talidomida, cuyas dos versiones especulares tenían efectos radicalmente distintos: una mano era sedante, la otra causaba malformaciones congénitas.

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Qué es la quiralidad y por qué importa

Hasta ahora, la quiralidad de un cristal venía determinada por su estructura atómica fija. Si un material no era quiral, no había forma de convertirlo en tal sin reordenar sus átomos. Pero el equipo del Max Planck y Oxford ha demostrado que esa regla no es absoluta. Aplicar una tensión mecánica controlada a un cristal no quiral puede romper su simetría y forzarlo a comportarse como si fuera quiral, una proeza que recuerda al gesto de estirar una goma para que sus moléculas se alineen.

El experimento se centró en un cristal piezoeléctrico, conocido por generar carga eléctrica bajo presión. Al someterlo a una tensión uniaxial, los científicos detectaron, mediante técnicas de óptica avanzada, cómo la luz polarizada rotaba al atravesar el material, un signo inequívoco de que la quiralidad había emergido. La clave reside en que la deformación mecánica reorienta los enlaces atómicos de forma tal que el cristal adquiere una ‘preferencia de mano’ temporal y reversible.

El experimento que forzó a los cristales a elegir una mano

cristales no quirales

Los investigadores no se limitaron a observar el fenómeno: demostraron que la quiralidad inducida podía modularse variando la intensidad y la dirección de la tensión. Eso convierte al cristal en una suerte de interruptor quiral, una plataforma ideal para controlar propiedades electrónicas como el espín del electrón. En palabras del estudio, se trata de una ruta inédita para ‘imprimir’ quiralidad a la carta.

La espintrónica, que aprovecha el espín del electrón además de su carga, busca justo materiales que filtren electrones según su orientación. Los cristales quirales, a través del efecto de selectividad de espín inducida por quiralidad (CISS, por sus siglas en inglés), pueden actuar como polarizadores de espín sin necesidad de imanes. El nuevo método añade un grado de libertad: si la quiralidad se puede encender y apagar con un simple estiramiento, los dispositivos podrían reconfigurarse dinámicamente.

La quiralidad ya no es una propiedad fija: se puede encender y apagar con un simple estiramiento.

La quiralidad inducida: una fábrica de propiedades a la carta

El trabajo, publicado en Nature con la firma del MPSD y Oxford, supone un giro conceptual. Durante décadas se había asumido que la simetría cristalina era inamovible salvo por transiciones de fase. Ahora, la tensión mecánica se revela como una herramienta versátil para esculpir respuestas electrónicas que antes requerían síntesis químicas complejas.

Las aplicaciones no se limitan a la espintrónica. En optoelectrónica, los materiales quirales pueden emitir luz polarizada circularmente, útil en pantallas y comunicaciones cuánticas. Además, el diseño de superficies quirales selectivas aceleraría reacciones catalíticas para la industria farmacéutica, produciendo solo la ‘mano’ deseada de un compuesto.

Análisis: reescribiendo el manual de los materiales

No obstante, hay que conservar la cautela. El artículo describe un experimento de laboratorio sobre un único tipo de cristal, y la estabilidad de la quiralidad inducida a largo plazo o en condiciones de fatiga mecánica está por estudiar. Tampoco se ha integrado aún en un dispositivo funcional. Lo que ofrece es una prueba de concepto tan sólida como prometedora.

El siguiente paso será explorar si el efecto es universal y aplicable a otros sistemas —por ejemplo, semiconductores de uso común— y si puede miniaturizarse hasta la nanoescala. Si se logra, la capacidad de programar la quiralidad con un simple actuador piezoeléctrico podría dar lugar a una nueva clase de chips reconfigurables.

La investigación, financiada por la Sociedad Max Planck y el Consejo Europeo de Investigación, aporta un principio físico que enlaza mecánica y electrónica con una elegancia inusual. Por primera vez, la mano derecha y la izquierda de un material se pueden elegir a voluntad. Y, como suele ocurrir en la historia de la ciencia, lo que empieza siendo una curiosidad fundamental termina por transformar la tecnología. El cristal que se retuerce para cambiar de mano ya lo ha conseguido.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: La tensión mecánica aplicada a un cristal no quiral induce quiralidad controlada y reversible, permitiendo imprimir propiedades electrónicas quirales.
  • Dónde: Laboratorios del Instituto Max Planck para la Estructura y Dinámica de la Materia (MPSD) en Hamburgo y la Universidad de Oxford.
  • Institución responsable: MPSD y Universidad de Oxford, con publicación en Nature.
  • Cuándo: Publicado a finales de julio de 2026.
  • Impacto a futuro: Abre la vía para dispositivos espintrónicos reconfigurables, catalizadores selectivos y pantallas de luz polarizada, con un control sin precedentes de la quiralidad.

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