Jordi Hereu tensa la opa de Escribano sobre Indra al intervenir en la pugna accionarial

La exclusión de EM&E del contrato de camiones militares por 1.000 millones y la rebaja de su valoración dejan en el aire la fusión. La junta del 30 de junio será clave para el nuevo rumbo de Indra.

Indra afronta una junta general de accionistas decisiva el próximo 30 de junio con la sombra de la fusión que impulsan los hermanos Ángel y Javier Escribano, mientras el Gobierno, a través del ministro de Industria, Jordi Hereu, maniobra para frenar esa operación. La posible absorción del grupo de defensa por parte de Escribano Mechanical and Engineering (EM&E), planteada como una opa de facto, ha sumado un nuevo episodio de tensión justo cuando el valor de las empresas militares cotiza a la baja en Europa.

El Gobierno corta el grifo a EM&E

El ministerio que dirige Hereu excluyó la semana pasada a EM&E del contrato para fabricar camiones militares por 1.000 millones de euros, un movimiento que los analistas interpretan como un intento de desactivar el poder de los empresarios madrileños. La empresa familiar, que hasta hace poco poseía el 14,3 % del capital de Indra —participación vendida a principios de mayo, tras la destitución de Ángel Escribano como presidente el 1 de abril y con una ganancia neta de unos 200 millones de euros—, se queda sin un pedido clave en plena ofensiva por retomar el control.

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Según fuentes próximas a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), dueña del 28 % de Indra, la fusión con EM&E no está encima de la mesa. El presidente no ejecutivo, Ángel Simón, ha optado por buscar oportunidades corporativas en Europa que de verdad aporten capacidad de fabricación, en lugar de integrar un taller que, comparado con los gigantes del sector, sigue siendo modesto.

La exclusión del contrato militar no es solo un revés económico: es la señal más clara de que el Ejecutivo quiere cortar el camino a los Escribano.

La fusión baja de precio mientras los Escribano buscan socios

Conscientes del deterioro de las valoraciones en el sector defensa, los hermanos han trasladado que estarían dispuestos a rebajar la valoración de EM&E para la fusión desde los 2.300 millones que pedían hace tres meses hasta unos 1.800 millones de euros. Paralelamente, han iniciado conversaciones con empresas de tamaño similar para comprarlas y ganar músculo productivo, empleando los 200 millones netos que obtuvieron al desinvertir en Indra. Sin embargo, los dueños de algunas de estas compañías se resisten. Durante la etapa en que los Escribano presidían el grupo con el mandato de crear un campeón nacional, forzaron colaboraciones que estrangularon márgenes; ahora esas heridas pesan.

Mientras tanto, la SEPI insiste en que Simón está centrado en cerrar las guerrillas internas —incluido el espionaje que salpicó la etapa anterior— y en mirar hacia fuera. EM&E carece de fábricas suficientes para ejecutar los 7.000 millones en adjudicaciones públicas que se le concedieron cuando los empresarios gozaban del favor de Moncloa, y sin capacidad de producción real los contratos se convierten en un pasivo.

Indra Escribano opa

Simón y Recasens: un nuevo comité de dirección a la vista

El relevo en la cúpula se acelera. La incorporación del nuevo consejero delegado, Josep Maria Recasens, se ha retrasado hasta finales de este mes —coincidiendo con la junta del 30 de junio— para cerrar su salida de Renault. La decisión de sustituir a José Vicente de los Mozos no obedeció a un desencuentro con Defensa: la ministra Margarita Robles ha transmitido personalmente al ya exCEO que el Gobierno le agradecía el esfuerzo, pero que su salida fue una petición expresa de Jordi Hereu, que exigió un directivo de la entera confianza del nuevo presidente. Simón espera a Recasens para dibujar el nuevo comité de dirección, del que saldrán los ejecutivos próximos a Escribano, algunos de los cuales ya han quedado al margen de la preparación del plan estratégico.

La producción lastra al sector y complica la ecuación de la fusión

El pulso accionarial se libra sobre un tablero adverso para el negocio militar europeo. El Stoxx Europe Targeted Defense ha caído un 15 % desde los máximos de enero, cuando Estados Unidos declaró la guerra a Irán, y el referente continental, Rheinmetall, se ha desplomado un 30 % desde septiembre de 2025. La causa no es la falta de demanda sino la incapacidad de trasladar los contratos millonarios a la cuenta de resultados por cuellos de botella en la produción. Morgan Stanley ya ha rebajado su recomendación sobre el sector de «comprar» a «neutral».

Indra no es ajena a esta dinámica. Las adjudicaciones históricas a la compañía y a EM&E se contabilizaron como un activo, pero si no se entregan a tiempo pasarán a ser un lastre. La diferencia con los comparables europeos es abismal: EM&E, un pequeño taller de Alcalá de Henares, no puede equipararse a los gigantes que están sufriendo la parálisis productiva. La prudencia del nuevo equipo gestor, que prefiere crecer con alianzas que aporten fábricas reales, encaja con el diagnóstico del mercado.

Airbus y Thales también han decepcionado al presentar sus primeros resultados trimestrales de 2026, reforzando la tesis de que los múltiplos del sector tienen aún recorrido a la baja. En ese entorno, insistir en una integración con EM&E a una valoración que pocos en el sector considerarían razonable equivale a asumir un riesgo que los accionistas institucionales no están dispuestos a correr sin una prima de control muy dudosa.

📊 Las Claves para el Inversor

  • Qué vigilar: La junta del 30 de junio, donde se espera la incorporación formal de Recasens y las primeras pistas sobre la composición del nuevo comité de dirección, clave para medir el peso real del Escribanismo en la compañía.
  • Reacción del valor: La cotización descuenta ya la incertidumbre por la guerra interna y la debilidad del sector; una señal clara de que la fusión no prosperará podría dar soporte, mientras que cualquier avance de los Escribano elevaría la volatilidad.
  • Precedente sectorial: El desplome de Rheinmetall por problemas de capacidad logística es un espejo para Indra; los accionistas valorarán menos los contratos sobre el papel y más la ejecución real.

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